{"id":7005,"date":"2024-10-21T20:06:01","date_gmt":"2024-10-21T20:06:01","guid":{"rendered":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/?p=7005"},"modified":"2024-10-21T20:06:06","modified_gmt":"2024-10-21T20:06:06","slug":"la-memoria-por-jose-edgardo-cruz-figueroa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/narrativa\/la-memoria-por-jose-edgardo-cruz-figueroa\/","title":{"rendered":"&#8220;La memoria&#8221; Por Jos\u00e9 Edgardo Cruz Figueroa"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" width=\"768\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Cruz-768x1024-1.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7006\" srcset=\"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Cruz-768x1024-1.jpeg 768w, https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Cruz-768x1024-1-225x300.jpeg 225w\" sizes=\"(max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><figcaption>Foto: Cortes\u00eda del autor para Trasdemar<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\" style=\"font-size:31px\">Desde la Revista Trasdemar presentamos la nueva colaboraci\u00f3n del autor Jos\u00e9 Edgardo Cruz Figueroa (Puerto Rico), con el relato titulado \u201c<em>La memoria<\/em>\u201d que incluimos en nuestra secci\u00f3n \u201c<em>Conexi\u00f3n Derek Walcott<\/em>\u201d de narrativa contempor\u00e1nea del Caribe. Nuestro colaborador es natural de San Juan y criado en El Fanguito y Barrio Obrero en Santurce. Tiene una Maestr\u00eda en estudios latinoamericanos con una concentraci\u00f3n en literatura e historia de Queens College-CUNY y un doctorado en ciencias pol\u00edticas del Graduate Center-CUNY. Su trabajo acad\u00e9mico ha sido publicado por Temple University Press, CELAC, Lexington Books y Centro Press y por varias revistas acad\u00e9micas. Su trabajo creativo ha sido publicado en las revistas Confluencia, Sargasso, Cruce, 80grados, Trasdemar, Alhucema, El Sol Latino, y el Latin American Literary Review. Una selecci\u00f3n de sus relatos est\u00e1 incluida en el libro<em>\u00a0Formas lindas de matar<\/em>\u00a0(2023)<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-medium-font-size\"><p><strong><em>Pensando de esa manera Arturo no lament\u00f3 que su af\u00e1n memorioso fuese incompleto y fragmentado. Si el poeta \u201cmaldito entre los malditos\u201d se miraba a s\u00ed mismo para verse mirando, Arturo recordaba las cosas para sentirse recordando. Quiz\u00e1s de esa din\u00e1mica era que se nutr\u00eda la memoria como conducto del recuerdo. Esa que no pod\u00eda ser infinita precisamente por ser memoria, atada a hechos finitos y concretos. La monstruosidad de su infinitud era una mera amenaza porque el infinito solo pod\u00eda existir, parad\u00f3jicamente, en lo aprehensible y fugaz<\/em> <\/strong><\/p><cite><strong>Jos\u00e9 Edgardo Cruz Figueroa<\/strong><\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size\">1<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\" style=\"font-size:25px\">Cinco segundos despu\u00e9s de que Arturo leyera, en un art\u00edculo en <em>The New Yorker<\/em>, que Joyce Carol Oates una vez hab\u00eda dicho que \u201cno importa lo que yo escriba en mis relatos, el tema real de mi vida es mi matrimonio y nada m\u00e1s se compara en importancia\u201d, puso la revista en el borde del lavamanos, se levant\u00f3 del inodoro, se limpi\u00f3 mirando sus desperdicios sumergidos en la taza, ese peso muerto que crece en tus intestinos sin a\u00f1adirle nada de importancia a tu cuerpo, baj\u00f3 el inodoro y se lav\u00f3 las manos.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A la altura de ese momento, Oates hab\u00eda publicado sesenta y tres novelas, cuarenta y siete colecciones de cuentos y un sinf\u00edn de obras teatrales, librettos, novelas infantiles y libros de poes\u00eda. Adem\u00e1s, hab\u00eda escrito un diario que a la saz\u00f3n ten\u00eda m\u00e1s de cuatro mil p\u00e1ginas mecanografiadas a espacio sencillo. Hab\u00eda comenzado ese proyecto a los veinticuatro a\u00f1os, dejando de escribir a maquinilla una vez se dispuso a hacerlo por computadora. Esa transici\u00f3n result\u00f3 en la muerte del diario, de cuyo contenido ahora admit\u00eda, a los ochenta y cinco a\u00f1os, que no se acordaba. Arturo pens\u00f3 que ese era su remedio contra la monstruosidad de la memoria infinita de la que una vez habl\u00f3 Borges.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size\">2<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">En comparaci\u00f3n con Oates, Arturo no hab\u00eda escrito nada. Adem\u00e1s, la audiencia de sus libros era harto reducida; como m\u00e1ximo hab\u00eda recibido trescientos d\u00f3lares en regal\u00edas por su primer libro y cero por el resto y eso durante el transcurso de trienta a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las regal\u00edas eran una buena medida de la extensi\u00f3n de su audiencia. La editoriales acad\u00e9micas conoc\u00edan bien su negocio. En los contratos que Arturo hab\u00eda firmado, la estipulaci\u00f3n de rigor era que a partir de cierto n\u00famero de ventas las regal\u00edas aumentar\u00edan, en su caso de seis a diez porciento. Las ventas de sus libros nunca hab\u00edan pasado el rasero convenido y Arturo estaba convencido de que las editoriales ya sab\u00edan de antemano que ese iba a ser el caso.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cuanto al diario, la disciplina de Oates daba miedo. Arturo nunca hab\u00eda sido consistente en el registro de sus memorias. Hab\u00eda comenzado muchos diarios y en todos los casos al poco tiempo se le quitaban las ganas y los abandonaba, algunas veces literalmente hablando. Ten\u00eda como veinte o treinta calendarios de bolsillo en un archivo, pero ese r\u00e9cord era solo una muestra de sus andanzas. Como Oates, del contenido de los diarios que hab\u00edan sobrevivido, Arturo no recordaba ni una palabra. De la monstruosidad de la memoria infinita no ten\u00eda por qu\u00e9 preocuparse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size\">3<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa monstruosidad era a fin de cuentas imaginaria y ut\u00f3pica pues, como ilustraba el ejemplo de Oates y el suyo, no hab\u00eda ser humano capaz de recordarlo todo y mucho menos a ese nivel tan ins\u00f3litamente vasto como lo era el infinito. La memoria infinita solo era posible, aunque en t\u00e9rminos relativos, en un archivo o una biblioteca.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La relatividad estaba en la manera en que se definiese la palabra \u201cinfinito\u201d. En una biblioteca, \u201cinfinito\u201d significaba que la adquisici\u00f3n y atesoramiento del conocimiento preservado en su seno solo ten\u00eda como l\u00edmite la capacidad misma de buscar y adquirir los ejemplares que contuviesen el producto intelectual de un pueblo o una \u00e9poca. Pero ah\u00ed mismo estaba el car\u00e1cter relativo de la palabra pues \u201cun pueblo\u201d y \u201cuna \u00e9poca\u201d, eran solo uno o una entre tantos y para poder superar su limitaci\u00f3n relativa deb\u00edan ser palabras en plural, refiri\u00e9ndose a todos los pueblos posibles y a todas las \u00e9pocas habidas y por haber. Ni siquiera la biblioteca de Alejandr\u00eda hab\u00eda satisfecho ese criterio en un momento en el que el conocimiento acumulado no era tan vasto como lo era m\u00e1s de dos mil a\u00f1os despu\u00e9s. En los tiempos modernos tampoco pod\u00edan hacerlo ninguna de las bibliotecas nacionales del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En fin, que el monstruo de la memoria infinita era no m\u00e1s que un mu\u00f1eco de paja, un molino de viento, un bosque sin \u00e1rboles, una visi\u00f3n imaginaria, hecha para dar cuenta de una dimensi\u00f3n inasequible, concebible solo como un espacio imposible de llenar. Era como la idea de la felicidad, que, seg\u00fan Georges Bataille en <em>L\u2019Abb\u00e9 C<\/em>, no ten\u00eda l\u00edmites, parecida en eso a un r\u00edo sin cauce. La idea de la monstruosidad de la memoria infinita no ten\u00eda sentido pues lo inexistente no pod\u00eda ser monstruoso, excepto en la idea de lo monstruoso, como era el caso con la idea del Diablo que a tantos hab\u00eda aterrorizado \u00e9poca tras \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size\">4<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">La visi\u00f3n del infierno en la obra de Dante demostraba la monstruosidad de una idea carente de todo viso de realidad. Pero aun en ese recinto imaginario, la monstruosidad era el atributo de expresiones concretas del comportamiento humano como la glotoner\u00eda, la codicia, la violencia y la traici\u00f3n. Ninguna de esas expresiones era monstruosa en s\u00ed. Dante las asociaba con la idea de la monstruosidad porque estaban en los registros de la historia, existiendo de manera definida en el tiempo y el espacio.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La peor dimensi\u00f3n del infierno Dantesco era la novena, donde resid\u00eda el Diablo acompa\u00f1ado de aquellos que hab\u00edan sido culpables de cometer una traici\u00f3n. Siendo la dimensi\u00f3n m\u00e1s nefasta, uno esperar\u00eda que estuviese repleta de cosas horripilantes, pero ese c\u00edrculo era no m\u00e1s que un pozo vasto y fr\u00edo con un lago congelado donde, a menos que estuviesen desnudos o mal abrigados, sus condenados pod\u00edan aprovechar su residencia para practicar el <em>ice hockey<\/em> o para cultivar el arte del patinaje art\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por supuesto, Dante no concibi\u00f3 pr\u00e1cticas tan ligeras y positivas para esa dimensi\u00f3n de su infierno, pero el punto es que su infinitud era tangible y posible, aunque ello suene parad\u00f3jico, porque ten\u00eda referentes concretos, incluyendo aquellos que en nuestro tiempo eran posibles porque eran reales. En ese nivel infernal pod\u00edan pasar muchas cosas, ninguna determinada de antemano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size\">5<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\"><em>Aqu\u00ed no pasa nada<\/em>, Arturo pens\u00f3 de repente, alej\u00e1ndose por un momento de su disquisici\u00f3n. Era una queja, no una expresi\u00f3n de alivio. Estaba de nuevo en Puerto Rico, como siempre en busca de las cosas que hab\u00eda perdido hac\u00eda a\u00f1os. Esta vez la visita giraba en torno a su matrimonio reciente, pero, tambi\u00e9n en contraste con Oates, no porque para \u00e9l su matrimonio fuese el tema m\u00e1s importante de su trayecto existencial.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201c\u00a1Qu\u00e9 maravilla!\u201d, exclam\u00f3 su amiga Ileana cuando Arturo y Maribel la visitaron. \u201c\u00a1No conozco a nadie que despu\u00e9s de divorciarse hayan vuelto a casarse!\u201d \u201cSolo el cinco porciento de los divorciados lo hacen\u201d, dijo Maribel. \u201cSomos parte de una \u00e9lite\u201d, sentenci\u00f3 Arturo.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hab\u00edan viajado para celebrar el matrimonio, pero lo que en verdad contaba era la relaci\u00f3n subyacente. Aun as\u00ed, el viaje era en realidad un hito m\u00e1s en la b\u00fasqueda por parte de Arturo de algo importante, algo que para ser celebrado no era suficiente conservar a trav\u00e9s de la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">De Albany a Nueva York, el viaje hab\u00eda sido normal. Maribel estaba relajada, contenta y reluciente. Llegaron a la estaci\u00f3n del tren con una hora de antelaci\u00f3n a la hora de partida. La estaci\u00f3n estaba vac\u00eda. El tren que sal\u00eda a las 11:10 estaba a tres minutos de partir. Por un instante tuvieron la tentaci\u00f3n de cambiar sus boletos. \u201cLos pueden cambiar\u201d, les dijo el empleado que gritaba que el tren estaba a punto de salir, sustituyendo con su voz tron\u00edfera al averiado <em>PA system<\/em>, \u201cpero solo tienen tres minutos\u201d. Los mir\u00f3 con una expresi\u00f3n como de reto, quiz\u00e1s pensando <em>tienen tiempo, pero ap\u00farense.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">En vez, dieron vuelta y se acomodaron en el caf\u00e9 adjunto a la estaci\u00f3n. No val\u00eda la pena salir m\u00e1s temprano si con ello no iban a adelantar su itinerario. Ordenaron dos <em>everything bagels<\/em> con crema de queso y se los comieron sin caf\u00e9, masticando cada pedazo lenta y deliberadamente, disolvi\u00e9ndolos bien en la boca para no atragantarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size\">6<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Esa fue una hora menos que tuvieron que esperar en JFK, no una hora menos de viaje, la que aprovecharon para conversar sobre nada. De haber llegado al aeropuerto una hora antes de la fijada, habr\u00edan esperado seis en vez de las cinco horas que estuvieron atascados antes de partir, gracias al retraso de su avi\u00f3n, que estaba estoquiado por el mal tiempo en Miami. Total que no importaba lo que hicieran, el tiempo de espera habr\u00eda sido el mismo, excepto que la misma cantidad de tiempo puede sentirse de modo distinto si el contexto de la espera es distinto. Esa es una de las artima\u00f1as del tiempo, que dicen que vuela cuando uno est\u00e1 disfrutando de algo y transcurre como un suero de brea cuando uno est\u00e1 solo, aburrido, o mal acompa\u00f1ado.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Como quiera que fuera, Arturo pens\u00f3 que si Dante hubiese escrito <em>La divina comedia<\/em> en nuestra \u00e9poca, su visi\u00f3n del limbo de seguro habr\u00eda inclu\u00eddo a los destinados a esperar por aviones retrasados, pululando sin rumbo por los aeropuertos hasta el agotamiento. En esa visi\u00f3n, el limbo habr\u00eda consistido de una serie de espacios vac\u00edos: el <em>counter <\/em>solitario de la l\u00ednea a\u00e9rea, el pasillo que llevaba de la puerta de entrada al avi\u00f3n ocupado solo por el aire, la parte del pasillo que se extend\u00eda hacia la puerta del avi\u00f3n como un acorde\u00f3n, encogida y aspirando el viento circundante. En ese limbo, las almas experimentar\u00edan una especie peculiar del <em>duol sensa martiri <\/em>Dantesco, peculiar porque el deseo que no podr\u00edan consumar no ser\u00eda el de Dios y el cielo, sino el de volar a tiempo hacia su destinaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size\">7<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Ahora Maribel estaba un poco ansiosa pero segu\u00eda contenta. Arturo estaba cansado e impaciente. Cuando pensaron que ya iban a emprender vuelo, el piloto anunci\u00f3 que tendr\u00edan que seguir esperando hasta que llegara el reemplazo de su copiloto, quien, gracias al retraso en Miami, hab\u00eda cumplido su jornada de trabajo; en esa condici\u00f3n, las reglas de la aerol\u00ednea le imped\u00edan seguir volando. En la cabina, un murmulleo de protesta se sinti\u00f3 de modo tenue pero con claridad, como una ola ondulando desde la cabina del piloto hasta la cola del avi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Despu\u00e9s de esperar por el copiloto, hubo que aguardar por el equipo que empuja el avi\u00f3n fuera de la puerta de entrada pues en ese momento estaba ocupado con otro avi\u00f3n. Arturo le dijo a Maribel que hasta entonces no se le hab\u00eda ocurrido que los aviones solo pod\u00edan moverse hacia el frente. En tono de burla ella le dijo: \u201c\u00bfY que t\u00fa cre\u00edas, que el piloto pod\u00eda dar riversa mirando por un espejo como si el avi\u00f3n fuese un carro?\u201d Con una carcajada a\u00f1adi\u00f3: \u201cQu\u00e9 idiota\u201d, y \u00e9l acept\u00f3 el juicio sin protestar.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">En suma, el viaje fue agotador, pero las maletas salieron r\u00e1pido y afuera cogieron el primer taxi en la fila. El chofer parec\u00eda tener quince a\u00f1os y no sab\u00eda c\u00f3mo llegar. Arturo le dio instrucciones precisas y despu\u00e9s de ofrecerle una generosa propina, pens\u00f3 que se merec\u00eda solo la mitad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size\">8<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Igual que la memoria infinita, que pod\u00eda existir \u00fanicamente en la <em>idea<\/em> del infinito, la inacci\u00f3n de la que se quejaba Arturo era tambi\u00e9n una idea, no un hecho. Era como la memoria de Joyce Carol Oates, que exist\u00eda en la recopilaci\u00f3n de su diario a la vez que no exist\u00eda al ella no poder recordar su contenido. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda decir <em>aqu\u00ed no pasa nada<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s del prolongado viaje, no hicieron m\u00e1s que tirarse en la cama, listos para disfrutar de largas horas de sue\u00f1o. Fueron frustrados de su empe\u00f1o por el cant\u00edo alborotoso de los gallos. Cuando dejaron de cantar, lleg\u00f3 la basura con su fracat\u00e1n de ruidos. Luego se escuch\u00f3 al vecino abriendo candados y rejas, los sonidos met\u00e1licos repercutiendo como si se produjeran en el mismo cuarto de ellos. A eso se a\u00f1adi\u00f3 el rugido del carro sin mofle que se alej\u00f3 dejando atr\u00e1s una estela sonora, como la de un trueno prolongado.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lograron dormir en los intersticios del ruido natural y el manufacturado. Ya para las ocho, en el parque aleda\u00f1o, un empleado comenz\u00f3 a cortar la grama y no tuvieron m\u00e1s remedio que levantarse. Por una hora, el ladrido de un perro acompa\u00f1\u00f3 al ronroneo de la cortadora de grama. Despu\u00e9s, Arturo se enter\u00f3 que el empleado tra\u00eda a su perro para que corriera por el parque mientras \u00e9l hac\u00eda su trabajo. Era la versi\u00f3n boricua de <em>bring your child to work<\/em>. Afuera, un gallo caminaba por el patio resguardando a las cuatro gallinas de su har\u00e9n. Ellas caminaban silentes mientras \u00e9l cacareaba, como si estuviera d\u00e1ndoles instrucciones. De repente brinc\u00f3 encima de una y en menos de cinco segundos consum\u00f3 su deseo, cumpliendo su faena mientra la picoteaba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size\">9<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">En la ma\u00f1ana del segundo d\u00eda en Puerto Rico, de camino al supermercado, Arturo not\u00f3 un gato muerto en medio de la calle. Yac\u00eda perpendicular a la cuneta y se le ve\u00eda claramente la cara de mat\u00f3n que suelen tener los gatos realengos. Tuvo que hacer una maniobra para no pasarle por encima, arriesg\u00e1ndose as\u00ed a chocar de frente con el carro que viniese en direcci\u00f3n contraria. Fue una maniobra innecesaria pues obviamente el gato ya hab\u00eda agotado su cr\u00e9dito de nueve vidas (o seis o siete, dependiendo del pa\u00eds). Aparentemente, la l\u00f3gica absurda de su acto dictaba que era mejor arriesgarse a sufrir una colisi\u00f3n frontal que sentir la cabeza del gato crujir bajo las gomas del carro.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al dar una curva vio con el rabo del ojo a una mujer obesa limpiando un patio con un soplador de hojas. Se la imagin\u00f3 desnuda y en cuatro patas, abriendo la boca como un hipop\u00f3tamo, y pens\u00f3 que si le sal\u00eda un cuerno en la nariz pod\u00eda ser un rinoceronte.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En un PARE se detuvo m\u00e1s largo de lo normal, la prueba de ello siendo el bocinazo iracundo y fulminante que le dio el chofer del carro de atr\u00e1s. Imagin\u00f3 que si no se mov\u00eda al instante, el chofer le pasar\u00eda por la derecha para entonces doblar enfrente de \u00e9l a la izquierda en una movida que no era tan rara en Puerto Rico y que era peor que la de Arturo tratando de no espacharrar por partida doble al gato.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el estacionamiento, dej\u00f3 el carro lejos de la entrada en el primer espacio disponible. No cre\u00eda en estar dando vueltas como un bobo buscando un espacio cercano a la entrada. Prefer\u00eda bajarse del carro cuanto antes y no le molestaba caminar. Cuando viv\u00eda en Puerto Rico no pensaba de esa manera. Caminar por caminar no le interesaba. La juventud era, de por s\u00ed, su acondicionamiento cardiovascular.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size\">10<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Antes de irse de la isla, Arturo nunca hab\u00eda hecho la compra en un supermercado. En su \u00e9poca, la compra se hac\u00eda en el colmado del vecindario. Decir \u201csu \u00e9poca\u201d era una forma extra\u00f1a de referirse al tiempo de su juventud, como si el momento presente, ya repleto de aventuras y experiencia, no fuese suyo. Recordaba haber entrado al <em>Pueblo <\/em>de la parada 18 y al que estaba en la Avenida De Diego, pero solo para comprar una que otra cosa. Ahora, iba al <em>Econo <\/em>de Plaza Carolina o al <em>Econo <\/em>peque\u00f1o de Villa Carolina donde llenaba su carrito hasta el tope como todo el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Al principio, las filas de carritos abarrotados de mercanc\u00edas en <em>todas <\/em>la cajas le resultaban insoportables, pero con el tiempo aprendi\u00f3 a esperar su turno con paciencia, maravillado por las compras gigantescas de la gente. Una vez se pregunt\u00f3 c\u00f3mo era posible que el consumo fuese tan pleno dado el nivel tan alto de la pobreza y r\u00e1pido comprendi\u00f3 que ello era posible gracias a la generosidad del gobierno: todo el mundo pagaba con la tarjeta de la familia, que era lo mismo que no pagar ni un centavo. Con la tarjeta, el estigma de los cupones hab\u00eda desaparecido e incluso cuando la cajera dec\u00eda \u201cnumerito\u201d, no quedaba claro que uno estaba usando la nueva forma de los cupones pues el \u201cnumerito\u201d pod\u00eda ser el PIN de una tarjeta de d\u00e9bito. Entonces fue al Marshall\u2019s de Can\u00f3vanas y su tesis qued\u00f3 en entredicho.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">All\u00ed no se vend\u00edan alimentos y el sitio estaba tambi\u00e9n abarrotado. La gente deambulaba por la tienda con carritos cargados hasta el borde de ropa, enseres, juguetes y chucher\u00edas de todo tipo. \u00c9l buscaba un gorro de l\u00e1mpara. El \u00fanico que estaba suelto era blanco. Otro, color crema, estaba montado en una l\u00e1mpara. Los intercambi\u00f3, pero despu\u00e9s de esperar media hora en una fila de m\u00e1s de cincuenta personas, el cajero le inform\u00f3 que si quer\u00eda el gorro ten\u00eda que comprar la l\u00e1mpara.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Desisti\u00f3 de su prop\u00f3sito y sali\u00f3 de la tienda otra vez pregunt\u00e1ndose c\u00f3mo era posible que tanta gente en Puerto Rico tuviera tanto dinero para gastar. Y est\u00e1bamos hablando de una clientela de pueblo, no de gente del Viejo San Juan, El Condado o Miramar. Quiz\u00e1s todos eran empleados del gobierno o profesionales y compraban a base de tarjeta, pero no de la familia sino de cr\u00e9dito. Una do\u00f1a, sin embargo, pag\u00f3 por unos <em>panties<\/em> negros con un billete de cien. Desafiando los rigores de la edad avanzada, llevaba una blusa con el hombro izquierdo al descubierto. El hombro desnudo era apetecedor, pero cuando se volteaba los cachetes colgantes como de perro sabueso, combinados con su exceso de maquillaje, provocaban una sensaci\u00f3n leve de terror. Arturo dio un brinco ante la imagen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size\">11<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Al otro d\u00eda, Maribel y Arturo fueron a la casa de una prima de \u00e9l a una fiesta de bienvenida. Por poco no llegan pues en la carretera n\u00famero tres un salvaje les dio un corte de pastelillo a sesenta millas por hora que por poco los descarrila del susto. El GPS insist\u00eda en mandarlos por la carretera 66. Arturo rechaz\u00f3 esa instrucci\u00f3n dos veces antes de que el sistema se diera por vencido y le dejara ir derecho por la n\u00famero tres hasta llegar a la rampa que conectaba con la urbanizaci\u00f3n donde viv\u00eda Ang\u00e9lica. Arturo record\u00f3 c\u00f3mo se llegaba a los sitios en la isla antes de que hubiese sistemas de navegaci\u00f3n v\u00eda sat\u00e9lite: pendiente del cant\u00edo de un gallo que anunciaba que estaban cerca o con la ayuda de un mapa de papel.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">La sorpresa de Arturo fue enorme y harto placentera al ver que sus amigos Ileana y Antonio estaban en la fiesta. Su hermana los hab\u00eda invitado en secreto. Julieta hab\u00eda insistido en que no se lo mencionaran a Arturo. Ileana por poco mete la pata cuando se dispuso a llamarlo para preguntar c\u00f3mo hab\u00eda que ir vestidos al evento. En vez, llam\u00f3 a Julieta y lleg\u00f3 a la casa portando un vestido negro muy elocuente. Antonio llevaba un pantal\u00f3n marr\u00f3n y una camisa de manga larga de un rojo cobrizo. Su barba blanca era frondosa pero acicalada. Arturo se re\u00eda cuando le dec\u00eda hola Antonio de Unamuno.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">En la fiesta hab\u00eda de todo: arroz con gandules, pernil, pasteles, morcilla, ensalada de siete pisos, turr\u00f3n, l\u00e1grimas de monte con almendras, coquito y todo tipo de refrescos. Hab\u00eda hasta un bizcocho de bodas para celebrar retrospectivamente la de Arturo y Maribel. La piscina que Ang\u00e9lica reci\u00e9n hab\u00eda instalado relumbraba con luces verdes; la superficie cristalina y pulsante tentaba, pero nadie se aventur\u00f3 a desafiar al agua que para algunos estaba fr\u00eda y para los m\u00e1s estaba congelada. De un televisor gigantesco sintonizado en YouTube sal\u00eda m\u00fasica navide\u00f1a interpretada por El Gran Combo. Cuando lleg\u00f3 la hora de cortar el bizcocho a alguien se le ocurri\u00f3 poner \u201cLa boda de ella\u201d en la pantalla. Arturo protest\u00f3 pero no le hicieron caso. El barullo del grupo ahog\u00f3 los insultos del Cano Estremera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size\">12<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">\u201cTodo lo que parece autobiogr\u00e1fico es en realidad ficci\u00f3n\u201d, Ileana dijo al final de la velada, sin explicar exactamente de qu\u00e9 manera una cosa era su contrario. Estaban hablando de la literatura y sus bases. Arturo record\u00f3 una expresi\u00f3n de Enrique Vila-Matas que dec\u00eda lo mismo, pero de otra manera. No lo cit\u00f3 para no quitarle el gusto a Ileana de haber dicho algo impresionante sin otro recurso que su originalidad. Agotado el tema, comenzaron a reflexionar sobre el evento.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella hab\u00eda quedado muy impresionada con la familia de Arturo, con la din\u00e1mica del grupo. \u201cTodo el mundo bebi\u00f3 pero nadie estaba borracho, los chistes, el humor, todo fue bien sano, con una buena dosis de provocaci\u00f3n pero sin caer en lo chabacano\u201d. Arturo se alegr\u00f3 de que ella lo pasara bien. Estaba agradecido de su amistad, tambi\u00e9n de contar con una hermana que lo quer\u00eda y con una prima muy especial. En el futuro, por m\u00e1s fallida que fuese su memoria, ese conocimiento ser\u00eda indeleble. Le dijo que con su familia \u00e9l hac\u00eda lo que sus colegas unidimensionales eran incapaces de hacer: se quitaba el sombrero de acad\u00e9mico e intelectual y se dispon\u00eda a gozar durante un buen rato en compa\u00f1ia de gente decente. A ese comentario Ileana no le dio importancia. Seg\u00fan ella, en la reuni\u00f3n de la familia de Arturo hab\u00eda tanta profundidad como en el seminario acad\u00e9mico m\u00e1s serio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size\">13<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">\u00bfC\u00f3mo cuadraba el asunto de lo real y lo ficticio? \u00bfC\u00f3mo figuraban lo uno y lo otro en la construcci\u00f3n de la memoria? Quiz\u00e1s Oates se daba cuenta que en cuatro mil p\u00e1ginas de recuerdos la bazofia ten\u00eda que apabullar a la sustancia y por eso no le importaba obviarlo todo excepto su matrimonio. Pensando de esa manera Arturo no lament\u00f3 que su af\u00e1n memorioso fuese incompleto y fragmentado. Si el poeta \u201cmaldito entre los malditos\u201d se miraba a s\u00ed mismo para verse mirando, Arturo recordaba las cosas para sentirse recordando. Quiz\u00e1s de esa din\u00e1mica era que se nutr\u00eda la memoria como conducto del recuerdo. Esa que no pod\u00eda ser infinita precisamente por ser memoria, atada a hechos finitos y concretos. La monstruosidad de su infinitud era una mera amenaza porque el infinito solo pod\u00eda existir, parad\u00f3jicamente, en lo aprehensible y fugaz. En el recuerdo de un viaje accidentado, en la falta de tranquilidad que acentuaba el agotamiento, en la visi\u00f3n de un gato muerto o una mujer rotunda, en el despelote de tiendas a tope, en la celebraci\u00f3n de una boda poco com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size\">14<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">\u201cNo importa cu\u00e1n excelente o cu\u00e1n horrible, de todo lo que uno puede imaginar hay un ejemplo en el mundo\u201d, hab\u00eda dicho Saul Bellow en<em> The Victim<\/em>, anticipando la convicci\u00f3n de Arturo. Eso demostraba lo que Arturo hab\u00eda dicho en otra parte, que no importa que la obra de uno se pierda pues \u201cya toda su obra hab\u00eda sido escrita o ser\u00eda escrita por otros en su ausencia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo importante era saber que la memoria exist\u00eda\u2014en el diario interrumpido de Oates o en el diario fragmentado e incompleto de Arturo\u2014; que era inexhaustible aunque de su contenido uno no se acordara; aunque la mayor parte de ese contenido no fuese importante. En su caso, Arturo pens\u00f3 que lo que una vez hab\u00eda sido real se hab\u00eda transformado en facs\u00edmil sin que se diera cuenta. No se sent\u00eda desfavorecido. El acto de recordar era renovador: creaba una realidad nueva, inesperada, m\u00e1s pulida, menos agobiante.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Aun as\u00ed, concluy\u00f3 que hab\u00eda sido objeto inadvertido de una estratagema. Sin que \u00e9l se lo propusiera, hab\u00eda tomado parte en un proceso imperceptible de conversi\u00f3n, como el desgaste de una roca asediada por el agua a trav\u00e9s del tiempo. Lo c\u00f3mico del caso era que aunque \u00e9l estaba al tim\u00f3n del proceso no lo controlaba. Lo que escrib\u00eda era un r\u00e9cord de vida, es cierto. Era la vida inmediata; una lectura al azar, una frase memorable, un viaje a Puerto Rico que hab\u00eda transcurrido entre el presente y el pasado.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">De la vida hab\u00eda pasado al relato, comenzando el trayecto como \u00e9l y terminando como otro que era el repositorio de su pret\u00e9rito en acci\u00f3n. Como ese otro no ten\u00eda que preocuparse de recordarlo todo. El drag\u00f3n del infinito no volaba, no botaba fuego por la boca y no ten\u00eda dientes afilados. Ahora pod\u00eda echarse a dormir sin preocuparse del ruido de una cortadora de grama o el cant\u00edo de un gallo. Ver la realidad que hab\u00eda creado mediante el acto de evocar el pasado le hizo comprender lo que hab\u00eda hecho. La memoria le hab\u00eda hecho una jugada inesperada al convertirlo en un recuerdo que pod\u00eda ser tan cierto como tan falso.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la Revista Trasdemar difundimos la creaci\u00f3n literaria contempor\u00e1nea de las islas<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":7006,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[12],"tags":[23],"blocksy_meta":"","yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v15.5 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>&quot;La memoria&quot; Por Jos\u00e9 Edgardo Cruz Figueroa - trasdemar<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/narrativa\/la-memoria-por-jose-edgardo-cruz-figueroa\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"&quot;La memoria&quot; Por Jos\u00e9 Edgardo Cruz Figueroa - trasdemar\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"En la Revista Trasdemar difundimos la creaci\u00f3n literaria contempor\u00e1nea de las islas\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/narrativa\/la-memoria-por-jose-edgardo-cruz-figueroa\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"trasdemar\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2024-10-21T20:06:01+00:00\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2024-10-21T20:06:06+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Cruz-768x1024-1.jpeg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"768\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"1024\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Tiempo de lectura\">\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"19 minutos\">\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/#website\",\"url\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/\",\"name\":\"trasdemar\",\"description\":\"Revista digital de Literaturas Insulares\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/?s={search_term_string}\",\"query-input\":\"required name=search_term_string\"}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"ImageObject\",\"@id\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/narrativa\/la-memoria-por-jose-edgardo-cruz-figueroa\/#primaryimage\",\"inLanguage\":\"es\",\"url\":\"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Cruz-768x1024-1.jpeg\",\"width\":768,\"height\":1024},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/narrativa\/la-memoria-por-jose-edgardo-cruz-figueroa\/#webpage\",\"url\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/narrativa\/la-memoria-por-jose-edgardo-cruz-figueroa\/\",\"name\":\"\\\"La memoria\\\" Por Jos\\u00e9 Edgardo Cruz Figueroa - trasdemar\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/narrativa\/la-memoria-por-jose-edgardo-cruz-figueroa\/#primaryimage\"},\"datePublished\":\"2024-10-21T20:06:01+00:00\",\"dateModified\":\"2024-10-21T20:06:06+00:00\",\"author\":{\"@id\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/#\/schema\/person\/503e9aad32a05d7cc28787030b4f693e\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/narrativa\/la-memoria-por-jose-edgardo-cruz-figueroa\/\"]}]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/#\/schema\/person\/503e9aad32a05d7cc28787030b4f693e\",\"name\":\"Redacci\\u00f3n\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"@id\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/#personlogo\",\"inLanguage\":\"es\",\"url\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/d2ac25c3f30a9c84b42491ac63a465ac?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Redacci\\u00f3n\"},\"sameAs\":[\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\"]}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7005"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7005"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7005\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7007,"href":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7005\/revisions\/7007"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7006"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7005"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7005"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7005"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}