
Presentamos en la Revista Trasdemar la nueva colaboración de la autora Elena Román (Córdoba, 1970) con una reseña literaria sobre el libro “Dirección obligatoria” de la autora Andrea López Kosak (Bahía Blanca, 1976), un volumen publicado por la editorial independiente Volcán de agua. Incluimos la reseña en nuestra sección “Continentes” de literatura contemporánea en español.
Andrea López Kosak nació en Bahía Blanca, Argentina, en 1976. Ha publicado los libros de poemas Bailar sola (Editorial de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, 2005); La Tarea (Manual Ediciones, Rancagua, Chile, 2011); Le dan hueso (Cinosargo Ediciones, Arica, Chile, 2012); Leva (Editorial Literal, México DF, 2015); Indor (El Ojo del Mármol, Buenos Aires, Argentina, 2015); Mula blanca (Caleta Olivia, Buenos Aires, 2018), El jardín de las licencias (Prueba de Galera Editoras, La Plata, 2021), Animales de costumbres (Pre-Textos, 2021, Premio de Poesía Juan Rejano-Puente Genil), reditado en Argentina en 2025 por la editorial Caleta Olivia y Antología una breve muestra de distintos libros publicada por la Editorial Liliputienses en 2022.
Poesía: La dirección
Andrea López Kosak (Bahía Blanca, 1976), ha publicado en Argentina, Chile, México y España, desplegando en todos y cada uno de sus libros una mirada objetiva y una poética exacta, limpia, impecable. En 2009 estuvo matriculada en la clínica de poesía de la Biblioteca Nacional Argentina, y en 2015 en la Escuela Argentina de Producción Poética de Bahía Blanca, coordinada por nombres de peso indiscutible: Mario Ortiz, Sergio Raimondi, Marcelo Díaz y Omar Chauvie. En España ha publicado Animales de costumbres (Pre-Textos, 2021, III Premio Internacional de Poesía Juan Rejano de Puente Genil) y Antología (Ediciones Liliputienses, 2022), libros ambos que nos han dejado por estos lares una amplia y jugosa muestra de cómo Andrea López Kosak pone el corazón donde dirige la mirilla, aguarda, dispara… y acierta. Imparte talleres y reconoce que “Destino” de Rosario Castellanos, influyó en su trayectoria poética. En su biografía es de destacar, además, que estudió la carrera de Psicología en la Universidad Nacional de La Plata. Quizás por esto o quizás no, el caso es que, consciente o inconscientemente, se refleja en su escritura cierta manera de detenerse en las actitudes y conductas ajenas y propias, en la razón, el sentido, el círculo que se abre y se cierra en torno a lo que ve e instala en un poema.
La editorial independiente Volcán de agua, argentina también, está especializada en la publicación de libros artesanales y fanzines de canciones. Además, según reza en su web, cuentan con “una colección itinerante de creación colectiva de libros en bibliotecas populares, donde se producen ejemplares únicos que son donados a las instituciones”. Reconozco no haber conocido a esta editorial antes de este momento pero me aseguraré de estar pendiente de sus próximas novedades.
La conjunción entre Volcán de agua y Andrea López Kosak hace posible esta maravillosa edición (seductora en cuanto a la vista y al tacto) titulada Dirección Obligatoria (2026), donde López Kosak se reafirma como la voz invisible de lo que contempla sin ser visto, intercalando dos planos: la infancia – lo que fue y que ahora parece soñado– y el presente –lo que sucede y que acapara su interés hasta el punto de advertir que nunca es lo que parece y que no hay quien lo frene–. Así, la coordenada donde confluye el ayer y el hoy es, una vez más, la poesía. Dirección Obligatoria es un inventario de la existencia: “(…) estoy / hecha a medida de lo que, sin valor, / se amontona” anuncia ya en el primer poema. Se fusionan en este volumen la niña y la mujer, no ya en la percepción (que sigue queriendo ser ingenua) sino en el entendimiento, compacto e inevitable.
Hay en estos poemas un deje amargo pero al mismo tiempo esperanzador. Es este un libro en movimiento a la búsqueda del sentido del tiempo y de la idoneidad (o no) de la permanencia que, también están en movimiento, por lo que la autora podría plantarse, si así lo decidiera y quisiera, en el infinito. “Estoy en lo que miro”, refiere, y gracias a su capacidad para hacernos ver aquello que mira, percibimos desde todos los ángulos la serenidad de quien todo lo comprende… por un instante. Andrea López Kosak, paseando cual flâneuse por las vidas normales, no habla desde un palco, desde la quietud, desde lo estricto, sino desde un deambular que, mecido por el viento, abarca todo tipo de talantes y también todo tipo de tonalidades; incluso las grises. Andrea con sus ojos puestos en el mundo, aunque haya tabiques por medio. Andrea mirando escaparates desde dentro y desde fuera. Andrea insistiendo en lo roto, en las alfombras lilas que propician los jacarandás (por estos lares desde donde escribo, sin tilde y grave: jacarandas), en los animales, en lo urbano, en lo cotidiano. Son estos poemas breves, de pocos versos, en los que no falta ni sobra una sola palabra ni tampoco el aliento, y en ellos destila en ocasiones cierta ironía como actitud para combatir la melancolía que le produce aquello que fue y hoy sigue siendo, pero cambiado; son breves estos poemas, y su sencillez, contundente. Así lo manifiestan sus finales rotundos y certeros, que no dejan ninguna duda de lo que transmite, como puñetazos en el estómago y disparos en la cabeza; nada continúa igual ante su precisión y puntería; sirva como ejemplo: “La muñeca repele lo que crece, / el pájaro lo que transparenta”.
La dirección que nos apunta Dirección obligatoria, valga la redundancia, es la de lo irremediable y sus efectos secundarios: envejecer, marchitarnos, morir: la degradación, el deterioro. “Caer / ¿es un acto o un descuido / de la voluntad de mantenerse arriba?”, pregunta y responde al mismo tiempo. Andrea López Kosak escribe “para no morirse del todo”. Lo mismo que quienes leemos sus poemas, que nos abaten pero que, también y afortunadamente, nos resucitan.
Elena Román (Córdoba, 1970) ha publicado veintidós libros en los géneros de poesía y narrativa, siendo los últimos No (tan) ángeles (La cartonera del escorpión azul, 2023) y Amapolamen (Gato Encerrado, 2023). Ha obtenido, entre otros, el Premio Internacional de poesía Luis Feria (2020) de la Universidad de La Laguna en Tenerife, el Certamen Internacional de poesía Barcarola (2012) y el Premio Internacional de poesía Blas de Otero–Villa de Bilbao (2011). Ha colaborado con sus textos en diarios, revistas y antologías literarias nacionales e internacionales, y con reseñas y entrevistas en varios medios, entre ellos la revista digital El coloquio de los perros. También ha ejercido como antóloga y se ha encargado de los prólogos y/o epílogos de obras de diversos autores. Ha sido traducida al francés, rumano, inglés y árabe.



