“José María Millares: retrato en un interior” Por Berbel

Retrato original del poeta (Foto cedida por Susana Millares Betancor)

Presentamos en la Revista Trasdemar una colaboración especial de la autora María del Pino Marrero Berbel, poeta y artista, quien desde Las Palmas de Gran Canaria nos comparte un homenaje a la figura de José María Millares Sall, “Retrato en un interior”.

Es el poeta que sigue oyendo las campanas de su barrio de Vegueta y la chiquillería gritona que corre por las callejuelas, entre renglones callados; que galopa por las dunas de Maspalomas desde sus sábanas nocturnas como hace siglos. El que sentado en su sillón, a la sombra de su único y amado pino, amada, no para de enredarse entre letras retadoras y esperanzas antiguas, rodeado de las fotos que ya grabó para siempre sus pupilas y que comparte con el resto del planeta sencillo y entrañable que lo rodea y lo visita.   

BERBEL

Tiene la cara del tiempo. Su rostro guarda la estructura de los treinta y un mil veinticinco días de una existencia llena de versos. Cada arruga es una línea poética de los sabores de la vida y de la experiencia. No hay nada que borrar, el dibujo es perfecto.

El paso de los siglos te ha arrastrado como a un cuadro a la deriva, sin clemencia para que arribaras a nuestros mares, los mares de nuestros días y que, definitivamente, te establece y te estableces en nuestras manos para seguir leyéndote en cada atardecer.

Hay un poeta escondido entre los trazos de carboncillo sobre ese papel que muestra el dibujo de tu silueta y una montaña de pliegos que invaden tu recuerdo y el  nuestro, que siguen tirando de nosotros bordeándonos los días de la memoria del hombre canario que crea sus versos sacados de la tierra, del mar y de la gente. Amorosando la dignidad con la fortaleza y suavidad de la palabra grande, de sus palabras anchas que respiran apretadas en tantos “cuartos”.

Tu historia, José María, tiene la trama de tu imagen, los ángulos de tu voz, las aristas del silencio y el sonido de las olas incansables de la playa.

Es el poeta que sigue oyendo las campanas de su barrio de Vegueta y la chiquillería gritona que corre por las callejuelas, entre renglones callados; que galopa por las dunas de Maspalomas desde sus sábanas nocturnas como hace siglos. El que sentado en su sillón, a la sombra de su único y amado pino, amada, no para de enredarse entre letras retadoras y esperanzas antiguas, rodeado de las fotos que ya grabó para siempre sus pupilas y que comparte con el resto del planeta sencillo y entrañable que lo rodea y lo visita.   

Hoy paseo por el tacto de tu piel, me detengo en el estudio de las proporciones de tu cabeza, de tu frente, tus ojos, tu nariz, tu boca, tu cuello, tus hombros… busco la línea de los endecasílabos concatenados en el perfil de tus cejas, paladeo el heptasílabo de la caída de las pestañas, la metáfora precisa que se descuelga del rictus de tu boca, las sinestesias de tus mejillas, huelo el aroma de tus palabras de infinitos sinónimos de la vida, arrimo mi hombro al tuyo (que tanto sabe de sol y cruces) y siento hasta la línea de Liverpool rompiendo estas geografías líricas y las alargadas distancias temporales. Sigo y sigo, Paso y seguido, tras la raya de tu perfil. Salgo y entro de tus Cuartos, apenas de puntillas, y descanso en tus Sillas siempre hermosas y tranquilas, hospitalarias y cálidas como aquella mirada limpia que guardas de tu infancia y no ha sabido hacerse vieja.

Tu frente, querido poeta, es el Canto a la tierra, que nunca pudo ser cercado –lo saben tus arrugas, alambradas defensoras de tanta libertad-, donde una Ronda de luces te boceta cualquier anáfora y un Manifiesto de Paz forman tus arterias empeñadas y fuertes contra viento y marea.

La piel tiene sus marcas de Aire y humo y Ritmos alucinantes, como si hicieras tuya la luz del claroscuro de la vida y la muerte con el recuerdo de la niña adorada -de tan sólo diez años que te lee desde el cielo, desde todos los cielos de tu vida-. En las manos del aire que sigue hablándote al oído desde la otra orilla del océano, en donde hace -continúa haciéndote- castillos de arena para ti.

Sí, poeta, Los aromas del humo y Los espacios soñados guardan tu gesto, tu mueca, como Los párpados de la noche que se olvidaron que en tu rostro siempre Blanca es  la sombra del jazmín.

Observo tu expresión cincelada en armonías, me detengo en el contorno del   retrato, en la reproducción, en la semblanza, en el reflejo de lo que es y no eres tú. Te busco por los versos y por cada una de las rimas asonantes, trato de encontrarte en tus Objetos. Dices que Somos y no sé dónde estás en cada una de tus paremias interminables, extensos hilos diminutos de tus alas, alargados acordes de precisiones poéticas. Y estás y estás, estás chapoteando orillas y mareas –como narran tus ojos-, estás jugando y revolcándote con tus hermanos en la Plaza del Pilar Viejo –como cuentan tus manos-, estás en besos infinitos –como sabe tu corazón y el de ella, el de la niña bonita de las violetas, la “tovarich” de tus constelaciones-. Estás en ese Canto abierto sin memoria, sin límites, ni glorias ni suspiros, ni derrotas, ni quejas –como siente tu alma.

Ay, ¿de qué Azotea marina se descolgaron los trazos de tu cara para seguir creyendo en las eternidades? Creer que la lírica es infinita como la palabra y que tu rostro es el carné de identidad de tu poesía.


Nota: He elegido este Retrato en un interior.

De un manojo de conversaciones con José María Millares, podría haber entresacado unos textos muy interesantes y entrañables que guardo como los regalos de la vida. ¡Hemos hablado de tantas cosas que podríamos hacer unas cuantas tesis doctorales del maestro! Por otro lado, como cada vez que he ido a su casa y me invita a sentarme en el sillón de mi querida Pino Betancor (su -‘tovarich’, compañera en ruso, como él la llamaba cariñosamente-), no hemos parado de preguntar por activa y pasiva sobre el bien y el mal, el más allá y el más aquí, sobre la vida y la muerte y el amor,… y la infancia y la juventud, y la familia antigua y su música y sus dibujos, y los hijos, y la cultura, política, sociedad,…¡Tantas cosas!

Podría haberme decantado por una entrevista en toda regla (él se merece más de una y por personas mil veces mejor que yo), pero lo dejo para que ustedes lo deseen, como yo deseo ver editadas sus obras completas y sentarme en cualquier rincón de Vegueta por donde José María de chiquitillo haya correteado mientras yo, ausente,  pueda leerme su biografía. Esa que alguna vez agradecería que él mismo la escribiera.


María del Pino Marrero Berbel, conocida artísticamente como Berbel es una poeta, narradora, pintora, ilustradora y fotógrafa española. Ha sido miembro de la revista “La Plazuela las Letras” y es colaboradora de la Sala Canaria de la Biblioteca Nacional de la Habana (Cuba). Entre su larga trayectoria literaria se encuentrasn las obras: Apoemas del Alba Escarlata. (1984). Akras. (1982). Aziratum (1985). Cachos. (1999). La Grecia que hay en mí. (Premio “Tomás Morales” (1999), Reincidencias (2000), Ojos de Lienzo (2002). Los días quebrados (2003), Las mil y una. (Premio Internacional. 2005), Ínsulas encantadas, (2005), Código de Barras (2006), Mujeres de Palabra (2006). Los desiertos extraños (2006). Rojo sobre negro (2007). Relatos de biblioteca (2007). Mein Lesbisches Auge 6. Konkursbuch. Germany. (2007). Que suenen las olas (2007). Meridiart (2008) y Casa de la Cultura de La Isleta (2008). Los relatos del taller (2008). Antología de microrrelatos (2008). Los caminos del agua (2008). Voluntad y Palabra (2009), Poetas Canarios en Buenos Aires (2009), Antología de microrrelato y relato corto (2008), Los mundos de la minificción (2009) y El ojo narrativo (2009). Ha sido antologada en: Poesía en Canarias en viva voz. La voz de los poetas (1998 – 2002), Ilimitada voz. Antología de Poetas Españolas, (1940-2002), Escritoras Canarias del Siglo XX, Desde su ventana, Antología de Poetas Canarias del siglo XX y Acantilado y Silencio .

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