
Presentamos en la Revista Trasdemar la nueva colaboración del autor Fabio Carreiro Lago (Vigo, 1986), compartimos un fragmento en primicia de su libro “Regreso a Lancelot” publicado por Editorial Siete Islas. El volumen se presenta en la nueva edición de “La Fiera del Libro” de Lanzarote, el próximo domingo 10 de mayo a las 13 horas, en la Sala Manrique de la Casa de la Cultura de Arrecife. Incluimos el extracto en nuestra sección “El invernadero” de narrativa contemporánea de las islas
Tanto expresa la forma de la escritura, la fluidez para escribir, la letra difícil. Si fueras escritor también podrías ser explorador. Tus ojos miran sin timidez. Una interrogación o una duda podrían echar al traste cualquier texto. No das nada por hecho. Nada preguntas. Ya nadie te gobierna. Si hablar del personaje de sir Lancelot, si hablar de un libro que escribió Agustín Espinosa hace cien años es cuanto uno tiene para comenzar una conversación, será así
FABIO CARREIRO LAGO
Una mesita redonda dentro del bar entre la terraza y la barra. Un rincón azocado ocupa la única mesa libre aquella noche. No está reservada y te sientas allí. Corre un viento salino por la calle Hermanos Zerolo. No hubiera sido agradable sentarse fuera.
La mesita ya estaba en el antiguo bar. Durante al menos cincuenta años, fue algo así como una decadente taberna con azulejos andaluces y hacía poco tiempo que lo habían traspasado. Los nuevos dueños conservaron parte de la decoración y el mobiliario. Un sabor rancio. Pero ¿dónde habrían ido a parar los viejos que antes aquí venían de forma habitual? ¿Habrían muerto todos? Los señores clientes que fueron allí día tras día y allí gastaron sus tardes y buena parte de sus modestos salarios ocupando las mesas redondas como personajes legendarios entre carajillos, vasos de vino, cervezas y conversaciones desordenadas. Los más entrañables, atados a sus botellas de ron. Algunos permanecen entre las fotografías en blanco y negro que decoran las paredes del bar compartiendo espacio con algún apero, una sombrera y un polvoriento parral de plástico sobre la puerta.
En la terraza, bullicio de turistas. También grupos de amigos y parejas locales cenando algo, tomando copas. Y el señor de la lotería en su silla de ruedas eléctrica haciendo sus bromas habituales. «¡Yo traigo la suerte!», exclama. Tiene un cartón como un parabrisas lleno de cupones. Pides un vino tinto y te lo dispensan enseguida. Le estás esperando.
Y llegará pronto con su sonrisa cautivadora. Desde un lugar cercano está llegando y pasa junto a la casa de los ocupas. A los desconocidos ocupantes saluda con su mirada amable. A la amplia familia marroquí que toma té y a los jóvenes vendedores de droga que discuten y a la bella prostituta que espera a un cliente. Unos, en el umbral; otros, en los bancos sentados. Los niños más pequeños juegan con una pelota a lo ancho de la calle. ¿Cómo podrá compartir este variado vecindario una casa? Casa o vertedero. El patio está lleno de ratas y bolsas de basura desperdigada. El hedor alcanza la calle. Una rata veloz sale de la casa y se mete por la alcantarilla. Los vidrios de las ventanas de la casa están rotos y, tras las rejas dobladas y oxidadas, ondulan ajadas cortinas de flores. Han ido ampliando la casa por dentro, ocupando otras vacías viviendas colindantes y cada vez ha ido a vivir allí más gente, a aquella improvisada comuna y ha habido más ruidos y peleas, y las visitas de la policía se han vuelto más frecuentes.
Ya llega quien de los caballeros del rey Arturo es el más fiel y virtuoso: Lancelot, con su armadura y su caballo. Resuenan los cascos de su caballo por el bosque. Sí que tiene cosas en común con Lancelot. También fue un bebé y entonces su padre fue expulsado de su reino y tuvo que irse al exilio con su familia. Debido a las heridas de su padre, tuvieron que dejar al Lancelot recién nacido al cuidado de la Dama del Lago. La Dama del Lago bien podría ser una abuela. Las heridas podrían ser la pobreza y la necesidad de estar todo el día trabajando en el hotel para sobrevivir. ¿Su reino perdido? La vieja casa familiar en el volcán cuando su padre dejó embarazada a su madre. De ahí se fueron y ahí terminan los posibles paralelismos.
Sabemos que más tarde el Lancelot de la leyenda sería enviado a la corte del rey Arturo en Camelot. Se convertiría allí en su gran amigo y una de sus primeras misiones fue rescatar a la reina Ginebra ¿Cómo explicar después su aventura con ella? ¿Fue inevitable aquel deseo tan humano, aquella falta de lealtad? ¿Cómo sería la moral de los otros caballeros para que este resultase el más virtuoso? Lo ves llegar y piensas que no es para ti pero aún así lo amas. Siempre se han encontrado a destiempo, en un tiempo equivocado. Su naturaleza es encontrarse así. Ya tienes edad suficiente y comprendes que ciertas derrotas son para siempre. El tiempo los doblega.
Por su parte, Agustín Espinosa está muerto. No, Agustín Espinosa vive todavía muchos años en el puerto de Arrecife. Quizá cuarenta años y le crecen los pelos de las orejas y las patas de gallo y las arrugas de la frente; y aunque sigue siendo flaco, la piel se le descuelga por todas partes. Llega a la vejez soltero y con cierta mala fama entre las familias de toda la vida. Y se jubila dando clase en el mismo instituto de segunda enseñanza donde le dieron su destino definitivo. Y quizás empina el codo demasiado. Y apenas escribe. Eso sí, va a Puerto Naos a ver los barcos cada tarde y a hablar con los marineros y a echarse con ellos sus buenos rones y a escuchar las olas. Suspira en la costa acogedora junto al castillo. Le encantan los días que hay neblina y se confunde el mar y el cielo y los barcos parece que levitan, que vuelan. No ha tenido una mala vida a fin de cuentas. Por ahí viene Agustín Espinosa con su traje elegante y su sombrero. Has leído su Lancelot. Has descubierto una isla distinta entre las páginas de su libro que ahora transforma tu mirada. Piensas que los libros pueden ser un buen guía, un buen amigo: ya sea un libro de caballerías o un libro de aventuras, o un libro inclasificable como el suyo. Sin saberlo, intentas demostrar lo que el lenguaje le puede hacer al tiempo: vulnerarlo.
Debe haber un héroe en una novela como toda isla desierta (e incluso habitada) ha de tener sus náufragos. Los personajes de una novela han de ser verosímiles. Debe existir una adecuada relación entre la realidad y la imaginación. Un buen escritor lo consigue. Por otro lado Genet decía que la verosimilitud es la retractación de las razones inconfesables. ¿Qué ocurre a medida que nos evadimos de la realidad? ¿De qué realidad? Quizás sea más razonable abolir esa supuesta realidad y desdibujar ciertos límites y afrontar la aventura de reunir unos textos que llegan desde la oscuridad de un mundo medianero fuera del tiempo y del espacio, y apartar cualquier consideración convencional sobre la trama y los personajes.
Lees para pasar el tiempo mientras llega. Por la forma en la que coges el bolígrafo con el que subrayas y haces anotaciones al margen se nota que no tuviste una buena maestra que te corrigiera. Tanto expresa la forma de la escritura, la fluidez para escribir, la letra difícil. Si fueras escritor también podrías ser explorador. Tus ojos miran sin timidez. Una interrogación o una duda podrían echar al traste cualquier texto. No das nada por hecho. Nada preguntas. Ya nadie te gobierna. Si hablar del personaje de sir Lancelot, si hablar de un libro que escribió Agustín Espinosa hace cien años es cuanto uno tiene para comenzar una conversación, será así.
En el bosque, los árboles son rápidamente sustituidos por la casa ocupa y el resto de edificios abandonados de Hermanos Zerolo. Transcurre un minuto, un siglo. Cruza la garganta, el paso rocoso. El trotar del caballo por el bosque es el ruido de las maletas arrastradas por unos guiris que se internan en dirección al Charco de San Ginés. Es también un niño con su patinete y es un joven en silla de ruedas eléctrica que pasa a toda velocidad y lleva un aparato de música integrado con el volumen altísimo. Todo el mundo en pastillas en la discoteca. La confusión de conversaciones en la terraza del bar. Finalmente son solo sus pasos que se acercan hasta que se sienta contigo en la mesita. Sonríes. Cierras el libro que tienes entre las manos. Te protegía como un escudo. Das un sorbo a tu copa de vino y te sientes feliz de que haya llegado. No ha tardado nada desde que te mandó aquel mensaje diciendo que ya había aparcado. Nunca termina de pasar el pasado. No lo estás contando como ocurrió sino como lo sentiste por dentro.

Fabio Carreiro nace en Vigo en 1986. Es licenciado en Derecho y graduado en Historia por la Universidad de La Laguna. Ha cursado varios posgrados y actualmente se dedica a la enseñanza. Ha participado en excavaciones arqueológicas en las islas y la Península. Desde el año 2015 ha escrito tanto poemarios como narrativa. Junto a Leticia Díaz Polegre ha publicado el libro de entrevistas a autoras tinerfeñas, Escritoras en su estudio. Entre sus títulos recientes destacan “Sur &Norte”, “Casa de los volcanes” y “Regresar a Lancelot“.




Un fragmento magnífico de la ultima novela de Fabio Carreiro Lago. Su juego entre presente y pasado, su retrato social de cada una de las épocas, se ensamblan conjuntamente con un lenguaje sugerente y a veces descarnado. Lenguaje que teje la historia con la forma con gran destreza y maestría. Precioso amigo Fabio.