
Presentamos en la Revista Trasdemar la colaboración del poeta y músico Fermín Higuera (Tenerife, 1961) a quien damos la bienvenida a nuestra revista. Compartimos en primicia el ensayo “Islas contra los alisios“, que el autor presentó el pasado mes de marzo de 2026 en las jornadas celebradas en el Instituto Cervantes de Cracovia por el Día Mundial de la Poesía, con la presencia de los poetas canarios Cecilia Domínguez Luis y Fermín Higuera. Ambos autores estuvieron en Polonia para realizar una lectura poética con traducción realizada por el colectivo de traductores “Anonimowi literaturożercy”, en un un evento cultural que contó con la colaboración del Departamento de Filología Hispánica de la Universidad Jaguelónica de Cracovia.

En estas coordenadas del Atlántico, las islas y la poesía, son edificios verticales que surgen de lo profundo y hacen posible el agua para la vida humana; las islas, con sus monumentales edificios basálticos, captan la humedad de los vientos y los poemas acrisolan lo autóctono y lo forastero, las migraciones humanas, que tienen el mismo sino que los alisios, los vientos que provienen del Mar Mediterráneo y Europa y los contralisios, los que soplan de Suroeste al Noreste, desde África y América, contribuyendo a una cultura eminentemente criolla.
FERMÍN HIGUERA
ISLAS CONTRA LOS ALISIOS
Las Islas Canarias, desde un punto de vista geológico, con la salvedad de Fuerteventura, en la que también afloran gabros -rocas plutonianas, más antiguas que el granito-, son edificios volcánicos que han emergido desde la base del océano atlántico. Están en las coordenadas del suroeste africano, en la misma longitud del Sahara y, por ello, también debieran ser desérticas. Pero como son altas (y algunas mucho en relación a su superficie), cuando alcanzan más de setecientos metros de altitud, retienen y captan la humedad de los alisios, porque a partir de los cuatrocientos metros, tropiezan con el obstáculo pétreo, las nubes que llevan los vientos que allí soplan de nordeste a suroeste. Estas islas pueden ser entendidas como redes, situadas estratégicamente, para cazar vientos y nubes. Su cara norte son cepos que consiguen las aguas de sus ríos, hoy en día desaparecidos casi en su totalidad, y sus acuíferos subterráneos.
Con la conquista de Tenerife en 1496 comienzan a formar parte de la Corona de Castilla y, en 1833, a partir del S.XIX, pasan a ser provincias de España. Estas islas supusieron un logro previo al descubrimiento de América y, por ello, fueron respetadas en el Tratado de Tordesillas (1494), haciendo posible el mejor de los caminos hacia el Oeste, porque aprovechaba la corriente del Golfo de México en ambos sentidos del camino. Por ello se puede decir que las Islas Canarias fueron atalayas previas al abismo, último puerto de occidente en el camino a las Indias y, en la avenida de ida y vuelta de la ruta oceánica, la primera tierra avistada al regreso. El espacio de Las Islas Canarias expresa a la perfección la partida y el retorno de la gran aventura americana. Toda su cultura resulta de esa encrucijada entre su ser prehispánico, la potencia telúrica de sus edificios volcánicos y los caminos de ida y vuelta de Europa a América.
Así pues, la cultura occidental y su poesía también alcanzó a este archipiélago en un movimiento del noroeste al sudoeste, como los alisios. Llegó de la Península Ibérica y, a su través, sus raíces mediterráneas y las resonancias del occidente europeo. España, después de culminar la conquista, impuso la religión, el idioma, su política y la visión del mundo sobre la totalidad de las islas, tanto las conquistadas por financiación real (islas de realengo: Gran, Canaria, la Palma y Tenerife), como por financiación particular (islas de señorío: Fuerteventura, Lanzarote, el Hierro y la Gomera). Comenzó a conformarse una nueva sociedad, entre el dato fehaciente y el mito y sobre la borrosa memoria de los aborígenes (que fueron absorbidos y aculturizados), de los que se conservan numerosísimos restos arqueológicos, pero de cuyo idioma solo nos han llegado palabras y algunas frases; un complejo cultural neolítico que se condenó y que pervive en el subconsciente cultural de los canarios. De esta manera, si la geología de las Islas Canarias es volcánica, su pasado aborigen (uno de los fundamentos de su hibridación y conformación cultural) también lo es o fue condenado a serlo, porque fue sofocado y reprimido, tapado y cegado a la espera de la erupción que obligue a reconocerlo.
Un año antes de concluirse la conquista la conquista, en 1497 y en la ciudad de Las Palmas, comenzó la construcción de su catedral, la empresa cultural más importante de las Islas Canarias, durante los S. XV, XVI y XVII. Su levantamiento atrajo arquitectos, albañiles, escultores, pintores, carpinteros, músicos y un sin fin de artesanos. A la sombra de este templo enorme se agrupará una sociedad nueva, resultante del cruce entre los aborígenes y los conquistadores. Pero con arreglo a la poesía, bastante antes, en 1447, aparece la primera obra maestra de la poesía canaria, las Endechas a la muerte de Guillén Peraza, que nos llegan a través de la tradición oral de La Palma. Obra que sintoniza con Las coplas por la muerte de su padre (1476) de Jorge Manrique y que, curiosamente, canta la muerte de un conquistador y no de un héroe autóctono, como podría ser la de Tanausú, el último rey aborigen de La Palma, que fue engañado y deportado a la Península Ibérica en 1493. Estas endechas se lamentan de la muerte de un conquistador, pero fueron asumidas por la colectividad de los palmeros. Así el dolor por la muerte del enemigo es aceptado, unánimemente, e incorporado como expresión por todos los de esa isla. Este breve poema de doce decasílabos, sintoniza con el subconsciente de la época (como también lo hizo Jorge Manrique con su monumental elegía), en la que abundaron las guerras y era común reflexionar sobre la fugacidad de la vida. Pero esa brevedad del poema de La Palma resulta actualísima por su minimalismo y su fulguración lírica.
Durante los S. XVI y XVII, Cairasco de Figueroa y Antonio de Viana, respectivamente, sintonizan e incluyen la Poesía Canaria en el Siglo de Oro español. A Cairasco se le asoció, inequívocamente, en su época al cultivo del verso esdrújulo, que imitaron sus coetáneos (Cervantes, Góngora, Lope de Vega, Antonio de Viana etc) y cuya moda pasó a América (Sor Juana Inés de la Cruz también tanteó este verso) y, a Antonio de Viana que, con Antigüedades de las Islas Canarias (1604) escribe la única obra épica que representa todo el paisaje, espíritu y leyenda heroica de una región de habla castellana en los albores del S. XVII. No sólo es “fuente para entender a nuestros guanches(1), nuestros paisajes, nuestra historia, nuestra literatura y nuestros símbolos”, según dijo María Rosa Alonso, sino precursor de la búsqueda identitaria de la región al completo.
En el S. XVIII, la ilustración europea no solo alcanzó y resonó en las élites isleñas, sino que las convirtió en un núcleo importante de la intelectualidad española. De la tertulia de Nava, en La laguna, salieron escritores y científicos importantes: Agustín de Betancourt (1758-1824) será considerado el fundador de la escuela de ingeniería moderna rusa. José Viera y Clavijo (1731-1813), historiador, biólogo, naturalista, escritor que abordó todos los géneros, novela, ensayo, poesía y teatro, por sí solo podría llenar el capítulo del relato de la literatura del S.XVIII en Canarias. Pero es en su obra Noticias de la historia de las Islas de Canaria, la primera historia de las Islas Canarias, donde no sólo ordena los datos y fechas comprobadas sino, lo que nos resulta aún más interesante, las fuentes míticas y el pasado aborigen, resolviendo así la represión de ambos aspectos e instaurando un precedente en el modo de abordar las historia de las Islas Canarias y hasta de armonizar estos aspectos en el entendimiento de su cultura.
Aunque en 1701 ya se había fundado La Universidad de La Laguna y en 1788 el Jardín Botánico de la Orotava (la primera empresa científica canaria), no fue hasta 1845, cuando se fundará el Instituto de Canarias en La Laguna. Mas no vamos a seguir haciendo un recorrido por la cultura y la poesía de las Islas Canarias, sólo intentaremos entregar una imagen introductora y una pequeña antología. La Poesía Canaria también es consecuencia de los complejos prehispánicos y sus borrosas fuentes míticas. La poesía, lo mismo que la lava no puede ser reprimida ni sofocada y brota por los cráteres de los volcanes, acaba por expresar, como una sombra reivindicadora, los sentimientos. En estas coordenadas del Atlántico, las islas y la poesía, son edificios verticales que surgen de lo profundo y hacen posible el agua para la vida humana; las islas, con sus monumentales edificios basálticos, captan la humedad de los vientos y los poemas acrisolan lo autóctono y lo forastero, las migraciones humanas, que tienen el mismo sino que los alisios, los vientos que provienen del Mar Mediterráneo y Europa y los contralisios, los que soplan de Suroeste al Noreste, desde África y América, contribuyendo a una cultura eminentemente criolla. Ese criollismo, no contemplado siquiera por el centralismo de la monarquía española y sus gobiernos sucesivos, también ha sido otro elemento plutónico, que ha reprimido la sana expresión de la Sociedad Canaria y su Cultura, lo mismo que a la lava.
A través de la generosa invitación de Beatriz Hernanz Angulo, directora del Instituto Cervantes de Cracovia, ciudad donde reside a Universidad Jaguelónica, la más importante de Polonia y una de las más antiguas de Europa, esperamos presentar a los lectores polacos algo de la ya larga tradición poética de las Islas Canarias; siete poetas vivos, de distintas generaciones actuales, y subsanar el desconocimiento de la misma, que expresan la increíble vitalidad literaria del español en estas islas.
- Guanches: nombre de los aborígenes de la isla de Tenerife, con el que se denominó, por extensión, al de todas las demás islas.
Fermín Higuera (Tenerife, 1961) Escritor y músico. En 1980 publicó su primer libro de poemas, La carne de las hojas, que fue prologado por la gran ensayista María Belén Castro y mereció la última presentación en vida de Pedro García Cabrera. Luego vendrían El idilio de los ausentes (1991), Querella del Dolor (1994), El hijo del ir (1996), la antología Bisagras en la hoguera (2002) -con un extenso estudio también de María Belén Castro, convirtiendo a nuestro autor en el único poeta y escritor canario al que le dedicó su atención en vida- y, por último, Sangre al cielo, libro que reúne su producción epigramática, haikus, poemas cortos y collages, con el que cierra lo que él considera su primera etapa productiva. A partir del 2007, con Roto está el cordón de plata comienza su segunda etapa, caracterizada por arrojo testimonial y la búsqueda de metáforas que entonen la totalidad de cada una de sus obras.
Luego vendrían Religare (2010) y Sinfonía de la sombra blanca (2013), libro en prosa de difícil clasificación, que unos consideran una novela, otros una guía mágica y algunos un libro de ensayos escrito con un método poético.
Entre sus libros de poemas figuran títulos como:
La carne de las hojas (Editorial Benchomo, Tenerife 1980)
El idilio de los ausentes (Ediciones de El Cabildo, Tenerife 1990)
Querella del dolor (Ediciones La Palma, Madrid 1994)
Verba volant (Jábega, Madrid 1995)
El hijo del ir (Ediciones Huerga-Fierro, Madrid 1996)
Bisagras en la hoguera (Ediciones Baile del Sol,Tenerife 2002)
Sangre al cielo (Ediciones Baile del Sol, Tenerife 2003)
Ha publicado los siguientes ensayos:
El calor de la ausencia (1990)
La fabulación de la existencia (1990)
La literatura oral en el camino hacia el despojamiento (1995)
El verso en blanco (1995)
El ejercicio de la mirada (1996)
Luz y sombra en Joaquín Rodrigo (1997)
la técnica hacia la comunicación (2000)
La obra para piano solo de Joaquín Rodrigo (2001)
Hacia una materialización de la comunicación y la trascendencia (2003)
Lo musical en María Zambrano (2004)
Lo que dice el aire (2005)
*Biografía consultada y reproducida de Ediciones La Palma y Baile del Sol



