“Episodios nacionales de Yanquilandia, Segunda serie (De Green Go)” Por John Sinnigen

En la Revista Trasdemar difundimos la creación literaria contemporánea en español

Desde la Revista Trasdemar presentamos la nueva colaboración del Dr. John Sinnigen, profesor emérito de español y de comunicación intercultural de la Universidad de Maryland, Estados Unidos. Autor de reconocida trayectoria por su labor investigadora en torno a la figura de Benito Pérez Galdós, fue galardonado con la distinción “Galdosiano de Honor (2022)” en Las Palmas de Gran Canaria. Es autor de libros de referencia sobre la recepción de Galdós en México, como los títulos “Benito Pérez Galdós en el cine mexicano. Literatura y cine“, “Sexo y política. Lecturas galdosianas” o “Benito Pérez Galdós en la prensa mexicana de su tiempo“.

Compartimos en Trasdemar las nuevas entregas de la segunda serie de cuentos “Episodios nacionales de Yanquilandia“, con motivo de la actualidad en la Casa Blanca, todas ellas como colaboración en primicia del reconocido pseudónimo “De Green Go” en nuestra sección “Telémaco” de literatura contemporánea en español

Sabido es que Green Go es un pobre imitador del gran Benito Pérez Galdós. En sus cinco series de Episodios nacionales Galdós noveló la historia del siglo XIX español desde la Guerra de la Independencia (1808-1814) hasta la Restauración borbónica en 1875. Cada serie cubrió una etapa de ese período, contenía personajes históricos y ficticios y era narrada por la voz de un personaje.

            Así Green Go. La primera serie de sus Episodios nacionales cubrió la grotesca campaña electoral presidencial de 2024 e incluyó figuras históricas y ficticias. Las voces de los personajes  Harry Bolton y Sobrina narraron la intrahistoria de los grandes sucesos.

Segunda serie inspirada en la esperpéntica presidencia de Jesús Naranja

Deleitar informando

John Sinnigen /Galdosianos de honor

            Terminada la elección, pasamos a la segunda serie, sobre la presidencia de Jesús Naranja (JN). Se destaca la voz de Rigoberta, una joven inmigrante guatemalteca, pupila de Green Go. Ella y su familia viven en medio del grupo más precario en estas nuevas circunstancias, los migrantes latinos, tan hostigados por el presidente xenófobo. Ellos sienten en piel propia el terror que él propaga.

Benito Pérez Galdós: Primera Serie. Guerra de Independencia

                                                  Segunda Serie. Reino de Fernando VII

Green Go: Primera Serie. Elecciones de 2024

                         Segunda Serie. Presidencia de Jesús Naranja

América mexicana

–Oye, Rigoberta, ¿Qué es eso, que Jesús Naranja quiere imponerle al Golfo de México el nombre Golfo de América?

–Pues sí, Frida, así como suena, Golfo de América. Me parece el colmo. Para él la única América es su país. Cree que por ser los más poderosos, ellos se pueden apropiar el nombre de todo el territorio que va desde Alaska hasta Tierra del Fuego.  

–Es cierto. Desde la infame Doctrina de Monroe de 1823, los más poderosos han declarado que América es solo para los americanos. Con eso querían decir que para los capitalistas estadounidenses. La expansión territorial ha sido fundamental para su crecimiento económico y han tratado todo lo que está al sur de la frontera como su patio de atrás.

Afortunadamente, muchos jóvenes de nuestra generación no piensan así. Ellos saben que todos somos americanos y nos tratan con respeto.

–Cuando vine con mi madre de Guatemala a los cinco años pasamos varios días en el viaje. Aunque no tengo claros muchos detalles, mi mamá me ha contado la historia varias veces. Vinimos para juntarnos con mi padre. Él vino antes y envió dinero para nosotras. Amá se sentía orgullosa, que su marido la necesitaba, y creía que todo iba a salir bien. Partimos de Antigua, donde vivían unos tíos. Recuerdo bien el paso a México porque cruzamos el río en una balsa. ¡Fue divertido! Yo estaba encantada.

Hicimos el viaje con unos primos y otras personas desconocidas. Después de cruzar ese río, el Suchiate, en México viajamos principalmente en autobús, aunque también tuvimos que caminar. Mi madre me dijo que tardamos seis días para llegar a la frontera norte. Me aseguró que nuestro camino fue relativamente fácil debido al dinero que había enviado papá. Por fortuna no tuvimos encuentros con maleantes. Otros han tenido menos suerte, y hoy día el viaje es mucho más peligroso y caro.

Por fin llegamos al otro río, emocionadas las dos porque sabíamos que apá nos esperaba cerca. El río no era profundo, y nos pusimos a vadearlo. Recuerdo que era una noche oscura y tormentosa. Tenía mucho miedo y me agarré a mamá. De repente la corriente me desprendió de sus brazos. Un hombre me tomó y me llevó en hombros para terminar de cruzar. Me salvó la vida. Tengo ese momento muy claro. Aparece en muchos de mis sueños, y me despierto temblando.

Solo años después aprendí que ese río tiene dos nombres: Río Bravo para los mexicanos, Río Grande para los estadounidenses. Así de significativas son las diferencias entre los dos puntos de vista. Ni siquiera se ponen de acuerdo sobre el nombre del río que los separa. De hecho, el mundo se ve de otra manera según el lado desde el que se mire.

Los yanquis son vampiros, unos insaciables bebedores de sangre ajena, y la codicia ha sido una constante a través de su historia. Cuando les ha dado la gana, han invadido los países al sur para tomar lo que creen debe ser suyo. Tal como dijo el presidente Taft en 1912: “The day is not far distant when three Stars and Stripes at three equidistant points will mark our territory: one at the North Pole, another at the Panama Canal, and the third at the South Pole. The whole hemisphere will be ours in fact as, by virtue of our superiority of race, it already is ours morally”. De tal manera hablaba Taft, de la misma manera habla JN, y de ese modo piensan sus seguidores. Su deseada posesión de todo el hemisferio procede de una creencia en su supuesta superioridad moral, la que se deriva del color de su piel. Así desde la llegada de los primeros europeos a sus costas. Malditos blancos de mierda. Como digo, son vampiros.

–Desde luego. Mira el caso del país de mis padres, México. En 1846 EE. UU. inició una guerra y robaron la mitad de su territorio. ¡Lo llamaban el Destino Manifiesto! O sea, que la “Providencia”, el Dios blanco y cristiano que también creen suyo, está de su parte. Es su “destino” poseer, mandar y explotar.

–Ay, sí, Frida. En la clase de inglés aprendimos que Walt Whitman era el gran poeta de aquella época y estudiamos su Leaves of Grass detenidamente. Es una oda a la libertad, la democracia y la igualdad, la gloria de su nación.

I celebrate myself, and sing myself,

And what I assume you shall assume,

For every atom belonging to me as good belongs to you.

El poeta se celebra a sí mismo y a sus lectores, otros yanquis como él, que comparten todo lo bueno, pero solo ellos lo tienen. Presenta una visión afirmativa del desarrollo de Estados Unidos y se olvida de la sangre ajena que costó ese desarrollo, como la de los indios y los esclavos negros.

            Pues esa visión positiva le llevó a Whitman a una visión maniquea y mesiánica de su papel en el mundo. Por tanto, ese gran poeta, cuáquero por más señas, apoyó la guerra contra México con explicaciones basadas en la supremacía de los blancos sobre los indios y mestizos al sur.

–La guerra fue promovida por los estados del sur que con ella buscaban la expansión del esclavismo. En cambio, los estados del norte tomaban una postura en contra precisamente por el mismo motivo; a ellos les interesaba contener el esclavismo porque su economía necesitaba trabajadores libres. El futuro presidente de aquel entonces, Abraham Lincoln, rechazó la guerra rotundamente. Además de esclavista, la llamó inmoral y argumentó que representaba una amenaza a los valores republicanos.

–Vaya, las cosas no varían. Son los racistas actuales los que atacan a los inmigrantes latinos. Nosotros nos tenemos que organizar para proteger los derechos y las vidas de nuestras familias y amistades contra sus continuas agresiones.

–Jesús Naranja ha expresado desde hace años un desdén hacia México. Antes hablaba del hermoso gran muro que iba a construir él mismo con el fin de parar a los inmigrantes en esa frontera que tú cruzaste, querida Rigoberta, muro que México iba a pagar. Ahora no ha dejado de amenazar con aranceles y esto del cambio de nombre del Golfo. A Estados Unidos le encanta meterse militar y políticamente en otros países para enriquecerse. México, en cambio, se ha opuesto a tales medidas porque ha vivido en carne propia las consecuencias de las muchas injerencias sufridas a manos de su difícil vecino del norte.

–También intervino en mi país, Guatemala. En 1954 la CIA organizó un golpe de estado contra el gobierno constitucionalmente elegido de Jacobo Árbenz. Después Guatemala tuvo que aguantar una dictadura militar durante más de treinta años. Yo llevo el nombre de una luchadora indígena contra esa dictadura, Rigoberta Menchú, admirada por mi madre, premio Nobel de la Paz en 1992.

Aunque yo soy ladina, desde pequeña la he visto como una mujer ejemplar. Quiero ser como ella. Quiero pelear por los derechos de los nuestros, los inmigrantes condenados por Jesús Naranja. Tengo presente el recuerdo de ese generosos desconocido que me echó en hombros para atravesar el río. Él me regaló la vida y un ejemplo a seguir.

–Y yo llevo el nombre de otra luchadora, la gran artista Frida Kahlo, venerada por mi madre. Desde pequeña hemos visto sus cuadros en libros y carteles. Uno que siempre me ha fascinado es el Autorretrato en la frontera, pintado cuando ella y su marido Diego Rivera se encontraban en Estados Unidos. En él Frida pone de manifiesto una añoranza de su país natal.

Frida se jactaba de su mexicanidad. Aquí se ve en las imágenes a la izquierda, la pirámide, el sol azteca, las estatuas y la banderita que lleva en la mano. Al otro lado las imágenes son de Estados Unidos: maquinas, fábricas, contaminación del aire y la bandera. En la frontera. Nosotras somos como ella. Aunque vivimos en el territorio de Estados Unidos, nuestras raíces y almas están al otro lado de la frontera, en Guatemala y México.

Además de pintora, Frida fue una comunista que participó al lado de Diego en actos contra el imperialismo como la gran manifestación en la Ciudad de México que condenó el golpe de estado en Guatemala en 1954. A pesar de su mala salud y la prohibición de su médico, insistió en participar en la silla de ruedas con su pancarta por la paz y un puño en alto. Falleció once días después.

Las dos tenemos el activismo en el ADN y en los nombres. Ahora es el momento de que florezca.

–Otra que no acepta ser humillada ante la arrogancia imperial es la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. En su réplica a Jesús Naranja presentó este mapa de 1607, mucho antes de la existencia de México y Estados Unidos como naciones.

América mexicana, suena bonito, ¿no? Ella, la primera presidenta en América del norte desafió así al machista de marras.

Sonó el timbrazo de las trompetas del himno nacional de Guatemala.

–Esperá, Frida. Es mi amá.

Se empalideció Rigoberta, rompió en llanto. –¡Qué! ¡No puede ser! ¿Cómo fue? Sí. Sí. Este. Pues. Bueno, ahora voy con ustedes.

            ¡Qué barbaridad! ICE apresó a mi apá. El no tiene papeles y sí antecedentes policiales. Con las masivas deportaciones que promete Jesús Naranja, él podría ser expulsado, tal vez torturado, aunque tiene su familia aquí y hace más de veinte años que no pisa tierra chapina. Además, sufre de asma.

Frida la abraza—Pobre Rigoberta, te apapacho. Es horrible. Creo que debemos consultar con Green Go, nuestro tutor. Él sabe de abogados. Hagamos un zoom con él.

–Hola muchachas. Qué gusto me da verlas. He estado pensando mucho en ustedes y sus familias en estos terribles momentos.

–Ay, profesor, no lo sabe usted bien. ICE ha detenido a mi padre.—Gime y llora copiosamente.

–Calma, Rigoberta. Me lo temía. ¿Cómo fue?

–Hoy mismo. Como sabe, él y mi madre van siempre a misa en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, la principal parroquia de los hispanos en Baltimore.

ICE llegó a la salida. Según mamá, tenían su nombre en una lista y se lo llevaron con otras personas, mayores, ishtos, una mujer embarazada, a no se sabe dónde.

–Es que son bestias. Bueno, en Baltimore hay dos líneas de defensa, El Centro Esperanza y Casa. El Centro Esperanza es de las Caridades Católicas, una organización de la Iglesia Católica a nivel nacional.

Casa es una entidad civil fundada por inmigrantes centroamericanos.

Conozco a abogados que trabajan para ambas. Vamos a ver qué dicen. Déjenme una hora. Rigoberta, ve tú con tu familia, que te necesitan tu madre y hermanos. Averigua todo lo que puedas. Yo las llamo.

–Lo tenemos jodido, todos lo tenemos jodido. Este JN es un fascista y usa a los inmigrantes como su chivo expiatorio. Para él los inmigrantes son como los judíos para Hitler.

A mi padre le puede pasar cualquier cosa.

            –Hola Rigoberta. Acabo de hablar con mi amigo John, un abogado que trabaja con Casa. Están todos enterados de lo que ha pasado y buscan rastros de los detenidos, entre ellos tu padre. ¿Qué averiguaste tú?

            –Nada nuevo, realmente. Estaban todos en la misa en español de las once. En el sermón el padre Mario habló de la peligrosa situación por la que pasaba la comunidad y de la carta del papa Francisco a los obispos. En ella el santo padre defendía nuestra dignidad como seres humanos más allá del estatus legal y condenaba la política de deportación masiva, la cual “terminará mal”, dijo. Rezaron para pedir protección divina. A la salida cayeron sobre los parroquianos veinte agentes de ICE. Dos agarraron a mi padre y lo esposaron. Mi madre se desesperó, intentó impedirles, gritó y lloró, diciendo que sufría de asma y que tenía que tomar su medicina. Cayó de rodillas con el inhalador en la mano. Los agentes la miraron indiferentes mientras se llevaban a él.

Era algo inesperado puesto que antes las iglesias eran consideradas “lugares sensibles”, igual que escuelas y hospitales, y allí no molestaban. Desde ese momento no se ha sabido más, y nadie quiere correr el riesgo de pedir más información porque los otros tienen miedo de correr la misma suerte.

        –Según John, los llevan a algún centro de detención, pero nadie sabe dónde. A diferencia de la bofia local, ICE no tiene la obligación de revelar ni esa información. Los abogados van a seguir insistiendo y esperan que en los próximos días se sepa más, pero de momento es todo lo que hay. Horrible la tensión que sienten todos. Es justo lo que desea este cabrón, que todos le tengan miedo. Su reino es el del miedo.

               --¿Pueden deportar a mi padre?
               --Pues, sí. Ya han mandado a dos grupos a Guatemala en aviones militares. Tratan a los inmigrantes, a sus familiares y amigos como invasores que deben ser repelidos militarmente.               
                --¡Qué horror! Es decir que mi apá puede estar en el próximo grupo y lo pueden maltratar.
               --¡Ay, Rigoberta! ¿Qué podemos hacer? La abraza de nuevo Frida. Ella comparte el llanto.—Yo estoy contigo en todo. Esto es la barbarie.
               Manténganse atentas.--respondió Green Go.—En Casa y en el Centro Esperanza me aseguran que la a comunidad se va a poner en marcha. Esto no puede quedar así. No puede haber un Estados Unidos sin inmigrantes. Jóvenes como ustedes, que tienen papeles, van a ser los líderes indispensables para caminar hacia un futuro mejor, más equitativo.
               Mientras tanto debemos acudir a la sabiduría felina para contemplar posibles acciones. Ya saben que Antonio y Bruno son buenos consejeros. Ellos nos ayudarán.

CONTINUARÁ

Fotografías / Cortesía del autor

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