Lucía Rosa González, seis poemas de “Páginas trasladadas” y “Nada”, poema inédito

Compartimos en nuestra sección "Una habitación propia" una selección de poemas de la autora palmera Lucía Rosa González, narradora y dramaturga. En los últimos años ha intervenido en el II Encuentro Internacional de Poesía de Porto Santo, (Madeira) y en el III Encuentro internacional de Poesía celebrado en Punta Delgada (Azores)
Fotografía cortesía de la autora

Desde la Revista Trasdemar presentamos una selección poética de la autora Lucía Rosa González (La Palma, 1954) Poeta, narradora y dramaturga. Premio de Teatro Santa Cruz de La Palma en 1991 por Mujeres dominantes, hombres obedientes. En poesía ha publicado Casta de rosas ausentes, Premio de Poesía Pedro García Cabrera en 1994 (CajaCanarias,1995), De dónde el vuelo (Ediciones La Palma,1998), Sueños de qué mundo (Ediciones la Palma, 2003), finalista del Premio Internacional de Poesía de S/C de La Palma en 2000, y Páginas trasladadas (Idea, 2011)


LAS LLAGAS DE LO BELLO

Primero fue la niebla.
Como si entre su aliento acumuladas
vibraran las agujas
punzantes de los cactus.

Luego las rocas,
el rumor de las rocas en la niebla.
Nada de humano allí, y, sin embargo,
un ser extraordinario
parecía fluir, moverse, andar.
Brotaba de la herida
del cactus en la niebla.

Con la elocuencia digna de un ser sabio
y la decrepitud
de quien ya nace viejo,
con un falso temblor en las palabras,
menos palabras que conciencia,
juzgó no el punzamiento
sí el aliento vibrante de la herida
que renueva los tiempos,
y entró en la dimensión de aquellos dioses
que sin palabras hablan.

SOGAS

Son sogas anudadas.
¿El fuego de los tiempos las desata?

Los nísperos, la fruta, la acritud,
¿pueden romper los nudos?

Las hojas de los nísperos,
que caen encorvadas
sobre la piel crujiente de las niñas,
¿describen cicatrices?

Sogas inexorables.

Prohibido tocar hojas.
¡Prohibido tocar piel!

En el lugar del crimen,
corretean la cabra y los cabritos.
Si el lobo los devora, ¿volverán?
En tu cerebro ocultos, encendidos,
como arcos voltaicos,
¿y los devorará?

¿Es el infierno, dios?
Pues permita que el fuego
queme los crudos nudos.

¡Sonoros latigazos!

No hay más recuerdos nítidos
en el tiempo musgoso.

VERSOS DE GRAJAS NEGRAS

¿Eran versos aquello que venía
del canto de las grajas?

¿Sonidos olorosos
o rumores del viento en los naranjos?
Un lenguaje desnudo como orilla
en el instante en que las olas ven
de frente el horizonte
y avanzan hacia él, si retroceden.
Qué escándalo el mugido de las hojas
de los naranjos
entre las suaves garras de las grajas.
Lo negro de las aves
ceñía como piel la savia blanca.
Savia de los naranjos.

Vibró un poste de flor,
penetró el tiempo,
¿o eso no era el tiempo?
¿Era el ofrecimiento de la tierra?

Percibí
que existía un mugido en el azahar;
como si desbordara
lo negro de la tierra y se elevara,
inscribía sonidos en la placa
del aire revoltoso.

Entonces surgió un tren de remolinos.
Sus vagones surcaban las sustancias
de aquello que nacía.
¿Pero estaba o no estaba
aquello que nacía
bajo el camino cielo?
El cielo estaba frío.
El aire tiritaba.
De pronto el tren como bandada
se encapotó.
Las nubes exhalaron un acorde.
Negras las nubes.
¿Ese era el canto?
¿Verso de grajas negras
entre naranjos?

¿O no había grajas?

SONIDO DE ÁRBOL

Hueco cielo profundo,
¿te quedaste sin fondo relumbrante?
¿A quién cediste tu honda resonancia?
¿A este viejo castaño lapidado
por niños invisibles o verdugos?
¿A este viejo castaño
cuyas hojas descienden y se alzan
en posición de ola
sobre el barranco?

La noche alzó su lengua lamedora
hacia las crespas piedras.
Podría haberse oído el ruido del arroyo,
pero el arroyo solo discurría
como filo de viento en nuestra mente.

¿Acaso el pensamiento del castaño
trascendía la sed,
inventándose el agua inexistente
como arroyo de sueño
en nuestra mente seca?

Las piedras retumbaron
en el hondo barranco.
¿Lo que se oyó fue el cielo?
¿Su carcajada?
¿O fuiste tú, castaño?

LA LLUVIA HORIZONTAL

La lluvia horizontal
engulle la montaña.
La montaña está dentro
del vientre de la lluvia.
Su organismo de lluvia
rebosa tierra oscura.
Entonces, nuestros pasos
de niña en la montaña,
¿caminan en la lluvia?
¿Resuenan con la lluvia horizontal?
¿Llegarán al océano?
¡Los pasos son tan cortos! ¿Se ahogarán?
Demasiado voraz es el océano.
Oh, lluvia engullidora,
los nidos de las grajas,
¿están en esta lluvia que es tu savia?
El orín de los perros de montaña,
¿cae desde tu nube?
¿Y el canto de los mirlos?
En la errancia de seres tan dispares
por el tiempo borroso,
¿existe concordancia?

LA HIGUERA DE LOS ROQUES

La madre de los higos se encorvaba.

Subida sobre el tronco,
oí los capirotes, no su canto:
su vuelo hacia las hojas de la higuera,
su vuelo susurrante entre la niebla.

Los higos resbalaban y en el cesto
daban ligeros saltos como mirlos.
Pero no eran los mirlos.

Y lo que sucedía
no eran cosas del mundo que suceden.
¿Ascendía la higuera?
¿A quién asían sus ramas ya sin higos?
¿A la escamosa niebla de la cumbre
que iba y que venía
y entre sus ramas grises
se diluía?
¿Atrapaban su gris
mis talones desnudos?

El padre de las horas se encogió.
Como mirlo agitado entre las ramas
oscuro se ovilló.

Veloz el horizonte engulló el sol.

Y aquel miedo de niña, la soledad del monte,
la brevedad del día ya sin luz,
como un monstruo con alas
se personó en la niebla.

Como monstruo con alas en la noche,
posible y enigmática,
la diosa macilenta de la cumbre
de cabellera gris como de higuera.

Pero no era la higuera.

LA DAMA DE LOS TIEMPOS

En la última isla,
brota una nube
del fondo del océano.
En su interior el alma de la ola
adquiere vaga forma de serpiente,
de serpiente de mar.

Sobre la superficie del océano,
el arco transparente de su sombra
brama de modo lento, oscuro.

En la última isla del océano,
la dama de los tiempos,
sentada tras las rocas,
examina la ola:

«La ubicuidad del mar».
Lo dice con aliento de cebolla.
Y de sus ojos viejos
salen chispas volátiles.
Qué frágiles sus piernas.

Atraídas las moscas
liban la menta de su piel,
los secos excrementos de sus piernas.
Sentada tras las rocas
ve subir la marea.

En la primera fase de la ola,
en el cuenco del ciclo de la ola,
las chispas de sus ojos vaticinan
la oscuridad del agua transparente,
y un instante después,
las moscas en sus piernas
desovan y concluyen.
Percibe en el proceso, tras las rocas,
un olor a placenta no de insectos.

«Imposible seguir.
Qué presagio el banquete de las moscas.
¿Es ubicuo el final?»

Y entra en la ola.

NADA (Inédito)

He abierto los párpados, los ojos.
La puerta está cerrada,
afuera, todo afuera. El mar opaco
como el opaco cielo.

El alisio no está,
tampoco están los pájaros.

He cerrado los puños.

Fuera, la poesía
se lleva el sol a rastras
de este cuarto dormido.

Sobre la cama un tren
ronca despacio.

No hay más salida en torno a la tristeza
que sus férreos raíles.


Lucía Rosa González (Isla de La Palma, 1954) es poeta, dramaturga y narradora.
Premio de Teatro Santa Cruz de La Palma en 1991 por Mujeres dominantes,
hombres obedientes. En poesía ha publicado Casta de rosas ausentes, Premio de
Poesía Pedro García Cabrera en 1994 (CajaCanarias,1995), De dónde el vuelo
(Ediciones La Palma,1998), Sueños de qué mundo (Ediciones la Palma, 2003),
finalista del Premio Internacional de Poesía de S/C de La Palma en 2000, y Páginas
trasladadas (Idea, 2011). En teatro, Otro son, otra danza (Centro de la Cultura
Popular Canaria, 2001), que incluye las obras Otro son, otra danza y Auténticos
bohemios, y en teatro juvenil, Adónde van las brujas (Interseven, 2008 y Centro de la
Cultura Popular Canaria, 2021). En narrativa, los libros infantiles Donde el volcán
nace ( Interseven, 2005 y 2008), La niña de pimienta seca (Interseven, 2007;
Maresía, 2010) y Javier es una estrella (Interseven, 2007 y 2008). Figura en las
antologías de poesía Treinta poéticas (Lord Byron, Lima, 2008); Autores de La
Palma, (Cuadernos La Gueldera, 2016); la antología bilingüe, rumano-español, El
barco de papel: 12 poetas de Canarias (Bibliotecii Nationale a Romàniei, Iasi, 2016);
Voces del orillero mar (Algunos poetas de Canarias y de Berlín), edición bilingüe
alemán-español (Nace, 2018); Islas al Sur, Poetas actuales de Canarias y Argentina
(Plutonio y Nace, 2018); Fragua de preces, antología latinoamericana (Amazon,
2020), la edición bilingüe canario-eslovaco A tenger sós kenete a cargo de Péter
Zsoldos Végh, (Vámbéry Polgári Társulás, 2020) y la antología de relatos Perdona
que no me calle (Ed. Centro de la Cultura Popular Canaria, 2017). Ha dirigido la
revista literaria «Pequeños Poetas» y los grupos de teatro «El Roque» y «Ana Mª
Samblás». Ha participado en actividades de animación a la lectura en numerosos
Centros de Enseñanza de Canarias, en el Proyecto «Leer Canarias» y en el II
Congreso de Jóvenes Lectores de Santa Cruz de Tenerife. En 2018 intervino en el II
Encuentro Internacional de Poesía de Porto Santo, (Madeira) y, en 2019, en el III
Encuentro internacional de Poesía celebrado en Punta Delgada (Azores).

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