“Zapato abandonado en Berlín” Poemas de Rafael Arozarena (1923-2009)

En la Revista Trasdemar celebramos los centenarios y efemérides de la literatura de Canarias
Fotografía de Rafael Arozarena (RTVC)

Presentamos en la Revista Trasdemar una selección poética del autor Rafael Arozarena (1923-2009) con motivo de la celebración del centenario del escritor exponente del grupo “fetasiano”, junto a Isaac de Vega y Antonio Bermejo. El novelista tinerfeño, reconocido por su obra narrativa con novelas como “Mararía” y “Cerveza de grano rojo“, obtuvo el Premio Canarias de Literatura en 1988. El pasado 30 de septiembre se cumplió aniversario luctuoso del escritor tinerfeño.

La obra poética de Arozarena se encuentra publicada en una amplia edición de libros que configuraron su latido lírico, entre otros hemos escogido para nuestra sección “Centenarios” una serie de textos del volumen “Caravane” (Biblioteca Básica Canaria, 1991) que cuenta con introducción de Juan José Delgado

Tantas luces me das que me amaneces

RAFAEL AROZARENA

Zapato abandonado en Berlín

Dos a dos las espigas desgranándose
manos incoloras en un cielo novísimo y vertical estrenan.

Del más puro cristal inventado
la celosía increíble nuestros pies separa
el diestro del siniestro por mandato
del propio cuerpo que sustentan.

Dos a dos los pájaros en tierra
los hombres, las mujeres y los pequeños escarabajos,
a los cielos pares aguardan.

Yo soy el payaso actual,
yo soy el payaso, quien ríe
con mis ojos de tanto ver muriendo.

Otro será el poeta, Berlín de cristal, quien llore
un zapato perdido y siempre contemplado.

De “El ómnibus pintado con cerezas” (1971)


La dama de la silla celeste

Sentada en la noche
sus cabellos lucía como Berenice
y sin saberlo bordaba cuadrantes de luz para los ciegos.

Tan alta estaba como la mano de un poeta
allí donde crece la hierba más transparente de la aurora,
donde las palabras se enredan en los pies de algún dios.

Sentada en su silla celeste
así la describí con algo más que mis ojos.
Temblaba una lágrima en el espacio
o un diamante colgado
en la interrogación luminosa de las Pléiades.

Era la dama de la silla, el descanso de mi voz en su mano,
forma de silencio encendido en la noche más oscura
que en mis pies proyectaba
la ruta jubilosa del día venidero.

De Desfile otoñal de los obispos licenciosos (1985)


Amaneciendo en el interior del fruto

Ya en el alba se anuncia tu evidencia.
Cabalgaba cristales, luz herida.
En ceñirnos diamantes dura el juego.
Cementerio del sol enamorado
a tus fondos va el día y permanece.

Alumbrado interior, constelaciones.
En la noche conservas tu reflejo.
Siendo joya que incendias tantas ramas
ya no pueden las sombras silenciarte.

¿En qué ciego interior mejores lumbres?

Tantas luces me das que me amaneces.

De Amor de la mora siete (1987)


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