Sobre “Polen de estrellas”

Portada del poemario de Ramiro Rosón Polen de estrellas (BajAmar Editores, 2025).

En la Revista Trasdemar difundimos la actualidad literaria de las islas: compartimos una reseña sobre el poemario de Ramiro Rosón Polen de estrellas (BajAmar Editores, 2025), escrita por el poeta Javier Mérida.

* * *

Nunca resulta fácil reseñar un libro de poesía. Sobre todo por lo que entraña el hecho de navegar por el universo simbólico de su autor al encuentro con el de quien lo reseña. Pero supone aún mayor desafío cuando el autor es, además, amigo de uno. En ese trance se podrá acusar a quien suscribe de incurrir en flagrante delito de parcialidad o incluso de benevolencia a la hora de destacar sus aspectos particulares. No obstante, al mismo tiempo, y esto tal vez pueda servir de atenuante, precisamente la estrecha relación personal con el autor ofrezca también una visión interpretativa nada exenta de matices y sutilezas que aboquen a desvelar sus mimbres creativos desde un mejor conocimiento, lo cual supone un privilegio añadido y, desde luego, un honor.

Con Polen de estrellas, Ramiro Rosón nos propone un salto al vacío. No un salto porque sí, irracional, atávico; no. Supone en su dilatada trayectoria literaria –a pesar de su juventud– un acercamiento a un modo de poetizar que hasta el momento no le conocíamos. Ya en su anterior trabajo, El llanto del demiurgo, obra que podríamos encuadrar en un neorromanticismo clásico, Rosón se ajusta a las formas poéticas tradicionales, desplegando una maestría inusual para el verso rimado al explorar diversas formas y contenidos simbólicos, pero siempre enmarcados en el tal vez estricto canon de las formas clásicas de la poesía en lengua española, según para quién, algo demodés. Sin embargo, es precisamente esa apariencia extemporánea lo que sitúa la poesía de Ramiro Rosón en una paradójica órbita vanguardista.

En ese sentido, Polen de estrellas, sin abandonar esa querencia del autor por la carga simbólica de las imágenes, la pulcritud en la elección verbal y su avezado sentido del ritmo, ofrece una ruptura en cuanto a las formas, aunando así sus más que demostradas habilidades en este arte. Durante su lectura nos envuelve una sensación constante de vertiginoso equilibrio que jalona todos y cada uno de los poemas sin escatimar en extensión, a modo de recreo imaginativo. En estos tiempos en que la poesía tiende al merodeo hedonista y autorreferencial, a un excesivo prosaísmo a menudo aséptico, de lugares comunes y tropos estandarizados, la propuesta de Polen de estrellas supone un alejamiento de lo mundano, que no de la cotidianidad, a través de un ejercicio imaginativo que sitúa al yo poético de su autor en una tesitura de mero observador. Observador que se emplaza en un lugar privilegiado, pues no parte de un punto estático ni de una atalaya perpetua desde la que pontificar, inamovible. Al contrario, precisamente es el movimiento que plantea en su periplo lo que permite una observación activa, la cual no puede concebirse si no es desde una vocación por el asombro y la conciencia de lo cambiante.

Así, a modo de bitácora que desde una sonda espacial enviase puntualmente a la Tierra los resultados de su exploración, la expresión de la extrañeza –raíz de todo asunto poético–, cristaliza en una percepción de la realidad aparentemente sin solución, infinita, sorprendente por sorpresiva o inabarcable. En este caso, lo terrenal se expande hacia lo universal, desde una mirada, me atrevo a considerar, desde una esperanza desalentadora hacia una alentadora desesperanza. Pues es en este juego poético de aparentes contrarios en los que se basa la misión observadora, expresiva y finalmente poética del cosmonauta Rosón a través de las diferentes etapas de su travesía. Vendría a ser su particular búsqueda de ese «Punto Omega» que preconizara el filósofo francés Telihard de Chardin; un punto de contacto con una conciencia que nos permita evolucionar hacia un estado existencial vinculado a la disolución en el aspecto espiritual y racional del ser humano, tal vez como resonancia y en consonancia del pensamiento filosófico del cordobés Averroes.

Al mismo tiempo, las múltiples referencias literarias a figuras como Borges o Cortázar, Cavafis o el Eclesiastés, suponen en el cuerpo simbólico y poético de Polen de estrellas no ese mero ejercicio abocado a la cuota de pedantería propia de muchos autores con vocación de lustre, sino como punto de ignición hacia la reivindicación de lo que de imaginativo –no ficticio– ha de poseer el combustible de todo artefacto poético. En ese sentido, la lectura pausada de Polen de Estrellas proporciona una experiencia poco habitual, sobre todo por el caracter etéreo y terrenal que promueve y nos convoca desde el inicio del viaje, desde su punto de partida, invitándonos a un tránsito por los diferentes escenarios que invitan a la inevitable conmoción de tomar conciencia acerca de la fragilidad del ser humano en este universo; de realizar la fusión de lo místico con lo científico; de activar la retroproyección del mito en el logos y su correspondiente viceversa; de experimentar la fugacidad del tiempo en la magmática ductilidad del espacio como manera, no sé si de salvarnos, pero al menos de llegar a cada privada Ítaca con plena conciencia, a ser posible, de lo que la condición humana une y separa, y sobre todo de lo que nos es común y nos hace singulares como especie: la capacidad de conciencia, propia y ajena, sin apropiarnos de ella ni enajenarnos por la misma.

Queden y sirvan estas palabras como humilde aportación a lo que, sin duda, ha de ser una recomendación sincera y amorosa: procuren abstenerse quienes sufran cualquier tipo de alergia al poder de la belleza que existe en la posibilidad de la imaginación.

* * *

Javier Mérida Rodríguez (Santa Cruz de Tenerife, 1977) es autor de los poemarios Un mapa del mundo lo más pequeño posible (2007), Vattenlinjen (Línea de agua) (2012), El otro lado de la lluvia (2013), Oráculo (2017), Grafismas (2017), Las reglas del fuego (2023) y Esqueleto de la sombra (2024), así como de la colección de cuentos Microbios (2018). Desde 1997 ha participado en recitales, revistas y suplementos literarios, y ha escrito prólogos y epílogos para otros autores. Además, ha coordinado los espacios “Miscelánea Literaria” y “Miscelánea Escénica” en el Café Siete de La Laguna junto a Alberto Díez, ha formado parte de la Secretaría de la Sección de Literatura del Ateneo de La Laguna (2013-2015) y ha desarrollado el proyecto artístico Vattenlinjen con la artista Andi Domdom.

Deja un comentario