“Yo acudí a su ramaje, a las hojas que hablaban” Por Didier Armas

En la Revista Trasdemar presentamos la serie de colaboraciones especiales en homenaje a Andrés Sánchez Robayna

Presentamos en la Revista Trasdemar la serie de colaboraciones especiales en homenaje a Andrés Sánchez Robayna (1952-2025), el autor Didier Armas comparte desde México el texto “Yo acudí a su ramaje, a las hojas que hablaban: Paso del poeta Andrés Sánchez Robayna por el XVI Festival Internacional Letras en San Luis” dedicado al autor galardonado con el Prix Mallarmé étranger por la traducción del libro “Por el gran mar / Par la vaste mer“. La serie de homenaje está ilustrada con la fotografía de la serie dedicada a Andrés Sánchez Robayna, en el Festival Hispanoamericano de Escritores de La Palma, cortesía de Daniel Mordzinski

Hay algo que se queda en el caracol de la memoria cuando sucede el deslumbramiento de la poesía, es como si uno o lo propio, entrara a la comunidad de algo más universal, de algo más. Eso me llevé de Robayna

DIDIER ARMAS

Un novembrino lunes de 2023 se inauguró el XVI Festival Internacional de Letras en San Luis dedicado a Elena Poniatowska, el aire gélido se colaba al Palacio Municipal, aun así, los asistentes expectantes no flaqueaban el propósito de escuchar a las diecinueve voces nacionales e internacionales que yacían dispuestas en dos medialunas. Por orden alfabético me tocó sentarme al lado del poeta Andrés Sánchez Robayna, mentiría si dijera que poseía libros de su autoría, cuanto más me acerqué a su obra por poemas colgados en la web –en aquel entonces-, los pertenecientes a El libro, tras la duna me horadaron de luz, de una contemplación que se da en la torre de un fotón. Siendo uno de los escritores más jóvenes que participaban en esa emisión del festival crucé tímidamente algunas palabras con él: “Un gusto conocerlo”, “me gustó su obra”, frases sin pretensión, ni condescendencia. Recuerdo los médanos solares de sus ojos y el julio retentivo de su sonrisa, se le veía cómodo y preparado para su lectura, listo para compartir su lengua en tan sólo 3 minutos (que eran los dispuestos por participación). Por nuestro apellido fuimos de los últimos en leer, la poesía nos había eslabonado. Leí un poema referente a la mentira con un final irónico, y Robayna leyó El vaso de agua, un poema dedicado a Ramón Xirau y que sin tregua me llevó a vasos comunicantes –valga la redundancia- con el gran poema de Muerte sin fin de José Gorostiza. Robayna además cerró el evento.


Sería poco si dijera que fue vertiginoso el final del primer día: la mayoría de los asistentes se proyectaron balísticamente al escenario para autografiar uno de los libros que llevaban consigo o de la antología del festival que el Ayuntamiento estaba regalando. De ahí nos trasladaron a una cena a la Posada del virrey Restaurante. Me senté al lado de Taiga Kobayashi y Ann Cotten, y las botellas de tinto empezaron a circular, así como los platillos. Fue una charla por la búsqueda de la estética. Ya con más ánimos volví a coincidir con Robayna, le comenté sobre la relación que veía entre su poema y Gorostiza, me comentó que quizá así podría serlo, pero fue enseñanza y un segmento indeleble en mí cuando dijo: “La poesía es capaz de expresarnos lo real, lo existente, pero mostrándonos lo invisible.”, y lo parafraseo ciertamente. La poesía, como una asimilación de lo perceptivamente real, una búsqueda por la alteridad de lo que se abstrae, pero que no sólo replica o espejea, sino que ahonda en la esencia de la cosa o experiencia. Un momento que se conforma en infinito por un acto de circularidad que el poeta le otorga al poema. Un sistema cerrado de tiempo que desafía lo parámetros de lo cuantificable. Robayna acertaba en cuanto a que la poesía comienza en relación a lo otro. La materia literaria de las Canarias se hacía presente a través de su poeta, y su conocimiento era irreductible, así como su pasión: recuerdo verlo platicar durante esa cena con bastante ánimo sobre Octavio Paz, sobre Góngora, sobre los simbolismos. Un hombre hecho más de palabras que de imagen, como lo eran la mayoría de las autores y autoras en el festival. Su palabra en el vaivén de su acento, que además –por su paciencia al replicar- llevaba oreja, no se precipitaba, poseía un carácter meditabundo o por lo menos así lució en aquella cena.


El jueves coincidimos otro tanto en la expedición que el Ayuntamiento de San Luis Potosí organizó para visitar el Viñedo Pozo de Luna. Yo y mi compañera Amparo Vera llegamos media hora antes y aprovechamos para probar el malbec de la casa. Robayna llegó en una Van blanca acompañado del resto de autores, caminó entre las parras hablando con Sergio Ramírez y Víctor Manuel Mendiola (curador del festival). El recorrido ameno nos levantó el ánimo, y la catadura nos lo anubó. Ya en el restaurante del viñedo nos sentamos en una sola mesa, y esperamos la presencia del Presidente Municipal Enrique González Galindo para compartir el pan, mismo que a su arribo nos solicitó un poema espontaneo a propósito del vino. Robayna no faltó a la participación y fundó unos versos al aire. Afortunadamente estuve en el núcleo más vivo de las disertaciones de esa tarde, se increpó mucho sobre la relación entre cultura y gobierno, Robayna incluso habló sobre el rechazo o aversión que algunos escritores tenían a los premios literarios, por ejemplo, André Bretón o Herberto Helder, ya que la rebelión del espíritu no debía de ser premiada. La institución cultural, es cierto, ayuda e incentiva a la creación por medio de los premios, a la vez que otorga unas cuantas monedas que aminoran la carga económica de los autores, de modo que disolverlos sería un cerrón de puerta, quizá otra configuración sería lo adecuado (eso será materia para otros ensayos). Serge Pey por su carácter anárquico apoyó el pensamiento de Robayna. La tarde fluyó entre variaciones gastronómicas de San Luis: enchiladas potosinas de flor de jamaica y cabuches. Ese mismo día por la noche Robayna leería en Palacio Municipal acompañado de Malva Flores, Serge Pey, Taiga Kobayashi, Joel Eduardo Alba Cruz y Mario Bojórquez. Robayna fue al estrado, bromeó sobre el clima gélido de San Luis (que no era ninguna broma para ese momento ya que hasta Anne Cotten acostumbrada a los vientos nórdicos estaba aterida), leyó un poema excepcional titulado Más allá de los árboles, sí, un poema que es la lengua de la tierra y la clorofila, un deseo a toda luz de escuchar con firmeza el hálito de las hojas, y la embestida rítmica del ramaje, y un poeta que arriba a los linderos del enigma, no para descifrar, sino por yacer en el fuego del tiempo. He regresado ocasionalmente a ese poema, por su tono místico y por esa sencillez característica de los poemas que son bien confeccionados, sigo pensando en el umbral de las yemas de los árboles y la irrequieta luz que se unta a su corteza. La tercera lectura de grupo había llegado a su fin con un vitoreo y con más firmas de libros y antologías.


El festival fue un maremágnum de encuentros, abrazos, palabras y brindis, y si bien poseo otros momentos de saludo con Robayna sería un abuso instigar a la ficción de su paso por mi vida, pero más allá de eso, hay algo que se queda en el caracol de la memoria cuando sucede el deslumbramiento de la poesía, es como si uno o lo propio, entrara a la comunidad de algo más universal, de algo más. Eso me llevé de Robayna.


Didier Armas (San Luis Potosí, México) Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en UNAM FES- Acatlán. Mención Honorífica en el Premio Punto de Partida UNAM No.48. Becario del Festival Interfaz ISSSTE 2017 en Pachuca, Hdg. Finalista en el Premio Gerardo Diego de Poesía (España) 2019. Ganador del Premio de Poesía Félix Dauajare 2023 con el poemario La última flecha. Ganador del Premio de Poesía Manuel José Othón 2024 con el poemario Ofrendas a Moloch. Su obra ha sido publicada por las revistas La Raíz Invertida, Buenos Aires Poetry, UNAM, Santa Rabia Poetry, Círculo de Poesía, entre otras. Beneficiario de la beca del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico, Jóvenes Creadores, Literatura-Poesía, 2023-2024. Antologado por el Festival Internacional Letras en San Luis XVI, y por Santa Rabia Poetry en Caravana de Rayos, 20 voces panhispánicas

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