Selección de textos de “El sueño del Gurugú”, obra reunida de Antonio Carmona

Desde la Revista Trasdemar difundimos la actualidad literaria de las islas.
Portada de El sueño del Gurugú, de Antonio Carmona (Editorial Cuatro Hojas, 2026)

Presentamos en la revista Trasdemar una selección de textos en prosa poética de El jardín de los universos, libro incluido en El sueño del Gurugú (Editorial Cuatro Hojas, 2026), el volumen que contiene la obra reunida de Antonio Carmona (Melilla, 1958). Cabe destacar que El sueño del Gurugú se presentará el viernes 9 de octubre a las 18:00 horas, en la Feria del Libro de La Laguna de 2026, la cual se celebrará en la conocida Plaza del Cristo lagunera, con la presencia del autor y de Ramiro Rosón, escritor y miembro del comité de redacción de Trasdemar.

Como expresa el autor en la contraportada del libro, «El sueño del Gurugú es el título de un único volumen que recoge mi obra reunida. Al fallecer Eva, el gran amor de mi vida, había que cerrar simbólicamente el ciclo literario y la vida que viví con ella, como si el monte que vigila Melilla, situado en la frontera marroquí, despertara de un largo sueño. Así llegó la necesidad de este proyecto, el despertar en otra vida.

«El sueño contiene cuatro poemarios, dos libros de relatos y uno de prosa poética, si bien, por el carácter inclusivo del estilo, se encuentran textos híbridos en todo el cuerpo del volumen. De los siete libros, cinco han sido galardonados con uno de los premios Tiflos especiales para discapacitados visuales: los poemarios y Purgatorio, una colección de relatos. Para una aproximación a El sueño del Gurugú, sugiero la lectura del prólogo que Ramiro Rosón ha escrito para este volumen, pues explica el estilo y capta el materialismo filosófico bajo el que miro el mundo, tal y como lo deseo mostrar».

EL JARDÍN DE LOS UNIVERSOS

I

EL RAYO QUE NOS UNE

En cuclillas mira el humo elevarse. Los insectos lo distraen. Una racha de viento –anochece en la sabana–, durante un cambio de insectos, aviva las llamas en un matojo acribillado por el rayo. Ardiendo voló cerca del suelo, en línea recta, como si siguiera una línea de pólvora, hasta el bosque. El espíritu lo hizo. Hacía dos vidas desde que otro matojo en llamas por el rayo, incendió los árboles y sus anillos mojados por un diluvio antiquísimo. Ardía la memoria. Ante el incendio, atrapados por un hechizo nuevo, en cuclillas, por las llamas que veían por primera vez, por las crepitaciones que por primera vez escuchaban, el rayo adquirió, ante sus ojos, condición divina generación tras  generación, de especie en especie del mismo género: mito común. El fuego que desata dejó de tener sentido. Primero fue apresado, después domesticado: luz que prolonga el día, que calienta al moribundo acompañado en el adiós definitivo, en un elevado acto civilizatorio, humano, de amor, sabio y hermoso, consecuencia del carácter espiritual de la especie. A veces lo comían. Homo Spiritualis proyectaba su delirio, su mundo en el mundo, por la puerta de atrás. Una  anomalía. Afuera los espíritus cobraron existencia. Homo, enfebrecido por la devoción a su creación, al dios que proyectó, al calor y a la luz del fuego domesticado, vivía el delirio de los espíritus. Acudieron los relatos y la poesía. Se activaron otros aspectos cognitivos y se instituyó un calendario de bailes.

II

TUÉTANO

ALIMENTO DE UN GÉNERO

En la sabana, amanece, hay un cambio de turnos de depredadores y carroñeros. Las leonas, fuera de su horario, alcanzaban el principio de un plan. Elegían las presas, las acordaban y se apostaban en formación para el ataque. Homo, en cuclillas, contempla la caza. Espera. Vendrán hienas, quizás perros y, con seguridad, buitres. Cuando llegue su turno les tirará piedras y revolotearán resistiéndose unos minutos. Saciados, levantarán el vuelo, pesadamente. Homo, en su turno, en cuclillas, con un percutor donde comenzaba a inscribirse su destino en martillo, golpeó el hueso y extrajo el tuétano: alimento refugio, común, de todas las especies de un género.

III

DOMESTICACIÓN DE LA MÚSICA

El fuego es el centro, la noche es muy clara. El cazador, instintivamente, salta al ritmo de la novedad acústica que disipa el hechizo de las crepitaciones, con el sonido curvo de los huesos y el tam-tam hueco de los troncos. Desde el margen, cambiándolo todo, la música acalla el parloteo de los bosques milenarios. Los pájaros escuchan una lengua nueva de flautas, palmas y tambores. El cazador danza victorias poseído por los ritmos, el impulso freudiano desatado y legendarias hazañas de su tribu. Frenética danza alrededor del fuego, ante el mar. Olas lamen fósiles de moluscos extintos. Sus pausas son parte del ritmo que, en la sangre, música adentro domestica el caos. El trance y el delirio, hijos de la armonía, conducen al guerrero ante el espíritu. Con el baile y la hechicería, el azar, sin propósito, retenido, atado, no soplaba desorden. Se detuvo la ola y entonces la música se detuvo también, y se retuvo al destino global de los Universos.

IV

LA OLA RUGIÓ

La ola rugió. Se movió torpemente al principio. Después, a velocidad imposible para ese muro de mar gigantesco y enfurecido, se dirigió a la playa y más allá, si consideramos su tamaño y su velocidad de pesadilla. El rugido, rezagado, sostuvo el ritmo, mantuvo la distancia, siguiendo a su ola que quería silencio. Adelantándose a la ola, el rugido se esparció por dentro y por fuera de una tribu, por las venas  de los árboles, por los pies  hundidos en la tierra, en el humo, en el humus  y en la música. El rugido en la música. La ola pasó de largo. Plantados, echaron raíces que  masticaron para ser en el delirio de los dioses. Ante la muerte invencible, una genialidad: otra existencia. Al margen, en los primeros árboles de la selva, la noche guardaba, sin viento, sin respiración, con  la inmovilidad absoluta de animales, vegetales y hongos, silencio. El rugido encontró su lugar en las gargantas del coro. Sonó la caña, el hueso del buitre y los golpes sordos, sin eco, en los troncos. Los espíritus bailaron, como vivos, la danza de la muerte.

V

TÚMULO

1.

Te esperaba. Sigue leyendo. Tienes el honor de ser le únique destinatarie. Un epitafio para ti. Escríbelo tú misme.

2.

Sé que te gustaría saber si existo de alguna manera. Guardo silencio. Me percibes y me vuelves a meter en tu cabeza.

3.

Piensa en mí, caminante. Para mí existes, como yo para ti. Yo no existo para los pájaros, ni los pájaros para mí. En cambio, entre tú y los pájaros, una misteriosa corriente del destino, te empuja a esta casa de los muertos.

4.

Pasará cualquier noche para sanarte. No será tu mejor polvo, no lo echarás. Lástima. Habría sido uno de muerte, o con la muerte.

5.

“Existirás mientras exista el tiempo: límite de la eternidad, periodo de tu condena, consecuencia de tu fe”.

6.

Todos cometemos el error de haber nacido. Eso nos iguala. Para morir hay que estar vivo. Para estar vivo hay que ser raro, excepción que no escapa a la tercera ley: “a tomar por saco la bicicleta”.

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