“Poesía y verdad comunes” Por José Orive

En la Revista Trasdemar presentamos la serie de colaboraciones especiales en homenaje a Andrés Sánchez Robayna
Andrés Sánchez Robayna, 2020 / Cortesía Daniel Mordzinski

Presentamos en la Revista Trasdemar la serie de colaboraciones especiales en homenaje a Andrés Sánchez Robayna (1952-2025), el poeta y periodista José Orive desde Gran Canaria comparte el texto “Poesía y verdad comunes“, dedicado al profesor de la Universidad de La Laguna que dirigió la Revista “Syntaxis“. La serie de homenaje está ilustrada con la fotografía de la serie dedicada a Andrés Sánchez Robayna, en el Festival Hispanoamericano de Escritores de La Palma, cortesía de Daniel Mordzinski

Su primera obra Tiempo de Efigies, una especie de plaquette con la que se inauguraba la colección “El ancla en la ribera”, dirigida por el bibliógrafo Manuel Hernández Suárez. Fue su primera publicación, y la primera que yo tuve dedicada por un autor: “poesía y verdad comunes”, me anotó Andrés Sánchez Robayna en tinta roja en una de sus primeras páginas

JOSÉ ORIVE
Dedicatoria de ASR / Cortesía de José Orive

Conocí a Andrés Sánchez Robayna a finales de los 60 del pasado siglo. Formábamos parte de aquella juventud inconformista que recibía entre tantas cosas, el embate del “mayo francés” y sobre todo, el de aquella guerra incomprensible de Vietnam, que movilizó por todo el mundo en su contra a tanta gente. Y también, reaccionábamos, como muchos, contra el entorno más cercano, porque nos tocó vivir y apencar con el último tramo del franquismo, casi igual de represor que el primero. Formábamos un grupo de jóvenes inquietos, por la poesía y todo lo que se moviese a contracorriente. El desaparecido Bar Jiménez de la plaza de San Bernardo en Las Palmas de Gran Canaria, era un lugar grato para cualquier reunión que se terciase, literaria o no, y nosotros, faltos de espacios para la ocasión, lo llegamos a convertir también en lugar de creación militante e intercambio de ideas.

Cuando algunos de nosotros, como Agustín Millares Cantero y José Miguel Junco Ezquerra nos fuimos a estudiar a La Laguna, seguimos con el empeño poético que habíamos iniciado en Gran Canaria, hasta el punto de llevar a cabo un recital colectivo de presentación con otros compañeros en la Universidad. Eso fue en abril de 1970. Y en agosto, Andrés Sánchez Robayna, con solo 17 años, nos adelantaba publicando en la imprenta Lezcano —sí, la que tenía el admirado poeta Pedro Lezcano en Las Palmas en la calle del poeta Tomás Morales—  su primera obra Tiempo de Efigies, una especie de plaquette con la que se inauguraba la colección “El ancla en la ribera”, dirigida por el bibliógrafo Manuel Hernández Suárez. Fue su primera publicación, y la primera que yo tuve dedicada por un autor: “poesía y verdad comunes”, me anotó Andrés Sánchez Robayna en tinta roja en una de sus primeras páginas. Aunque por esa época lo que uno y otro escribía, no convergían mucho en estilo y contenido, capté en esa dedicatoria un gesto solidario y generoso de amistad y consciencia de combatir en la misma trinchera. Y respecto a Tiempo de Efigies, su ópera prima se convertiría en tema recurrente sobre el que trabajó más de una vez, y reeditó también con el título de Día de aíre.

De esos primeros años, aprendí mucho de Andrés Sánchez Robayna, siempre dispuesto, con una perenne sonrisa, a compartir desinteresadamente y con entusiasmo sus descubrimientos, fuera la existencia de un desconocido entonces Constantino Cavafis que daba a conocer en las islas Lázaro Santana, o poetas catalanes que él mismo traducía, como el Salvador Espriu de la Pell de Brau, o el omnipresente Joan Brossa. Pero, incluso, esa sonrisa de satisfacción también afloraba al comentar músicas comunes, cuando me ilustraba diseccionando gráficamente los arreglos musicales que unos jóvenes neoyorquinos, que acababan de darse a conocer como Simon & Garfunkel, habían hecho de un The boxer, que tanto le gustaba. Hacía vivir y entender la canción con sus explicaciones. Creo que sin las aportaciones novedosas de Andrés Sánchez Robayna —los Cantos de Maldoror del conde de Lautremont, por ejemplo— no hubiera llegado yo tan pronto al surrealismo de André Breton, ni tampoco a la curiosidad por la generación beatnik de Kerouac y Ginsberg, ni releyera, luego, con otros ojos a Alonso Quesada. Su generosidad se extendía a no cortarse en alabarme un poema que me había publicado la revista argentina Cormorán y Delfín, e incluso, a invitarme a compartir lectura poética en La laguna a finales de ese fructífero 1970. 

Sin embargo, con el tiempo, nuestros caminos fueron divergiendo y el contacto personal perdiéndose. Él, yendo a Barcelona, yo, quedándome en La Laguna; él, regresando luego a Tenerife, al tiempo que yo lo hacía a Gran Canaria; él, centrándose en la enseñanza universitaria y yo en el periodismo; él en la poesía y el ensayo, yo en el teatro, optando por cierta “clandestinidad” lírica al término  de los 80.  Aunque solía seguir a trasmano su trayectoria poética, nos distanciamos físicamente a partir de entonces, hasta el punto de que, creo recordar, solo llegamos  a coincidir una vez más en un ferry entre las islas en el que le acompañaba su mujer Marta Ouviña Navarro. Tuve la fortuna de conocerla en La Laguna  participando ambos en un espectáculo escénico que había montado Sabas Martín con su largo poema Oratorio menor de la Esperanza. Luego ella se iría a culminar estudios a Barcelona donde conoció a Andrés Sánchez Robayna. Cuando regresaron a La Laguna, ella emprendería una reconocida labor bibliográfica en la biblioteca de la Universidad, truncada con su fallecimiento en 2015. Andrés Sánchez Robayna le dedicaría, cuatro años después, a las puertas del Covid-19, de la manera que él perfectamente sabía hacer, Por el gran mar, un recuerdo sensorial sobre el ser querido ausente. 

Durante la pandemia, periodo para mí de profunda reflexión sobre el devenir vital, empecé a plantearme salir de la “clandestinidad poética” y dar a luz parte del material hibernado tanto tiempo. Empezaba a sentir la necesidad de publicar, y en ese sentido, igualmente la de conectar de nuevo con Andrés Sánchez Robayna, como estaba haciendo con otros compañeros de generación. Me apetecía, que después del tiempo transcurrido, nos viéramos de nuevo, confrontáramos ideas y opiniones, escucharle, en definitiva, para seguir descubriendo cosas, y saber si efectivamente se mantenía viva aquella “poesía y verdad comunes” estampada de su puño y letra en la primera edición de Tiempo de Efigies.  Intenté localizarlo el pasado año para la presentación en La Laguna de  mi poemario “En la Cúpula del Aire”. No fue posible. Los avatares de las presentaciones públicas de libros, no jugaron a favor,  dejando pendiente un reencuentro necesario.

Portada del libro / Cortesía de José Orive

José Orive (Las Palmas de Gran Canaria, 1950)  es Licenciado en Filosofía y Letras, especialidad de Geografía-Historia por la Universidad de La Laguna. Ha compartido su vida profesional entre el periodismo y la gestión cultural. Como periodista ha sido colaborador desde 1970 en distintos periódicos de las islas, fundamentalmente la Provincia-Diario de Las Palmas y Canarias7, así como en revistas especializadas de las islas y de la península. Se inició en Radio Popular de Tenerife como realizador, redactor y locutor del programa universitario Palestra (La Laguna, 1970-1) para posteriormente ser requerido por Radio Popular de Las Palmas (COPE) como responsable de la puesta en marcha y de la realización de programas musicales de la Frecuencia Modelada (1973-5), y luego como redactor y locutor de informativos y realizador-presentador de programas culturales, musicales y de opinión en la Onda Media de dicha emisora (1976-1984). También ha colaborado puntualmente en varias emisoras de radio y en televisión, en el ámbito de la cultura en general, especialmente en el campo del teatro y de la música. Actualmente, desde 2019 colabora en radio Guiniguada, onda libre y comunitaria de Las Palmas de Gran Canaria. Igualmente ha desarrollado labor periodística en gabinetes de prensa en eventos de proyección como el Festival Internacional Canarias Jazz & Más Heineken, promoción discográfica de artistas y en la gala de entrega de los Premios Max de las artes Escénicas de la SGAE en el Teatro Cuyás (2009) Como técnico de gestión trabajó para el gobierno de Canarias en SOCAEM –actualmente Instituto Canario de Desarrollo Cultural– en el Área de Artes Escénicas entre 1985 y 2006, desempeñando distintas responsabilidades.

Ha participado con ponencias y debates en Encuentros y Festivales, Mesas Redondas y Jornadas, interviniendo en el I Congreso de Cultura de Canarias (La Laguna, 1986), o el I Congreso de Teatro de Canarias (La Laguna, 1997). En 2002, le fue encargado por el Ministerio de Fomento el informe para la rehabilitación del teatro Pérez Galdós de
Las Palmas de Gran Canaria. Ha sido autor del prólogo del libro de José Manuel Abreu “La canción en Canarias. Diez años de canción. 1968- 1978”, (Centro de la Cultura Popular Canaria, 1988), participando junto a otros autores en la publicación “La canción
popular y su difusión. Apuntes sobre canción popular” (Cabildo de Gran Canaria, 1991) y en la de José María Suárez, “Teclados Fritos, aventuras y desventuras de una banda de Rock and Roll” (2009).


En el terreno del teatro es donde más ha incidido su presencia tanto como actor, director, autor, gestor e investigador, desde los inicios del teatro independiente en Canarias. Es autor del libro “El Cuyás. Memoria de un espacio escénico singular”, editado por el Cabildo de Gran Canaria (2010) estrenando ese mismo año, como lectura dramatizada a cargo de alumnos de la Escuela de Actores de Canarias, el texto teatral “El Andén”. Igualmente ha publicado el microrrelato “En alas de un libro” (Diversidad Literaria, Madrid, 2018).

En cuanto a poesía, actividad en la que se inició en la escritura, se presentó colectivamente en el Aula Magna de la Universidad de La Laguna en abril de 1970 junto a otros jóvenes poetas de las islas como Carlos Pinto Trujillo, Luis León Barreto, Raúl Marcos Ruíz, Agustín Millares Cantero, José Miguel Junco y Andrés Doreste Zamora. En ese mismo año fue seleccionado para publicar en la revista de Buenos Aires Cormorán y Delfín dirigida por el poeta argentino Ariel Canzani. A raíz de aquel recital colectivo en La Laguna, y varios otros más, fue invitado a participar en el I Congreso de Poesía de Canarias de 1976 con lectura de obra y en actos colectivos de solidaridad en Santa Cruz de Tenerife (1977) y Las Palmas de Gran Canaria (1978), fecha de su último recital público hasta la presentación de En la
Cúpula del Aire el pasado 1 de marzo en la biblioteca pública del Estado en Las Palmas de Gran Canaria. Tiene publicado entre 1970-1981 diversos poemas en distintos periódicos de Las Palmas de Gran Canaria y de Santa Cruz de Tenerife


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