Manifiesto 2 “Archipiélago Cosmos” Revista Trasdemar de Literaturas Insulares

Obra de Gonzálo González (Cortesía del artista)

La revista Trasdemar aspira a ser la confirmación de la posibilidad de renovación y un referente más de las nuevas formas de habitar el multiverso literario; abriendo otra vez los mil grifos de sal del mapa lancelótico del vanguardista canario Agustín Espinosa; compaginando la “maldita circunstancia del agua por todas partes” de Virgilio Piñera con la “noria negra” del manglar virgen de Aimé Césaire en el Caribe. Todas las islas pueden volver su mirada al espejo de la creación y comenzar un diálogo necesario entre archipiélagos, reconociendo un mismo latido común y diverso, democrático.

MANIFIESTO 2

Hace 20 millones de años, las Islas Canarias comenzaron un periplo geológico de diferentes ciclos volcánicos para constituirse, durante ese período insólito y situado fuera de la historia, en el archipiélago que hoy conocemos. La literatura ha sido uno de los modos esenciales para contar la vida y reflejar la realidad de todos los lugares. Sobre el origen y el destino de las islas en el mundo existen numerosas épicas, tendencias y registros que han ofrecido un mosaico de paisajes, crónicas, mitologías y poéticas para la posteridad. ¿No son las islas una avanzadilla pretérita de los mapas que dieron cuerpo a las ideas de cada civilización? ¿Pueden las islas contener en sí mismas la tragedia cósmica y el designio feliz de la vida durante la contabilidad del planeta?

Ante la inercia de las estadísticas y los telediarios en la aldea global, preconizada por Marshall McLuhan, nuestro propósito consiste en rescatar por medio de la palabra múltiple y variada el potencial de espacios diferentes y de nuevos intercambios que nos brinda la insularidad universal. Como en la novela La Lézarde de Edouard Glissant, invocamos una nueva luz, “el primer calor del primer día” para las creaciones de nuestra contemporaneidad insular. El tiempo de los volcanes y el de la memoria retornan en un infinito necesario que supere la reducción de las islas a territorios exclusivos de hospedaje vacacional.

El antropólogo Marc Augé puso de moda el concepto del no lugar para aquellas localizaciones de tránsito humano donde nada permanece, como los aeropuertos y las estaciones donde se produce una movilidad acelerada y sin conciencia de su propio impacto sobre el devenir de las existencias. Las islas también han padecido a primera vista esa invisibilidad de los flujos humanos, difícilmente pensables en su diversidad de procedencias y desenlaces. Pese a la presión urbanística y el deterioro ecológico, el mestizaje y la polifonía de voces que el transcurso de los siglos ha orquestado en los archipiélagos construyen una deseable encrucijada para las islas, de una riqueza fértil y casi inexplorada. Esta diversidad cultural, que recuerda a la de su patrimonio botánico y a la singularidad ecológica de nuestras reservas de la biosfera, se contrapone al colapso de la sobreabundancia y al monopolio del poder ejercido desde los centros continentales. Ante la vieja y caduca noción del paraíso, reivindicamos el lado inédito de la historia y el potencial de las literaturas para anticipar nuevos horizontes de convivencia sostenible. Como dijo el Premio Nobel griego Odysseas Elytis, abogando por la transparencia absoluta, mientras surcaba el mar en una travesía imaginaria junto a las Simplégades, los míticos escollos móviles que amenazaron a los argonautas, “es justo dar a lo desconocido la parte que le pertenece; he ahí por qué debemos escribir”.

También las islas han sido lugares de excepción y de clarividencia, los potentes telescopios que descifran el universo desde la nocturnidad privilegiada de los observatorios insulares demuestran la carga de futuro que habitamos durante el sueño. Los habitantes de las islas sueñan como el poeta Rainer Maria Rilke en su novela Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, que pensaba no poder “dejar de dormir con la ventana abierta”, mientras los ruidos y el silencio revelaban para su existencia un interior desconocido. La creación literaria ha actuado como un magma providencial para la afirmación de las islas como espacios del metabolismo cultural, pues desde este otro lugar sostenemos el pulso contra la pérdida de sentido de un planeta falsamente interconectado bajo la lógica online y sumamos nuestra vocación internacional para la búsqueda y el hallazgo de los ecos de otras islas que se reconozcan, en el archipiélago cosmos, para la conciencia de un exterior unánime de vida, donde los idiomas y las poéticas confluyan hacia una enumeración de rutas insospechadas en los diccionarios de las letras.

La revista Trasdemar aspira a ser la confirmación de la posibilidad de renovación y un referente más de las nuevas formas de habitar el multiverso literario; abriendo otra vez los mil grifos de sal del mapa lancelótico del vanguardista canario Agustín Espinosa; compaginando la “maldita circunstancia del agua por todas partes” de Virgilio Piñera con la “noria negra” del manglar virgen de Aimé Césaire en el Caribe. Todas las islas pueden volver su mirada al espejo de la creación y comenzar un diálogo necesario entre archipiélagos, reconociendo un mismo latido común y diverso, democrático. En sus territorios, como en el poema Trópico de Josefina Pla, hay “piedras que encierran astros” y se puede escuchar al fin “la música del mundo en su primera tarde”.


Manifiesto 2 “Archipiélago Cosmos” (Diciembre 2020-Enero 2021)

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