
Presentamos en la Revista Trasdemar la nueva colaboración del escritor Juan-Manuel García Ramos, con el texto dedicado a la figura de Nicolás Estévanez y Murphy, acompañando al ensayo una ilustración de Diego Crosa, “Crosita” y un retrato de Fernando Viscai que incluimos en nuestra sección “Efemérides & centenarios”, con motivo de la iniciativa para el impulso literario de la Casona Estévanez Borges en la isla de Tenerife.
El protagonismo de Nicolás Estévanez y Murphy en la España de su tiempo, entre las ilusiones republicanas y federalistas y los gobiernos centralistas de restauración borbónica, y en la Canarias finisecular, es merecedor de una atención que quizá no ha logrado el eco que exigiría en estos tiempos, donde de nuevo comprobamos que la historia no ha hecho sino dar vueltas constantemente sobre sí misma desde que el mundo es mundo. Nicolás Estévanez, el militar progresista, el político republicano, el historiador y memorialista, el autor del poema «Canarias», y el aplicado traductor de la parisina editorial Garnier Hermanos, profesión esta última con la que se ganó la vida en su exilio francés hasta su fallecimiento en 1914.
De familia procedente de Málaga e Irlanda, nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 17 de febrero de 1838 y con una infancia, una adolescencia y parte de su juventud vividas con plenitud en Tenerife, entre la calle de La Marina, en Santa Cruz, la casona de Gracia, con el mítico almendro, y San Diego del Monte, en las posesiones de su tío abuelo Juan Patricio Meade y Power, se hace militar de carrera en Toledo y luego será diputado en las Cortes españolas, Gobernador Civil de Madrid, Ministro de la Guerra en la Primera República por espacio de unos escasos veintisiete días, escritor multidisciplinar, historiador de la América Hispana, poeta de desigual calidad y esforzado traductor, la vida de don Nicolás Estévanez es un paradigma de los tiempos turbulentos que le tocó vivir, unos tiempos que podemos situar entre la Primera Guerra Carlista (1832-1839) y la Primera Guerra Mundial (1914-1917), con la pérdida de las últimas colonias españolas en América de por medio y la corta experiencia de la Primera República en España.
En todos esos escenarios se movió la figura de don Nicolás Estévanez, siempre acompañada de su alto concepto de la libertad. Su poema «Canarias» es un texto fundacional de la identidad canaria y esa casona de Gracia y su mítico almendro una referencia mágica que no debemos sino respetar.




