“El propio paisaje nos nombra y nos identifica” Entrevista con Miriam González Álvarez

En la Revista Trasdemar entrevistamos a las voces actuales del panorama literario y artístico de Canarias
Cortesía de Miriam González Álvarez

Presentamos en la Revista Trasdemar nuestra entrevista con Miriam González Álvarez, investigadora, profesora, escritora y artista. Graduada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, se encuentra realizando su tesis doctoral en el Programa de Doctorado en Arte y Humanidades de la Universidad de La Laguna. Es integrante y colaboradora en Karmala Cultura, donde organiza y dinamiza el proyecto de diálogos literarios “Habitar el mundo”, con la cooperación de la Librería Ítaka, establecida en Santa Cruz de La Palma. Compartimos la entrevista realizada por nuestra redactora Beatriz Morales Fernández en la isla de La Palma

Hablando desde mi propia práctica artística sí que creo que mi trabajo lírico (y plástico) me desnuda, porque muestra mis preocupaciones, mis ideales y vivencias, todo lo que me atraviesa y necesito soltar al mundo para que, al compartirlo, me pese menos.

MIRIAM GONZÁLEZ ÁLVAREZ

Miriam, con el increíble currículum vitae en el mundo de la cultura, como artista; y la investigación, con tus méritos académicos, tan solo a la edad de 26, es interesante apreciar cómo trabajas y manifiestas el concepto opinión y la reivindicación de una perspectiva más inclusiva en cuanto a la valoración del trabajo cultural que realizas como mujer y persona joven, en representación de todas las que están en la misma condición identitaria y expresiva. Tus artículos de prensa, como La ‘opinología’ y Dar nombre al cambio, reflejan esta evidencia. ¿Crees que a través de la palabra divulgativa estos mensajes calan y se generan cambios culturales y sociales en relación a la valoración del trabajo juvenil y feminista en el Archipiélago canario?

Me gusta pensar que la palabra tiene peso, que genera cambios si está en las bocas adecuadas. El problema es que encuentro que, muchas veces (y aun hoy), la palabra sigue estando en los mismos labios y que, desde un lugar de privilegio de tener voz se termina hablando por los otros. Y creo que este es el gran error y lo que provoca que, a menudo, no se produzca un cambio real a nivel social y cultural, que hablamos por los otros, no son ellos quienes hablan.

Pero aun así y aunque pueda parecer un poco inocente e idealista, creo en la capacidad de agencia y reapropiación de las personas. Considero que todos los grandes cambios han empezado de manera situada, con dos o tres personas que decidían que era momento de hablar, que conquistaban sus voces para dar nombre a su situación de vulnerabilidad e injusticia. A lo largo de la historia, todos los movimientos sociales y culturales, las corrientes filosóficas y artísticas, han partido de unas pocas personas que trataban de generar un cambio y que, luego, se colectivizaba. Aun así, no debemos olvidar que todos estos movimientos, todas estas corrientes, aunque tienen un carácter colectivo, luego solo se recuerda dos o tres nombres que participaron. Deberíamos preguntarnos por qué la historia recoge la memoria de unos y no de otros.

Pero volviendo a tu pregunta, supongo que la semilla (la palabra) tiene que plantarse en una misma, para que luego el árbol crezca y podamos hablar de un bosque de nuevas voces.

En uno de tus artículos de opinión, en La Palma opina, expresas lo siguiente: Parece que nuestra sociedad tiene miedo a sentir demasiado, asocia el sentir con la vulnerabilidad, con la flaqueza. Hoy en día, somos capaces de quitarnos la ropa, rápidamente, en privado, pero nunca somos capaces de desnudarnos, la desnudez del alma sólo toma forma de gran metáfora en la poética vital. ¿Crees que el arte sirve como eje vertebrador para desnudar el alma ante un mundo de instantes líquidos y superficiales?, ¿cómo lo proyectas en tu lirismo?

Siempre he dicho que nada me da tanta vergüenza como leer mis poemas o enseñar mis cuadros, porque pienso que es un acto de total vulnerabilidad y desnudez. Supongo que no todo acto artístico es una forma de desnudarse, porque cada persona utiliza el arte de una forma y lenguaje únicos y, quizás, la especificidad de una obra busca completamente lo contrario a la desnudez. Pero hablando desde mi propia práctica artística sí que creo que mi trabajo lírico (y plástico) me desnuda, porque muestra mis preocupaciones, mis ideales y vivencias, todo lo que me atraviesa y necesito soltar al mundo para que, al compartirlo, me pese menos.

Si como bien dices, y siguiendo a Zygmunt Bauman, la actualidad se basa en instantes líquidos, creo que el arte nos permite parar. Considero que la inmediatez de las nuevas tecnologías, lo frenético de la vida actual, nos lleva siempre a contrarreloj y nos da la falsa sensación de que nunca tenemos tiempo. Pero cuando entro en un museo o voy a un recital poético por fin encuentro tiempo, por fin aprecio paradas (aunque sean momentáneas) y eso me da esperanza en la capacidad potencial del arte como transformador social.

En tu propia definición profesional, te identificas como revolucionaria y no como artista, ¿por qué?

Esto es una cuestión de identificación y pertenencia. Supongo que me cuesta identificarme con ese concepto por todas las asociaciones indirectas (y directas) que sigue teniendo aun en la actualidad. Es un término que surgió en un momento concreto y que se coloca dentro de una desigualdad estructural y sistemática en la que el artista solo era nombrado en masculino y la mujer era su musa. Todo esto sin entrar en cuestiones de privilegio étnico-racial, sexual y económico. Por otro lado, si nos vamos a buscar en la Real Academia Española encontramos que “artista” es la: “persona dotada de la capacidad o habilidad necesarias para alguna de las bellas artes” (s.f., definición 2) por lo que, en cierto sentido, y siendo coherentes con la propia definición del término considero que, en mayor o menor medida, todos podríamos autonombrarnos como artistas. Bajo mi punto de vista, ser artista es más una actitud que una capacidad, así que supongo que todas estas connotaciones aun me pesan y me cuesta encontrarme en ese concepto. Por eso prefiero la idea de “revolucionaria” porque me gusta pensar que toda forma de arte es una revolución.

Además de periodista y revolucionaria, artísticamente hablando, te has proyectado en las disciplinas plásticas de exposición a través de la fotografía y variadas prácticas artísticas. ¿En qué consisten dichas prácticas? Además, la mirada detenida e íntima hacia los detalles del cuerpo es algo que te inspira profundamente, de ahí tu exposición Mosaicos. Partes en ausencia de un todo, donde te centras en el cuerpo femenino. ¿Qué significa para ti la observación sensible hacia la corporalidad?

Me gusta decir que mi práctica artística se mueve en la interdisciplinariedad. Por tratar de concretar podría decir que en el ámbito plástico-visual siempre juego entre la fotografía y la pintura, me gusta recurrir a la técnica mixta para simular la fragmentación como metáfora del quiebre que sufre nuestra autoidentificación en un mundo saturado y craquelado por la presión social de nunca ser suficiente. Pero estas obras no dejan de ser poemas visuales que vuelven a colocarse en el abanico discursivo y estético del ámbito literario. Por lo que creo que, de distintas maneras y con distintos lenguajes, siempre vuelvo al mismo lugar.

En mis últimas exposiciones individuales, tanto la de Mosaicos, como la (Des)montando el canon trato de reflexionar sobre el cuerpo femenino y su construcción de identidad negociada a través de la validación del resto de la sociedad. Las obras colocan la corporeidad femenina –desde una posición teórica nuevo materialista– como un cuerpo sexuado que se objetiviza y se cosifica hasta el punto de perder su autonomía y reconocimiento.

En las obras se aprecia una crítica directa a El Hombre de Vitruvio (1492) de Leonardo Da Vinci y también a toda la corriente humanista que colocó al hombre como punto de referencia para, desde una visión androcéntrica y patriarcal, seguir legitimando (aún en la actualidad) ciertas violencias simbólicas y estructurales que recaen en la construcción de la subjetividad.

Trato de que mi trabajo parta y tome como referencia las teorías queer y la perspectiva interseccional de Kimberlé Crenshaw y bell hooks, tratando de deconstruir los roles y estereotipos de género y, en concreto la feminidad hegemónica.

Por lo que, supongo que, en este sentido, para mí la mirada sensible parte de una mirada situada y contextualizada, como diría Donna Haraway, y que entiende las intersecciones que sufre nuestra construcción identitaria.

Lugares de nadie es tu primer poemario publicado, en el año 2021. Lo defines como un juego “con los límites entre ficción y realidad, buscando que cualquier persona se pueda sentir identificada con lo que se cuenta en sus páginas”. ¿Qué es la realidad para ti?, ¿tiene esta una esencia ficcional en la cual una cobra sentido identitario?

¿Qué es la realidad? Esa es una pregunta que creo que solo puede ser respondida formulando nuevas preguntas. Quizás es que he leído demasiado sobre investigación poscualitativa y considero que toda investigación (toda pregunta) está siendo subordinada e influenciada desde el momento en el que se formula. Porque ya se parte de una hipótesis, de una posible respuesta que solo trataremos de confirmar.

Saliendo de ese problema epistémico, de primeras yo preguntaría si existe la realidad o si, al contrario, es una idea que nos hemos inventado para no enloquecer. Algo así como lo fue en su momento la mitología y ahora la religión, una respuesta para aquello que no sabemos responder. Pienso que recurriría a Stuart Hall para decir que nada significada por sí mismo y que, incluso la realidad, ha tomado forma a través de nuestra significación personal. Yo creo que todo es una ficción, porque todo lo que narramos (y nos narramos) lo hacemos desde un lugar de memoria retrospectiva, en la que tratamos de re-crear un momento del pasado y que, encima, solo acoge nuestra vivencia del instante. Por eso hablo del carácter ficcional de la realidad, porque todo es una versión de lo que ocurrió.

Sin lugar a dudas creo que, la esencia ficcional, nos permite nombrar (y nombrarnos), así que sí, nos permite tener un sentido identitario. Podría seguir con otras preguntas como: ¿quién dice qué es real y qué no lo es? ¿Qué parámetros usamos para medir lo real? Y así de manera infinita, pero, sinceramente, yo espero no encontrar nunca una única respuesta.

Finalmente, tal como expresa el investigador Juan Miguel Hernández León en su obra Ser-Paisaje: “Surge el paisaje cuando de la realidad se aísla una porción de territorio y se la observa con una determinada perspectiva”; en este sentido, en Canarias tendemos a ampliar nuestro propio sentido, crítica y deseos desde el paisaje natural, dada nuestra variopinta condición geográfica. Como escritora y artista canaria, ¿qué entiendes por paisaje?, ¿qué lugares, sin ser de nadie, apropias en tu yo creativo?

Como diría Marc Augé: “Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar”. En este sentido, el paisaje lo entiendo como un no lugar. Un no lugar porque no cae en las significaciones que le hemos dado. Por supuesto que el paisaje tiene historia e identidad, pero también considero que tiene la capacidad de significar por sí mismo, de escapar de nuestras definiciones y de nuestra necesidad de identitarismos. El paisaje (y más en Canarias) está por encima de la construcción léxica y de sentido que le hemos dado, es agente por sí mismo y, desde esta capacidad de agencia, es que el propio paisaje nos nombra y nos identifica. Y no al revés.

En cuanto a la segunda pregunta, creo que todo lo que escribimos (y creamos) son apropiaciones, porque como ya he dicho alguna vez, no somos originales, pues no estamos en el origen. Yo, por mi parte, tengo ciertos intereses y sensibilidades que me llevan a apropiarme de unos lugares por encima de otros. Como creo que ya ha quedado claro me interesa el lugar de la mujer, el lugar de la norma, de la ontología, me interesa la jerarquía y el privilegio, y en todos esos lugares trato de transitar una y otra vez, pero cada vez de una forma distinta.


Más sobre la autora

Miriam González Álvarez obtuvo la Beca Jóvenes Talentos en la Escuela Contemporánea de Humanidades de Madrid y en 2021 publica su primer libro titulado Lugares de nadie con Ediciones Libros Indie. Ha participado en obras colectivas como el libro Praxis y espacios de intervención desde el arte y la educación con la Editorial Dyckinson S.L. Ha publicado artículos en revistas literarias, científicas y divulgativas como Communiars. Revista de Imagen, Artes y Educación Crítica y Social, Pulso. Revista de educación, Talincrea. Revista talento, inteligencia y creatividad y LUSTRUM. Gaceta de la Bajada de la Virgen. Es colaborada periódica en el periódico elDiario.es.

En el mundo del arte plástico-visual, ha participado en diversas exposiciones colectivas en Madrid, Gran Canaria, La Palma y Alicante. En el año 2023 inaugura sus primeras exposiciones individuales “MOSAICOS. Partes en ausencia de un todo” en la Sala O’Daly de Santa Cruz de La Palma, “Miradas Pictóricas” en el Museo Casa Roja de Villa de Mazo y “(Des)Montando en canon” en Santa Cruz de Tenerife.

Actualmente trabaja en la Universidad de La Laguna como personal investigador tras obtener la Beca FPI del Gobierno de Canarias junto con la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información y el Fondo Social Europeo. Su trabajo está centrado en cómo utilizar la poesía como metodología y marco onto-epistemológico de investigación. De esta manera, trata de romper con las jerarquías académicas que configuran el saber dentro de contenedores normativos y estructurales legitimizados por las propias instituciones reguladoras. Su trabajo, en esta línea, ha sido defendido en recientes debates investigativos, jornadas y congresos a nivel tanto nacional como internacional, los más recientes en Madrid, Barcelona, Jaén, Granada, México y Finlandia.

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