
Presentamos en la Revista Trasdemar la nueva colaboración del escritor Fabio Carreiro Lago (Vigo, 1986) con una reseña dedicada al poemario “Edad de agua” de Benita López Peñate (Gran Canaria, 1963) Licenciada en Derecho por la Universidad de La Laguna, en 1998 publica su primer libro de poesía, Miradas de agua, prologado por el poeta Francisco Tarajano. Sus dos últimas obras publicadas son Andamio del esmero y Edad de agua, ambas publicadas en 2024 por Mercurio Editorial. Compartimos la reseña en nuestra sección “El invernadero” de literatura contemporánea de las islas
La poeta, desprendida de sí misma, realiza una labor de arqueología existencial. Las rocas son para ella un lugar primigenio que precede a la historia y al que trata de escuchar. Este gesto de escuchar lo antiguo, lo geológico es una de las mayores aportaciones del libro
FABIO CARREIRO LAGO
Los poemas reunidos en Edad de Agua (Mercurio Editorial, 2024) de Benita López Peñate junto a los de su libro “gemelo” Andamio del esmero amplían el territorio poético de una autora con una dilatada y sólida trayectoria que se inicia en 1998 con la publicación de su libro Miradas de agua, prologado por Francisco Tarajano.
Edad de agua es un libro construido desde la serenidad de quien mira la vida sin urgencias. El agua, presente en forma de lluvia, gota o río, es la metáfora central del libro: representa el tiempo que fluye sin destruir, la memoria que se aclara, la depurada emoción. Frente a ella, la tierra aporta la sensación de arraigo y permanencia, una genealogía silenciosa. La luz, por su parte, actúa como guía ética: ilumina el miedo, acompaña la madurez y vincula al yo con la comunidad. Y la casa, símbolo recurrente en el poemario, se convierte en extensión del propio cuerpo: un espacio íntimo donde la identidad se construye, ambos se habitan, cambian y envejecen.
Precisamente la casa es uno de los ejes centrales del libro, entendida como metáfora de la identidad. La casa aparece frágil -de paja, de madera- sometida a los miedos y los peligros: los lobos, la muerte. Incluso a veces la casa se presenta como portátil, como una casa a cuestas, íntima y mínima que permite a la poeta reencontrarse con sus memorias de infancia en las cuarterías del sur de Gran Canaria.
Podemos considerar esta visión de la casa como una evolución espiritual de la autora. La casa necesita ser verdadera por dentro, no importa su fortaleza. La arquitectura es menos relevante que la íntima coherencia. Esto coincide con la poética espacial de Gaston Bachelard, para quien la casa es la topografía del ser. La casa es el primer mundo habitado, un espacio que guarda la memoria, donde se vive el “eterno retorno” a la infancia, donde se gestan la identidad y los sueños, funcionando como una extensión del cuerpo.
En este entramado simbólico, el papel de la mujer es decisivo. La voz poética que encontramos en Edad de agua es la de una mujer que se observa, reconoce su edad, integra la memoria de sus ancestros y transmite una sabiduría que proviene tanto de la experiencia personal como de una tradición femenina que la precede. La madurez se vuelve luminosa, el cuerpo un territorio digno y el pasado una fuerza que acompaña.
El lenguaje al que recurre Benita López Peñate es depurado y transparente en busca de la exactitud como ocurre en su obra reciente. La sintaxis breve, el tono meditativo y las imágenes esenciales de Edad de agua permiten que lo cotidiano se eleve sin artificio. Desde los primeros poemas del libro aparece una voz que ha alcanzado la edad en la que las certezas ceden su lugar a una serenidad madura. La poeta se sitúa “a esta edad, cuando ya del camino sé”, desde donde puede contemplar los logros y caídas de una historia personal.
Los poemas dedicados a los ancestros introducen una segunda línea de exploración: la memoria como presencia. Los antepasados abrigan. Benita López Peñate se relaciona con ellos, con esta raíz viva que es la memoria “sin letanía ni amargura”, sin lamento. Reconoce a los antepasados y los guarda.
Culmina esta búsqueda con un poema que se adentra en las cuevas en busca de un origen humano. La poeta, desprendida de sí misma, realiza una labor de arqueología existencial. Las rocas son para ella un lugar primigenio que precede a la historia y al que trata de escuchar. Este gesto de escuchar lo antiguo, lo geológico es una de las mayores aportaciones del libro. La identidad se construye desde la memoria y también desde la prehistoria interior, desde un eco mineral que llevamos dentro.
Si hay un hilo conductor que sostiene la arquitectura del libro es el tiempo. El tiempo aparece como río, como gota, como viñedo donde se encuentran las almas, como casa que envejece… Pero el tiempo también es metamorfosis. El yo cambia, se viste de nuevas formas, se desconoce a sí mismo, se transforma. La identidad es un espacio abierto. La identidad es un proceso. El yo puede ser reconstruido constantemente.
En cuanto a su discurso poético sobre la muerte, en Edad de agua, Benita López Peñate naturaliza la muerte y la integra. La muerte deja de ser adversaria para convertirse en compañera de destino. En esta serenidad dialogan reminiscencias de estoicismo, pero también una sabiduría campesina -la misma que se aprecia en las referencias humildes: en la piedra del molino, en los surcos de la tierra- para la cual la muerte es parte del ciclo fértil de la existencia.
Finalmente habría que hacer referencia a la bondad. Al deseo de que la vida siembre trigo para todos, de que ninguna tierra sea árida, de que la bondad permita caminar sin miedo. Esta ética de la ternura, de la sencillez y de la comunidad aparece repetidamente. Las imágenes luminosas -sol, luna, luceros, trigo, pan, semillas- componen una visión del mundo donde lo humilde y lo sagrado se funden. La poeta despliega en sus poemas una espiritualidad sin dogmas y una fe en la vida y sus misterios.
En conclusión, Edad de agua es un libro que es una vida y una vida que se vuelve origen. Es un libro de madurez, de descubrimiento sereno. Benita López Peñate construye una cosmogonía íntima en la que la casa es cuerpo, el cuerpo es memoria y origen, el origen es piedra y luz y la vida, una siembra compartida. El resultado es una escritura profunda y delicada, que combina lucidez, sabiduría y humildad. Edad de agua muestra una poesía meditativa, elemental, que piensa y siente a la vez, que convierte lo doméstico en revelación y la madurez en claridad. Benita López Peñate escribe desde un lugar de calma, ofreciendo un libro que, más que una lectura, es una forma de mirar el mundo desde la ligereza y la profundidad del agua.

Tenerife, en Gran Canaria y, actualmente, reside en Lanzarote donde ejerce como profesor de
Geografía e Historia. En el ámbito literario ha participado en varias antologías y ha publicado, entre otros, los libros de relatos Noches de Naufragios (Baile del Sol, 2020) seleccionado en la IV Edición del Festival Índice y Una felicidad sin tiempo (Cursiva-ACTE, 2021) con el que obtuvo el Premio Amparo Walls. También ha publicado el poemario Casa de los volcanes (Fundación Mapfre- Guanarteme 2021, CACT-Lanzarote 2023) y, junto al poeta alemán Ullrich Grasnick el volumen Mar de cercanías (CCPC, 2023).





Muchas gracias, querido y admirado poeta Fabio Carreiro. Un abrazo y felices Fiestas!