{"id":6638,"date":"2024-07-15T15:59:17","date_gmt":"2024-07-15T15:59:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/?p=6638"},"modified":"2024-07-15T16:18:10","modified_gmt":"2024-07-15T16:18:10","slug":"resena-los-dias-de-guayedra-de-santiago-gil-por-victoriano-santana-sanjurjo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/resenas\/resena-los-dias-de-guayedra-de-santiago-gil-por-victoriano-santana-sanjurjo\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a &#8220;Los d\u00edas de Guayedra&#8221; de Santiago Gil, Por Victoriano Santana Sanjurjo"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"650\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/img_Los-dias-de-Guayedra-650x1024.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6639\" srcset=\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/img_Los-dias-de-Guayedra-650x1024.png 650w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/img_Los-dias-de-Guayedra-191x300.png 191w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/img_Los-dias-de-Guayedra-768x1209.png 768w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/img_Los-dias-de-Guayedra-976x1536.png 976w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/img_Los-dias-de-Guayedra-1301x2048.png 1301w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/img_Los-dias-de-Guayedra.png 1636w\" sizes=\"(max-width: 650px) 100vw, 650px\" \/><figcaption>Portada del libro \/Cortes\u00eda: Mercurio Editorial<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\" style=\"font-size:31px\">Presentamos en la Revista Trasdemar la nueva colaboraci\u00f3n del autor Victoriano Santana Sanjurjo, con la rese\u00f1a del libro &#8220;<em>Los d\u00edas de Guayedra<\/em>&#8221; (Mercurio editorial, 2023) de Santiago Gil  (Gu\u00eda de Gran Canaria, 1967) Escritor, poeta y novelista, es Licenciado en Ciencias de la Informaci\u00f3n por la Universidad Complutense de Madrid, ha publicado una veintena de libros, obteniendo reconocimientos como el Premio Internacional de Novela P\u00e9rez Gald\u00f3s 2020. Particip\u00f3 en Benengeli 2022, la Semana Internacional de las Letras en Espa\u00f1ol del Instituto Cervantes y \u200ben 2024 apadrina la <em>Casa del Libro de Las Palmas<\/em>. Compartimos la rese\u00f1a en nuestra secci\u00f3n &#8220;El invernadero&#8221; de literatura contempor\u00e1nea en las islas<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Guayedra es el s\u00edmbolo de un ed\u00e9n traum\u00e1tico: deb\u00eda ser, por sus cualidades, por sus amarres emocionales, por su conexi\u00f3n c\u00f3smica, el \u00faltimo y duradero reducto de un mundo que ya se sab\u00eda desmoronado por la ambici\u00f3n que alimentaban la espada y la cruz; el sitio donde, con el paso de los siglos, fuera posible apaciguar el retorcimiento gen\u00e9tico que envuelve al canario cuando se percibe como descendiente de v\u00edctimas y de victimarios; el refugio donde la memoria de la juventud se mantuviera inc\u00f3lume y el coraz\u00f3n tuviera un lugar adonde volver cuando se fragmentara. Todo esto deb\u00eda ser el espacio m\u00e1gico en la conciencia de las cuatro voces que lo articulan en esta poderosa novela de Santiago Gil<\/p><cite><strong>VICTORIANO SANTANA SANJURJO<\/strong><\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p style=\"font-size:31px\"><strong><em>Autobiograf\u00eda de la inmortalidad<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\"><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\" style=\"font-size:25px\">No he sido un gran lector de la obra de Santiago Gil, sin que se deba presuponer que esta circunstancia obedece a desd\u00e9n alguno. No lo he sido porque me he despistado con otros escritores y otros t\u00edtulos. Tampoco lo he sido de Luis Feria y s\u00ed, en cambio, de Manuel Padorno. Le he hecho menos caso a Tom\u00e1s Morales porque me he entretenido m\u00e1s con Alonso Quesada; y, entre teldenses, antes sujeto a Fernando Gonz\u00e1lez que a Saulo Tor\u00f3n, sin que sea admisible cuestionar mi adhesi\u00f3n al autor de <em>Las monedas de cobre <\/em>(1919), <em>El caracol encantado <\/em>(1926) o <em>Canciones de la orilla <\/em>(1932). Me han seducido m\u00e1s Pedro Lezcano que los Millares Sall, Agust\u00edn y Jos\u00e9 Mar\u00eda; y Josefina de la Torre o Alicia Llarena que Dolores Campos-Herrero o Cecilia Dom\u00ednguez. M\u00e1s apetecible me resulta el cobijo de Jorge Rodr\u00edguez Padr\u00f3n que el de Domingo P\u00e9rez Minik; y busco primero los techos de Juan Jos\u00e9 Mendoza o Sabas Mart\u00edn que los de Juan Cruz o J. J. Armas Marcelo. Me siento m\u00e1s af\u00edn con\u2026, m\u00e1s inclinado a\u2026 Nada m\u00e1s. No hay fisura alguna en el casco de mis apreciaciones por donde quepa concluir animadversiones hacia los que he le\u00eddo en menor cantidad a pesar de la abundancia que nos han regalado en calidad. Dentro del cupo de las narrativas canarias del veintiuno, la cabra interior que llevo tira antes por los riscos de un \u00c1lamo de la Rosa <em>\u2014<\/em>donde contin\u00fao pastando con beat\u00edfica felicidad<em>\u2014<\/em> que por los de Nicol\u00e1s Melini, uno de los narradores m\u00e1s destacados que tiene la literatura de nuestra tierra en lo que llevamos de siglo (<em>Africanos de Madrid \u2014<\/em>2017\u2014, por ejemplo, me parece una obra indispensable); y, en clave grancanaria, antes me he amarrado al m\u00e1stil de los barcos de Alexis Ravelo o Jos\u00e9 Luis Correa que a los de otros autores sin que sea razonable sostener que cuestiono el valor de los que silencio porque no es as\u00ed. Al contrario, los nombrados, muchos de los intuidos y no pocos de los sugeridos, con independencia de mis despistes y adhesiones, forman parte de ese patrimonio literario canario \u2014y, por extensi\u00f3n, hisp\u00e1nico\u2014 que hemos de cuidar y difundir. A todos debemos, dig\u00e1moslo ya, sempiterna gratitud. Sigo.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">De la que <em>\u2014<\/em>reconozco<em>\u2014<\/em>, ha sido mi breve experiencia sobre la obra de Santiago Gil, conservo pasajes recurrentes de <em>Los a\u00f1os bald\u00edos <\/em>(2004) y <em>Las derrotas cotidianas <\/em>(2009), y el recuerdo de un t\u00edtulo que llev\u00e9 a las aulas y que funcion\u00f3 muy bien con el alumnado: <em>El parque <\/em>(2005). Mis discentes, adscritos al gremio de los no-lectores que, adem\u00e1s, odiaban-la-lectura (porque se puede no leer, pero de ah\u00ed a despreciarla\u2026), se beb\u00edan las p\u00e1ginas de nuestro autor con verdadero deleite. Tan asombroso y delicioso fue lo vivido en el aula, que tom\u00e9 la decisi\u00f3n de alterar la programaci\u00f3n para acondicionarla al libro del guiense. Funcion\u00f3 tan requetebi\u00e9n la obra en aquel grupo del Programa de Cualificaci\u00f3n Profesional Inicial que no me atrev\u00ed a repetir la actividad el curso siguiente: no quer\u00eda perder el buen sabor de la experiencia. Y s\u00ed, fui ego\u00edsta, lo s\u00e9, lo reconozco: prefer\u00ed conservar el grato recuerdo, el instante sublime, al intento de prolongarlo con otros educandos que, quiz\u00e1s, no me dar\u00edan aquello que recib\u00ed de sus antecesores. Tambi\u00e9n busqu\u00e9 no quemarme con el conjunto de relatos: leer lo mismo de nuevo (cada vez de forma m\u00e1s mec\u00e1nica), hacer las mismas tareas, plantear los mismos debates\u2026 pod\u00edan traer consigo un hartazgo tal de la obra que, sin duda, acabar\u00eda m\u00e1s pronto que tarde siendo inmerecidamente aborrecida (de ah\u00ed al olvido hay un trecho muy peque\u00f1o). Hice bien. En la actualidad, contin\u00fao conservando como un grat\u00edsimo episodio de mis quehaceres docentes aquellas jornadas escolares y mi valoraci\u00f3n tan positiva del t\u00edtulo no ha decrecido. \u00bfMe preguntas si necesita ciertos retoques, arreglos y puntuales intervenciones del autor y la editorial? S\u00ed, los necesita, pero no conlleva esta circunstancia menoscabo alguno hacia un texto que, a mi juicio, sigue teniendo mucha fuerza en lo estil\u00edstico y lo conceptual.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\"><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\" style=\"font-size:25px\">Con las credenciales que representan, por una parte, el desconocimiento <em>grosso modo <\/em>de la fecunda, heterog\u00e9nea y felizmente reconocida producci\u00f3n literaria de Santiago Gil, y, por la otra, la reconfortante vivencia did\u00e1ctica que me concedi\u00f3 uno de sus t\u00edtulos, llega a mis manos su \u00faltima obra (o pen\u00faltima, no s\u00e9, pues nos hallamos ante un escritor en estado perpetuo de creaci\u00f3n y de publicaci\u00f3n): <em>Los d\u00edas de Guayedra<\/em>, una novela que ha visto la luz en Mercurio Editorial y cuya experiencia lectora ha merecido la pena. Mucho, mucho, mucho.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">La honradez \u2014esa p\u00f3cima que concede paz a la conciencia\u2014 puja por su lugar: no es correcto afirmar que estemos ante la mejor novela de Santiago Gil porque, al no haberlas le\u00eddo todas, carezco de fundamentos para establecer las preceptivas comparaciones que el rigor exige, pero s\u00ed estoy en disposici\u00f3n de sostener, con la necesaria firmeza que el caso requiere, que es la que nos convoca una obra extraordinaria; un ejercicio po\u00e9tico de primer nivel que ha tra\u00eddo consigo un producto merecedor de los m\u00e1s variados parabienes y agradecimientos. \u00bfAgradecimientos? S\u00ed, agradecimientos. C\u00f3mo no dar las gracias despu\u00e9s de haber invertido una porci\u00f3n de placentero y provechoso tiempo existencial en la lectura y asimilaci\u00f3n de una pieza literaria; unas horas, las entregadas, las dedicadas con gusto a estas p\u00e1ginas sostenidas sobre cuatro voces, que en mi caso han venido acompa\u00f1adas de unos sencillos apuntes que me complace compartir contigo porque, intuyo, han de hallarse entre algunas de mis conclusiones ciertas ideas con las que, sin duda, te habr\u00e1s de sentir identificado.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\"><strong>III<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\" style=\"font-size:25px\">Con el libro en mis manos, lo primero que conviene advertir es que tiene 160 p\u00e1ginas. Pocas para la media del g\u00e9nero literario al que cabe adscribir el producto. Esto nos pone en aviso: la brevedad en las novelas suele ser indicativo de profundidad en los contenidos, de intensidad ret\u00f3rica y po\u00e9tica. \u00bfEs as\u00ed? Me preguntas impaciente. S\u00ed, es as\u00ed. Te respondo a sabiendas de que deber\u00eda confirm\u00e1rtelo m\u00e1s adelante, no ahora. Sigo. Por su aspecto, forma parte de la colecci\u00f3n de narrativas extensas de Mercurio Editorial. Su fondo negro, su tipograf\u00eda y la disposici\u00f3n de los elementos informativos y mercantiles declaran la pertenencia.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Hecho el primer tanteo, lo que procede a continuaci\u00f3n es la puesta en pr\u00e1ctica de lo que vienen a ser los rituales previos a la lectura. Para ello, es preceptivo partir de un convencimiento inherente a cuantas creaciones humanas se han ganado el derecho a superar las barreras del tiempo y el espacio: que lo contemplado no es la consecuencia de una carambola. No. Todo, para que tenga valor, para que pueda atribuirse a la genialidad, ha de significar algo. Nada ha de estar presente en el objeto que aspira a la perpetuidad sin una raz\u00f3n de ser y sin que sea el resultado de un consenso entre la inspiraci\u00f3n, la t\u00e9cnica y, por supuesto, el talento. Por eso, porque cada detalle cuenta, hay que dejar que las impresiones iniciales ante el libro calen en el entendimiento; hay que permitir que hallen d\u00f3nde sujetarse en el intelecto para empezar a dar forma a la interpretaci\u00f3n, al sentido final del mensaje. De ah\u00ed que, en estos primeros pasos de naturaleza paratextual, me detenga frente a la cubierta frontal, una composici\u00f3n que parece situarnos en el interior de una cueva oscura y que, desde ah\u00ed, nos permite contemplar la playa de Guayedra. Me quedo con el sintagma \u00abuna cueva oscura\u00bb porque me connota \u2014en este puntual caso\u2014 la noci\u00f3n de pasado que no se puede o no se quiere recordar; en otras palabras, aquello que se desconoce o que se oculta. \u00bfQu\u00e9 es la memoria sino una cueva oscura que solo se muestra iluminada por tramos en seg\u00fan qu\u00e9 instantes de nuestra vida? Desde el interior de la cavidad, vemos la playa de Guayedra; y no de cualquier forma, sino como un rinc\u00f3n henchido de luz, un lugar pl\u00e1cido, ameno, hermoso. Ver el para\u00edso desde dentro implica la suposici\u00f3n de una salida \u2014una voluntad por dejar atr\u00e1s la oscuridad\u2014 impulsada por la contemplaci\u00f3n de aquello que se vuelve apetecible a los sentidos.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Omito por falta de espacio la reproducci\u00f3n y an\u00e1lisis de los tres fragmentos que componen la solapa de la contracubierta, aunque me gustar\u00eda resaltar la confluencia en ellos de lo que cabr\u00eda concebir como esquirlas de paz emocional: por una parte, a trav\u00e9s del recuerdo de \u00abaquellas profesoras liberales y sabias\u00bb capaces de transmitir saber estar, cultura y armon\u00eda; por la otra, con la percepci\u00f3n de quedarnos en \u00ablos lugares en los que somos felices\u00bb y, por \u00faltimo, con la constataci\u00f3n de que hay una \u00edntima vibraci\u00f3n que, de alg\u00fan modo, nos conecta con el origen mismo del Mundo. Y sobre lo que se apunta en la contracubierta, dime: \u00bfqu\u00e9 puedo decir que t\u00fa no est\u00e9s leyendo ya?<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Dejada atr\u00e1s la tapa, la visi\u00f3n paratextual con la que recorremos el objeto nos lleva de entrada a la tabla de contenidos, que se encuentra al final, como creo que debe ser en toda obra de ficci\u00f3n; en las divulgativas, en cambio, ninguna otra ubicaci\u00f3n mejor que el principio mismo del libro. (Es una cuesti\u00f3n de actitud lectora: quien desea determinados \u00edtems necesita conocer el terreno por donde puede hallar lo que busca; el que anhela placer, no quiere mapas ni gu\u00edas, solo sensaciones). Me detengo, pues, en el \u00edndice. Es muy sencillo: cuatro voces distribuyen la materia novelesca. Eso es todo. Interesante. Como nada las distingue, habr\u00e1 que plantear hasta qu\u00e9 punto es importante el orden en el que aparecen. La primera es la llamada a romper el silencio; en consecuencia, hay que suponer que posee un valor especial. La \u00faltima, dada su extensi\u00f3n (un tercio del total), debe atesorar alguna relevancia \u2014\u00bfla tiene?, me preguntas; la tiene, te respondo, arrepinti\u00e9ndome de decirte lo que m\u00e1s adelante me gustar\u00eda haberte contado de otra manera\u2014. La presencia de cuatro voces implica, adem\u00e1s, pensar en cuatro protagonistas y, en consecuencia, en cuatro perspectivas narrativas diferentes.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Sigo mirando el objeto. Me centro en la dedicatoria. \u00bfImporta? S\u00ed, importa; y m\u00e1s cuando lo que refleja supone plantear la existencia de un significado profundo que, de un modo u otro, puede estar relacionado con la obra que yace frente a nosotros. En el caso que nos ocupa, hacemos bien fij\u00e1ndonos en ese \u00abPara Atidamana\u00bb que nos conduce a la legendaria aborigen cuya prudencia y sabidur\u00eda \u2014como cuenta mi admirado Sabas Mart\u00edn en su imprescindible <em>Ritos y leyendas guanches<\/em>\u2014 \u00abhab\u00edan hecho de ella el or\u00e1culo de la isla, de modo que ni guerras, ni paz, ni premios ni castigos se resolv\u00edan sin su dictamen\u00bb (p\u00e1g. 30). \u00bfTan relevante fue la figura hist\u00f3rica como para que Santiago Gil considerara que era merecedora de una dedicatoria? Como personaje emocional, al menos, s\u00ed, fue crucial; y como s\u00edmbolo, y como asociaci\u00f3n po\u00e9tica que traslad\u00f3 a su vida y que, de alg\u00fan modo, le ha permitido fundirse con la cuarta voz. \u00bfPor eso lo de \u201cautobiograf\u00eda\u201d en el enunciado de este art\u00edculo? Me preguntas. Ahora opto por aplazar la respuesta que me demandas.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Tras un garbeo por las p\u00e1ginas, la vista \u2014entre hojeadas y ojeadas\u2014 percibe dos llamativos detalles: por una parte, la uniformidad en la presentaci\u00f3n de la materia novelesca en las tres primeras voces. Bloques de p\u00e1rrafos breves y separados por espacios en blanco. Excelente disposici\u00f3n, seg\u00fan veremos m\u00e1s adelante, porque contribuye a consolidar la idea de autonom\u00eda en los mensajes: \u00ab\u00bfcada texto, un pensamiento?\u00bb, me pregunt\u00e9 durante la exploraci\u00f3n inicial por la obra de Santiago Gil. Por otra parte, en la cuarta voz, se nos muestra una singularidad: no hay espacios en blanco, pero la disposici\u00f3n de las sangr\u00edas no es la habitual. Donde se fija el punto y aparte en los p\u00e1rrafos precedentes, comienza un rengl\u00f3n m\u00e1s abajo los siguientes. Es como un engranaje que permite concluir que, en realidad, nos hallamos ante un solo p\u00e1rrafo de cincuenta p\u00e1ginas con quebraduras. \u00bfQu\u00e9 conlleva esta disposici\u00f3n? Afianzar la excepcionalidad de este supuesto protagonista con respecto al resto.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\"><strong>IV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\" style=\"font-size:25px\">Resuelto el periplo paratextual, lo que toca hacer es descubrir, hasta donde sea posible, parte de los anunciados apuntes realizados durante la satisfactoria incursi\u00f3n lectora. Tras acabar de hablar la \u00faltima voz (p\u00e1g. 154) y dejar que se moldeara ese prolongado suspiro que en canario tiene forma ling\u00fc\u00edstica propia (\u00abme supo\u00bb), una idea asumi\u00f3 la presidencia de todas las que empujaban por llamar mi atenci\u00f3n: que estamos ante una suerte de dietario, un diario personal o, en la acepci\u00f3n de los cronistas de Arag\u00f3n (as\u00ed lo dice el <em>DRAE<\/em>), un libro donde recoger los sucesos m\u00e1s notables; y\/o frente a un memorando, un espacio en el que apuntar aquello que hay que recordar. Sea lo que fuere, nos hallamos inmersos en una pieza literaria que se asienta sobre el peso significativo de un t\u00e9rmino como \u201cevocaci\u00f3n\u201d. <em>Los d\u00edas de Guayedra <\/em>es, ante todo, un viaje de la remembranza a un pasado indeterminado que ahora, contemplado con los ojos del presente, se muestra m\u00e1s selectivo; de ah\u00ed que la materia se haya configurado a partir de instantes, de recuerdos breves, puntuales, de retazos de historias personales que se han anclado en el entendimiento y que salen a la superficie de un modo inesperado. La pulsi\u00f3n involuntaria de la rememoraci\u00f3n justifica la ausencia de fechas expl\u00edcitas. Es este un proceso s\u00fabito: una voz habla cuando lo necesita y va saltando en el tiempo, entre los matorrales de las escenas, circulando a trav\u00e9s de los carriles de unas convicciones \u2014m\u00e1s bien aceptaciones\u2014 que no se cuestionan con acritud o arrepentimiento en el presente narrativo.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Se percibe la existencia de un \u00ab\u00e9l\u00bb en la conciencia de los intervinientes que se funde con un \u00abyo\u00bb autobiogr\u00e1fico y biogr\u00e1fico; y que, visto el conjunto con la debida perspectiva, se plasma en un \u00abnosotros\u00bb que solo tiene sentido cuando se ubica bajo lo que significa Guayedra como espacio f\u00edsico y como lugar simb\u00f3lico. Los \u00ab\u00e9l\u00bb que orbitan alrededor de las tres primeras voces adquieren en muchas ocasiones las maneras de un pretexto con el que situar los instantes de un \u00abyo\u00bb que se bifurca, en el discurso de la cuarta voz, en dos extremos: el que representa Tenesor Semid\u00e1n y, al mismo tiempo, el del propio de Santiago Gil, que prescinde de su poder como creador para dejar que los personajes act\u00faen por su cuenta; bajo su mirada, s\u00ed, pero a su libre albedr\u00edo, que es lo que suele ocurrir cuando los participantes en una obra adquieren una personalidad tan arrolladora (que se lo digan a Cervantes, que malamente pudo atar corto a su justiciero y al desenvuelto escudero que lo acompa\u00f1aba).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">A estas peculiaridades del producto hay que sumar una que se me antoja indispensable para entender el sentido \u00faltimo de la propuesta po\u00e9tica de nuestro autor, una particularidad que va sujeta a la condici\u00f3n de suerte de dietario y\/o memorando con la que he simplificado el qu\u00e9 de lo que nos convoca: la secuencia reiterada de impactos en la lectura que obligan a gestionar un procedimiento de admisi\u00f3n del contenido muy concreto. Me explico: hay obras que demandan un largo recorrido para lograr asentarse en el intelecto est\u00e9tico de los lectores. Sus autores, cual sastres, van desplegando capas y m\u00e1s capas de diversas telas textuales que van cosiendo cada cierto n\u00famero de p\u00e1ginas para que las formas de su creatividad se vayan atisbando; y solo al final, cuando el proyecto ha llegado a su conclusi\u00f3n, es cuando se vuelve visible y palpable el traje literario.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Otras, en cambio, y un ejemplo de ello ser\u00eda la que nos convoca, son de corta trayectoria. El proceso es el que consolida los estratos del placer. El receptor ha de leer las p\u00e1ginas de estos t\u00edtulos muy despacio, sin prisas, sin hilvanar lo que acaba de conocer con lo que se espera que pueda surgir a continuaci\u00f3n gracias al c\u00famulo de lecturas previas atesorado; recre\u00e1ndose en cada p\u00e1rrafo, en lo que se dice y en lo que parece querer decirse, en aquello que asume que bien podr\u00eda valer como una cita, como un algo remarcable que se ha ganado el derecho a ser subrayado en el ejemplar; aceptando la posibilidad de sucumbir ante una l\u00ednea de pensamiento o declaraci\u00f3n de particular hermosura capaz de asaltarle en cualquier momento y que le obliga a dejar la lectura para otro instante, pues necesita paladear, como lo har\u00eda el depredador con su caza entre las zarpas, el logro de haber alcanzado esa puntual plenitud; percibiendo c\u00f3mo deambula entre las p\u00e1ginas sintiendo un permanente est\u00edmulo intelectual y constatando hacia el final que el todo no es m\u00e1s que una suma de perturbadoras brevedades que, aunque cohesionadas, ha tenido que asimilar de un modo distinto al habitual de las novelas; y concluyendo \u2014porque es eso lo que suele suceder traspasada la \u00faltima p\u00e1gina de estas obras de corto recorrido, como se me ha ocurrido denominarlas\u2014, concluyendo, repito, que quiz\u00e1s la experiencia que en breve acabar\u00e1 con el cierre del libro es la propia de un poemario. Y de ah\u00ed, de la constataci\u00f3n de hallarnos ante brechas de ideas, conceptos y nociones que aparecen como fotograf\u00edas congeladas de escenas cotidianas en los l\u00edmites de una, dos o tres oraciones y que tienen la virtud de la sentencia \u2014de la l\u00ednea de pensamiento que cala hondo\u2014, es de donde surge mi convicci\u00f3n de que <em>Los d\u00edas de Guayedra <\/em>es sobre todo un libro po\u00e9tico; es m\u00e1s, a mi juicio, creo que es un t\u00edtulo irremediablemente l\u00edrico. \u00bfPor haber llegado al tramo final de su composici\u00f3n y posterior publicaci\u00f3n en una etapa vital muy especial para Santiago Gil? Es posible. No puedo asegurarlo, aunque me apetezca ofrecer como respuesta lo que una de las cuatro voces protagonistas afirma en un momento de su intervenci\u00f3n: \u00abPuede que al paso de los a\u00f1os uno ya llegue a olvidar de lo que realmente est\u00e1 escapando y solo camine hacia delante confundiendo lo que realmente vivimos y lo que terminamos inventando\u00bb. Quiz\u00e1s se entienda \u2014bajo la sombra de lo personal\u2014, por qu\u00e9 este mismo a\u00f1o de 2023 el autor guiense ha publicado un libro de aforismo en Mercurio Editorial titulado <em>Donde lo dejamos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\"><strong>V<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\" style=\"font-size:25px\">Las cuatro voces y, con ellas, los individuos que son evocados en sus discursos mantienen una profunda ligaz\u00f3n con Guayedra, un espacio que, en principio, desde la perspectiva que cabe atribuir al propio autor, se erige como un paraje singular tanto en sus aspectos geogr\u00e1ficos como en los hist\u00f3ricos y, sobre todo, emocionales. En ocasiones, siento que la obra bien pudiera haberse titulado <em>Los diarios de Guayedra<\/em>, pues el sitio, con su sola presencia, con los v\u00ednculos que sostienen a cuantos se han amarrado al lugar, se erige en el cronista de las vidas de aquellos que son lo que son gracias a la memoria registrada e instintivamente conservada en\/de cada hueco del id\u00edlico y esencial paisaje.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">De todos los habidos, uno, Tenesor Semid\u00e1n, la cuarta voz, es quien consigue penetrar en el entorno hasta el punto de convertirse en un elemento indisoluble del paraje. \u00bfPorque logr\u00f3 el compromiso de los conquistadores (incumplido, claro est\u00e1) de que el Redondo de Guayedra, esa tierra sagrada para los abor\u00edgenes, nunca formar\u00eda parte de ese territorio isle\u00f1o que, entre cruces y espadas, iban logrando dominar? Con independencia de la veracidad o no de este acuerdo pol\u00edtico \u2014que importa poco en una obra que se ci\u00f1e a los par\u00e1metros de la ficci\u00f3n y el lirismo\u2014, ni de si este convenio es el causante de la fusi\u00f3n del hombre con la tierra, lo cierto es que esta uni\u00f3n es la que promueve el surgimiento de una serie de l\u00edneas de pensamiento en torno a la condici\u00f3n canaria que me han parecido muy interesantes, por su contenido y porque, de alguna manera, subordinan las manifestaciones de cada voz presente en la novela.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Hasta tal punto esto es as\u00ed que no faltan momentos en los que sentimos la necesidad de plantear \u2014\u00bfcuestionar, quiz\u00e1s?\u2014 la posici\u00f3n que ocupan: \u00bfpor qu\u00e9 situar al rey como cuarta voz y no como primera? Cronol\u00f3gicamente, as\u00ed deber\u00eda ser: \u00e9l habla desde el siglo XV; las otras tres, desde cualquiera instante de nuestros d\u00edas. Mas luego uno se percata de que, en realidad, como unidad de medida, el tiempo es relativo y, en ocasiones, inexacto cuando se tamiza sobre los sentimientos y la conciencia de la infinitud universal. Esa Guayedra que contempla el que fuera bautizado como Fernando Guanarteme antes de abandonar para siempre el lugar, en el fondo, no deja de ser el mismo rinc\u00f3n que ve y recrea Nieves Rivero, la primera voz. Los siglos que separan a ambos personajes son nada en el orden c\u00f3smico. Guayedra estuvo miles de a\u00f1os antes que ellos; y estar\u00e1 miles de a\u00f1os despu\u00e9s de que el \u00faltimo de los lectores de este art\u00edculo haya llegado a la desembocadura. Por eso, en el \u00e1mbito donde el espacio es uno y el tiempo ha desaparecido, es posible aceptar \u2014bajo los par\u00e1metros de la ficci\u00f3n y el lirismo se\u00f1alados\u2014 la presencia f\u00edsica o referencial de personajes hist\u00f3ricos reales como el Bosco, fray Ambrosio Montesino, Jorge Manrique, Dante, S\u00e9neca, Marco Aurelio, etc.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Esta cualidad de lo imperecedero del sitio permite su concepci\u00f3n como templo donde cabe \u2014desde esa literatura de las impresiones, las brevedades, los impactos en el entendimiento\u2014 desmadejar los ovillos de lo que ha sido y es esa manera de ser de los canarios antes se\u00f1alada, que en la novela se sintetiza con la contundencia de una reiterada afirmaci\u00f3n: Canarias ha sido explotada y mal utilizada. A trav\u00e9s de numerosos destellos, las voces plantean las diferentes formas de su identidad a partir de la principal circunstancia que las condiciona: su pertenencia a islas que se aislaron, de entrada, por voluntad propia y, m\u00e1s tarde, por imposiciones ajenas. Una de las intervenciones de la novela lo proclama: \u00abSomos un pueblo de leyendas y de imaginarios que prefiri\u00f3 olvidar la navegaci\u00f3n para quedarse a salvo, para estar lejos de los otros, de los que traen dioses inventados para justificar las guerras y de los que solo buscan el oro y el brillo de sus monedas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Esta noci\u00f3n del aislamiento, que en la primera voz adquirir\u00e1 una profundidad singular en las figuras del ni\u00f1o Alejandro \u2014que tiene autismo y el don de reproducir a la perfecci\u00f3n los cuadros del Bosco\u2014 y el ermita\u00f1o (Guayedra ya representa un mundo alejado; los citados personajes connotan uno m\u00e1s distante a\u00fan), y que m\u00e1s adelante tendr\u00e1 una proyecci\u00f3n significativa con la contradicci\u00f3n que supone vivir sin privacidad (hiperlocalizados gracias a los m\u00f3viles) y, al mismo tiempo, no poder evitar el sentirnos solos; esta noci\u00f3n, repito, servir\u00e1 de sustento para una serie de incursiones expositivas en torno a convicciones tan apegadas a nuestra cosmovisi\u00f3n isle\u00f1a \u2014con independencia de su exactitud\u2014 como lo son la necesidad de salir al exterior para triunfar (sin que se determine en realidad qu\u00e9 se entiende por \u00e9xito); la sensaci\u00f3n de desprecio hacia nuestros paisajes (quemas, descontrol ecol\u00f3gico, etc.) y paisanajes (corrupci\u00f3n pol\u00edtica, cainismo, clasismo \u2014el caso de las Cangrejas\u2014, etc.); la ignorancia de lo propio (el desconocimiento de nuestra historia local por parte de los j\u00f3venes) y la resignaci\u00f3n ab\u00falica (en la obra, el ejemplo extremo de la madre que permiti\u00f3 que una infecci\u00f3n de o\u00eddos dejara sordo a su hijo por no llevarlo a donde pod\u00edan curarlo); o la sensaci\u00f3n de que podr\u00edamos tener un lugar pr\u00f3spero y con grandes posibilidades econ\u00f3micas si hubiera un compromiso firme para ello: \u00abA m\u00ed me duele comprobar la obesidad que hay en la isla, las cifras de abandono escolar, los niveles de pobreza y la despreocupaci\u00f3n absoluta por la educaci\u00f3n p\u00fablica, que fue justamente la que dio oportunidades a muchos de los que se corrompen o de los que nunca regresaron cuando estuvieron lejos\u00bb, dir\u00e1 uno de los protagonistas de la obra.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">VI<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Las voces hablan, se desahogan, seleccionan los nudos de sus emociones y, en el per\u00edmetro afectivo de Guayedra, proceden a desanudarlos, a liberarse de ellos con parcelas de certezas individuales que la ficci\u00f3n y el lirismo inherentes a sus discursos les conceden. Ser\u00e1n los lectores los que, en el ejercicio de su libre albedr\u00edo intelectual, decidir\u00e1n si se unen o no a ellas; si se amoldan a sus cosmovisiones las afirmaciones de los protagonistas. A m\u00ed, por ejemplo, me atrajo la menci\u00f3n a la esquizofrenia que nos provoca el tener por antepasados a v\u00edctimas y victimarios, por igual. De los or\u00edgenes ruines de los ascendentes hablar\u00e1 el propio Tenesor Semid\u00e1n en estos t\u00e9rminos: \u00abAll\u00ed me enter\u00e9 tambi\u00e9n que reclutaban soldados entre sus peores personas, en las c\u00e1rceles o en los tugurios donde beb\u00edan y donde peleaban a todas horas. Les promet\u00edan el perd\u00f3n y pedazos de tierra. No eran como el rey con el que habl\u00e9 o como otros hombres con los que pactamos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Si no fuera por las tres voces precedentes, la novela tambi\u00e9n podr\u00eda haberse titulado <em>Los d\u00edas de Tenesor Semid\u00e1n<\/em>, pues la longitud y naturaleza de su discurso permiten concebir la obra en dos partes bien diferenciadas: por un lado, la que se circunscribe a las exposiciones de Nieves Rivero y las de los dos hombres que le siguen; y, por la otra, la del rey que, seg\u00fan se infiere de su intervenci\u00f3n, solo aspiraba a quedarse como simple regente hasta que llegara el titular del trono y \u00e9l pudiera dedicarse a su amada, Atidamana, que arrib\u00f3 a su vida despu\u00e9s de las tr\u00e1gicas p\u00e9rdidas de sus dos primeros amores (Caligena y Abenchara).<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Ser\u00e1 quiz\u00e1s por el azar adverso \u2014no soy capaz de afirmarlo sin dudar\u2014, pero quien asume la cuarta voz convierte su intervenci\u00f3n en una suerte de breve tratado de filosof\u00eda donde se abunda en el concepto de lo que es la felicidad y su efimeridad, y en la relatividad de lo que consideramos importante. Surgen sus palabras en un momento hist\u00f3rico sumamente complejo y trascendental para lo que luego ser\u00e1 la imagen que se ha conservado del personaje real: estamos en el instante previo de su marcha a la isla de la monta\u00f1a sagrada con el prop\u00f3sito de convencer a sus afines de que se rindan, de que combatir a los enemigos es un suicidio, de que es imposible ganarles, de que enfrentarse a ellos solo conllevar\u00e1 su muerte y su destrucci\u00f3n. Pedir\u00e1 la rendici\u00f3n intuyendo que, de un modo u otro, los conquistadores faltar\u00e1n a su palabra y traicionar\u00e1n el concierto. Por eso est\u00e1 en Guayedra, porque se est\u00e1 despidiendo del lugar puro y m\u00e1gico, de esa esencia vivificadora situada en un punto singular del mundo que habr\u00e1 de extinguirse cuando los invasores se asienten. Guayedra es el dep\u00f3sito de la nostalgia; el cofre que atesora aquello tan valioso que se sabe, se intuye, se prev\u00e9 que ha de desaparecer en alg\u00fan momento para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">En esa encrucijada se halla quien declarar\u00e1 su convicci\u00f3n, por una parte, de que \u00e9l y los suyos dominaban el universo m\u00e1s y mejor que los llegados para imponerles su Dios y su conocimiento: \u00abEllos solo tienen la fuerza. Creen que tambi\u00e9n cuentan con la raz\u00f3n, pero no saben nada de las magias y de los destinos [\u2026] Las espirales, los tri\u00e1ngulos y los c\u00edrculos conc\u00e9ntricos no son m\u00e1s que recreaciones del propio universo, pistas de una construcci\u00f3n tan eterna como ininteligible para quienes no sepan mirar mucho m\u00e1s all\u00e1 de las estrellas [\u2026] Aqu\u00ed en Guayedra no hay ninguno de sus dioses. Aqu\u00ed seguimos adorando al sol, a la luna y al mar, que nunca suena de la misma manera\u00bb; y, por la otra, de que todo lo terrenal, en el fondo, es vacuo, intrascendente por su efimeridad, que lo importante se halla en aquello que traspasa los l\u00edmites del tiempo, lo que permite alcanzar la inmortalidad: \u00abEse emperador sab\u00eda que el poder no era m\u00e1s que una contingencia, algo que no vale nada, ni ma\u00f1ana, ni dentro de mil a\u00f1os; que lo que queda es la estela de ese poder, lo que se haga con \u00e9l, todo el bien y toda la armon\u00eda que uno logre sembrar en el planeta, la m\u00fasica que dejen nuestras palabras, esos sonidos extra\u00f1os que nos sorprenden a veces\u00bb. En suma, en el amor que se da y que se recibe: \u00abNo he dejado de hacer todo lo que estuvo en mi mano para ser feliz y para tratar de hacer felices a mis semejantes, no hay m\u00e1s: he amado, me han amado y soy un hombre sereno a\u00fan en la soledad de esta playa en la que ellos me ven de lejos como un rey triste, fracasado y solitario\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\"><strong>VII<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\" style=\"font-size:25px\">Guayedra es el s\u00edmbolo de un ed\u00e9n traum\u00e1tico: deb\u00eda ser, por sus cualidades, por sus amarres emocionales, por su conexi\u00f3n c\u00f3smica, el \u00faltimo y duradero reducto de un mundo que ya se sab\u00eda desmoronado por la ambici\u00f3n que alimentaban la espada y la cruz; el sitio donde, con el paso de los siglos, fuera posible apaciguar el retorcimiento gen\u00e9tico que envuelve al canario cuando se percibe como descendiente de v\u00edctimas y de victimarios; el refugio donde la memoria de la juventud se mantuviera inc\u00f3lume y el coraz\u00f3n tuviera un lugar adonde volver cuando se fragmentara. Todo esto deb\u00eda ser el espacio m\u00e1gico en la conciencia de las cuatro voces que lo articulan en esta poderosa novela de Santiago Gil. El proyectar hasta qu\u00e9 punto lo puede ser es el pretexto sobre el que se asienta este admirable viaje en el tiempo a unas sensaciones de identidad y pertenencia que vinculan a sus protagonistas con el paraje agaetense.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:25px\">Cuando la nostalgia envuelta en remembradas querencias toma la palabra, la poes\u00eda deja a un lado su mudez y, como la luz entre las negruras, inunda cualquier resquicio del \u00e1nimo y del intelecto. Es as\u00ed como se hace posible que arda la llama en el pebetero de unos d\u00edas de Guayedra en los que el homenaje a Atidamana lo es, en el fondo, a la vida misma, a lo que representa como proceso gozoso el camino hasta la desembocadura en busca del amor que nos inmortalizar\u00e1, el definitivo. De ah\u00ed que, por sus honduras significativas y su adaptaci\u00f3n a toda clase de circunstancias y condicionantes humanos, se me antoje ahora \u2014en esta etapa de mi particular existencia en la que me he convertido en uno de los miles de lectores que tendr\u00e1 la obra que nos ocupa\u2014 que nada representa mejor la s\u00edntesis de la novela que esta loa a la experiencia vital: \u00abEl \u00faltimo amor casi siempre es el amor verdadero\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\"><strong>Victoriano Santana Sanjurjo<\/strong> (Las Palmas de Gran Canaria, 1973) es doctor en Filolog\u00eda Espa\u00f1ola por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, con premio extraordinario de tesis, y profesor de Lengua Castellana y Literatura, con destino definitivo en el I.E.S. Jos\u00e9 Zerpa de Vecindario. Es autor y promotor de numerosas publicaciones (libros, art\u00edculos, pr\u00f3logos, etc.) e iniciativas de \u00edndole acad\u00e9mica, cultural, art\u00edstica y de mediaci\u00f3n editorial. Su actividad investigadora se circunscribe, por lo general, al campo de la literatura espa\u00f1ola del Siglo de Oro, la ecd\u00f3tica, la historiograf\u00eda americana del siglo XVI y, sobre todo, las nuevas tecnolog\u00edas aplicadas a la ense\u00f1anza del espa\u00f1ol. En el terreno docente, se ha especializado en los Programas de Cualificaci\u00f3n Profesional Inicial, en el marco de una etapa acad\u00e9mica que desarrolla desde el a\u00f1o 2007, impartiendo el \u00c1mbito de Comunicaci\u00f3n en el indicado centro educativo santaluce\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Ha publicado, entre otros, los siguientes t\u00edtulos: Soltadas [de literatura y\u2026] Tres (2023); Los [II] cuartos. (Infame) esclavitud en la ruta de la seda; Soltadas [de literatura y\u2026] Dos (2022); Soltadas [de literatura y\u2026] Uno (2021); Cuestiones Objetivables Vislumbradas Inquietamente Despu\u00e9s (del) 19 (2020); Un docente y otros textos sobre educaci\u00f3n (2020); Los cuartos y los finales (2019); Prontuario a una visi\u00f3n cervantina de la mujer (2017); Demonios cervantinos. Bases para una cronobra de Cervantes, 1547-1616 (2017); Antolog\u00eda escolar de la literatura canaria (2016); El Qvixote sin don Quijote (2016); Lazarillo\u2026 expr\u00e9s (2015); Articulaciones, 2011-2014 (2014); El Quijote [1605] tuneado (2013); El pr\u00edncipe debe reinar y otros textos pol\u00edticos (2013); Ninfas y pastores de Henares, edici\u00f3n (2011); El g\u00e9nero pastoril a trav\u00e9s de \u2018Ninfas y pastores de Henares\u2019 (2011); Exitus (2010); Moiras chacharitas (2010); Pro Marcelas (2010); An\u00e1lisis paratextual de \u2018Ninfas y pastores de Henares\u2019(2008); Cervantes y la b\u00fasqueda de la esperada luz tras las tinieblas. La segunda parte de \u2018La Galatea\u2019(2008), etc. Una muestra de su trayectoria vital y profesional puede verse en su p\u00e1gina web (www.sadalone.org).<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img alt=\"\"\/><\/figure>\n ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la Revista Trasdemar difundimos la cr\u00edtica y el di\u00e1logo literario entre islas <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":6639,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[16],"tags":[22],"blocksy_meta":"","yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v15.5 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Rese\u00f1a &quot;Los d\u00edas de Guayedra&quot; de Santiago Gil, Por Victoriano Santana Sanjurjo - trasdemar<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/resenas\/resena-los-dias-de-guayedra-de-santiago-gil-por-victoriano-santana-sanjurjo\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Rese\u00f1a &quot;Los d\u00edas de Guayedra&quot; 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