Reseña del libro “El proyecto Borges y otros ensueños” (por Rafael Escobar Sánchez)

Desde la Revista Trasdemar difundimos la actualidad literaria de las islas.

Presentamos en la Revista Trasdemar la reseña que ha escrito Rafael Escobar Sánchez (Belmonte, 1979) acerca del libro de relatos El proyecto Borges y otros ensueños (Centro de la Cultura Popular Canaria, 2026), creado por el autor Ramiro Rosón, miembro del comité fundador de nuestra Revista. Compartimos este texto en nuestra sección “El invernadero”, dedicada a la literatura canaria actual.

Rafael Escobar Sánchez es poeta, narrador, crítico literario y profesor de Educación Secundaria. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Castilla-La Mancha en 2001, desde 2003 ha ejercido la docencia en diversos institutos de la región y, actualmente, en el IES Lorenzo Hervás y Panduro de Cuenca. En 2009 ganó el XXV Premio de Poesía Joaquín Benito de Lucas con Todo el mundo debería ser apedreado (Melibea, 2010). En 2012 publicó los poemarios Repartir los huesos y Caridad y claridad en un solo volumen (Editorial Cocó). En 2014 apareció su poemario Cerca de la herida, al que han seguido los poemarios Sino a quien conmigo va (2017), Lover, lover, lover (2021) y Confortablemente muerto (2026), todos ellos publicados por la editorial madrileña Tigres de Papel. Además de su labor poética, ha escrito la novela Botas de siete leguas (Mahalta, 2023) y se encuentra ultimando su segundo libro de narrativa. En febrero de 2026 fue elegido académico numerario de la Real Academia Conquense de Artes y Letras (RACAL). Es presidente de la asociación Poesía para Náufragos y se encarga de la programación de las Jornadas sobre Fray Luis de León en su localidad natal. Ha colaborado con publicaciones literarias como Turia, Verbo Azul, Cuadernos Áticos, Veintiún Versos o Ex-libris.

Portada del libro de relatos El proyecto Borges y otros ensueños (Centro de la Cultura Popular Canaria, 2026). Cortesía de Ramiro Rosón.

Diversos son estos cuentos de Ramiro Rosón en su contextualización geográfica (su entorno natal pero también la India o Brasil, con un fascinante contraste entre el lujo casi decadentista del hotel de São Paulo y la cruda realidad de la pobreza de la vida rural del país) y cronológica (de la actualidad al S.XVIII español y su choque entre el conservadurismo y las ideas “nocivas” de los ilustrados europeos), pero componen un conjunto coherente, sólidamente estructurado en torno a dos motivos temáticos que también resultan inseparables uno del otro. El primero, la condición poliédrica de la realidad, la necesidad de asumir su naturaleza diversa, incluso caótica, poco dócil a nuestro afán de encarcelarla en dogmas o cálculos (en este sentido, las experiencias con las drogas o el sexo de los personajes, resultan decisivas), su imponerse por encima del confort de los discursos reduccionistas o el maniqueísmo simplón de los frentes de “buenos” y “malos” de la historia. El otro, la libertad… que es la consecuencia natural de la sabiduría de haber aprendido, y hasta asimilado hasta la médula, lo primero; y el sendero hacia la vida que podemos denominar legítimamente así porque ya es propia, fruto de nuestras decisiones y experiencias y no de la obediencia a un legado que es tanto como un yunque cuyo peso nos reduce y nos aplasta.

En este sentido, “Pandit” es un relato particularmente emotivo: su protagonista no solo consigue superar el complejo de superioridad cultural al regresar a un país pobre tras formarse entre las élites de la burguesía culta occidental, sino rechazar las convenciones de las dos culturas que lo condicionan por igual: la ambición por el trabajo y el dinero, de sello europeísta, y prisiones heredadas como el matrimonio concertado (cuando se enamore de su prometida, lo hará por elección personal) al que intentaba someterlo su familia.

Abundan, por lo dicho anteriormente, en estos relatos los personajes protagonistas que deben luchar por su emancipación, que se sienten vacíos, al borde del colapso mental y, con un gesto más o menos radical (el de “La maldita vergüenza” lo es tanto que sume a Germán en un proceso de culpa y búsqueda de la redención similar al de un Raskolnikov) se conceden a sí mismos la última oportunidad lograr su verdadera definición personal. El azar, que bien sabemos no siempre rema a nuestro favor porque le resultamos del todo indiferentes, les muestra, sin embargo y frecuentemente, su cara más amable. Así, el dinero ganado en la ruleta pone al protagonista de “Isla de ciegos” en el camino de lo que acabará siendo su primera oportunidad de vivir y en “El opositor suicida” un accidente de tráfico evitará que la frustración de Félix se acaba traduciendo en violencia contra los demás o contra sí mismo, pues en su interior desquiciado asesinato y suicidio se confunden como una misma pulsión destructiva.

En ocasiones, como en “Allí seremos libres”, y creando una paradoja dolorosa con lo que pudiera inspirar su título, la intención crítica de Ramiro, honda y lúcida en cualquiera de sus cuentos, parece demandar un final dramático capaz de estremecer y hacer pensar al lector. Pero creo que es este un libro en el que tiene un papel significativo la esperanza (así, los inquisidores y reaccionarios que afianzan lo obsceno de su pared en el mencionado relato de ambición dieciochesca son derrotados sin paliativos en “La maldita vergüenza”). Pero nunca con el reblandecimiento emocional o la cursilería de un “happy end” tópico. Los protagonistas no se engañan acerca de la dureza de las vías de salvación que puedan escoger, son conscientes de que son itinerarios duros, llenos de pruebas de supervivencia que les harán oscilar entre la alegría y el dolor, y hasta albergar el deseo de rendirse, pero que acabarán liberándolos de la comodidad falsa de unos modos de existir para los que nunca se había contando con su opinión.

Párrafo aparte merece el cuento que da título al volumen, el más singular en su orientación temática y, para quien escribe, quizá el más logrado por su originalidad y la variedad y hondura de los frentes de reflexión que afronta y consigue. A partir de una alusión a “La biblioteca de Babel” de Borges, va hilando todas las razones por las que el progreso tecnológico (no exclusivamente la IA) puede convertirse no en avance hacia un mundo más coherente y justo, sino en la antesala de su aniquilación. El vicio de intentar convertirlo en una predicción del futuro que, paradójicamente, acaba hundiéndonos en la incertidumbre. La obscenidad de convertirlo en un motivo de lucro despiadado, de manipulación ideológica y de tergiversación interesada de lo real. El arte y la cultura que se vacían, pierden sentido y legitimidad porque ya no son un reto en que los seres humanos aspiran a narrar sus emociones y experiencias, afrontando las limitaciones de los códigos de comunicación creados por ellos mismos. Igual de intenso es el debate sobre si esos avances deben tener una orientación pragmática que es al mismo tiempo ética (el compromiso social y la mejora de la vida de los individuos) o plegarse a ambiciones intelectuales y artísticas en que el genio corre el riesgo de acabar convertido en un nuevo Dr. Frankenstein, abrumado por la monstruosidad inconsciente que ha terminado engendrando. Por todo lo dicho, un relato excelente cuyo alcance va mucho más allá de la referencia culturalista que le da pie.

De cualquier forma —y es necesario consignarlo porque es una de las mayores cualidades del libro—, prácticamente todos los cuentos del volumen están sembrados de detalles que revelan la pasión de Ramiro por la cultura en todos sus frentes: las canciones de los clásicos del pop y el rock (lógicamente, me encanta encontrar a Leonard Cohen, The Doors o Led Zeppelin entre estas páginas), los poetas románticos y las piezas de música clásica (Keats, Schubert), los hitos referenciales de espiritualidades que consideramos alternativas (como el hinduismo) o algunos de aquellos pensadores sobre los que cayó la sospecha de la herejía por someter a crítica la moral aprendida (Feijoo, Bayle) o que obviamente incomodaron en fechas más recientes (Foucault, Beauvoir).

Se trata de un escritor que ya me había deslumbrado como poeta, por el rigor formal y la multiplicidad de enfoques temáticos diversos que afronta en cada obra lírica, pero del que ahora descubro una nueva faceta creativa que, como era fácil de imaginar, es un impulso más para el deseo de seguir conociéndolo y, aún más felizmente, un eslabón de una trayectoria literaria a la que le resta todo el tiempo del mundo para seguir cobrando entidad.

Deja un comentario