{"id":5186,"date":"2023-08-12T05:17:02","date_gmt":"2023-08-12T05:17:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/?p=5186"},"modified":"2023-08-12T16:53:57","modified_gmt":"2023-08-12T16:53:57","slug":"el-ruido-del-mundo-por-nicolas-dorta","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/narrativa\/el-ruido-del-mundo-por-nicolas-dorta\/","title":{"rendered":"&#8220;El ruido del mundo&#8221; Por Nicol\u00e1s Dorta"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/NICOLAS-DORTA-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5187\" srcset=\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/NICOLAS-DORTA-1024x683.jpg 1024w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/NICOLAS-DORTA-300x200.jpg 300w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/NICOLAS-DORTA-768x512.jpg 768w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/NICOLAS-DORTA-1536x1024.jpg 1536w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/NICOLAS-DORTA-2048x1365.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>Cr\u00e9ditos de la fotograf\u00eda: Ram\u00f3n de la Rocha<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\" style=\"font-size:31px\">Presentamos en la Revista Trasdemar la nueva colaboraci\u00f3n para nuestra secci\u00f3n de narrativa contempor\u00e1nea del autor Nicola\u0301s Dorta (Santa Cruz de Tenerife, 1978) Licenciado en Filosofi\u0301a por la Universidad de La Laguna, ha desarrollado su labor como periodista durante ma\u0301s de una de\u0301cada como corresponsal en Canarias de la Agencia Efe, Europa Press y Diario de Avisos. Vinculado a la mu\u0301sica desde la infancia, ha participado en diversos proyectos de rock y de jazz y mantiene su actividad como bateri\u0301a. Ha escrito el libro de relatos &#8220;<em>Las zonas comunes<\/em>&#8221; (Franz Ediciones, 2020) y la novela &#8220;<em>Doble cristal<\/em>&#8221; (Diego Pun Ediciones, 2022).En la actualidad, es profesor de Filosofi\u0301a y articulista en prensa.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Ya no intentas nada. Solo caes hacia el fondo como un plomo. Te dejas llevar por esa inercia, la misma de los ni\u00f1os y los perros cuando caen en los estanques<\/p><cite><strong>NICOL\u00c1S DORTA<\/strong><\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\" style=\"font-size:29px\">Siempre pasa. A punto de chocar, de caerte al abismo, de que te corten una mano, te atropellen, te peguen un tiro, un bicho te coma o te quedes sin aire, despiertas. Eso siempre pasa.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:29px\">La casa est\u00e1 lejos. Conduces. Tu hija parece que duerme detr\u00e1s pero ya sabes que detr\u00e1s no duerme nadie. Llueve. De noche las monta\u00f1as son sombras cubiertas de \u00e1rboles. El viento es lo \u00fanico que suena. La Luna se ha perdido. Ni un coche en todo este tramo hasta que alcanzas El Llano, donde aparecen las primeras luces y algunas estrellas dispersas. Cruzas caser\u00edos aislados del mundo, poblaciones donde los hombres, las mujeres y hasta los perros, miran a los coches desde las ventanas. Pasas r\u00e1pido como la que no quiere saber. Te diriges a casa de tu madre, porque ya no es tu casa, hace tiempo que dej\u00f3 de serla. El tiempo ha separado a toda la familia. El tiempo separa o une o ninguna de las dos cosas. Fue el incendio. Despu\u00e9s, ni una llamada, ni una se\u00f1al. Y pese a todo, buscas a tu madre. \u00bfQu\u00e9 otra cosa puedes hacer?<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:29px\">Mam\u00e1 vive junto al estanque, detr\u00e1s del t\u00fanel que atraviesa Roca Lisa. Tocas. Mam\u00e1 abre y te abraza. \u00abHola mam\u00e1\u00bb, dices. \u00abHola hija\u00bb, dice. Te abraza y luego te suelta. Y como si tuviera patines en los pies, se desliza hasta lo que fue tu cuarto. La sigues. Se sienta en la cama. Te sientas junto a ella. Te coge la mano con sus dedos finos de vampira. Te toca la cara y te besa la cabeza, igual que las noches en que apagaba la luz y ven\u00eda desde la puerta para besar tu frente y la de tu hermana, que dorm\u00eda al lado, con su respiraci\u00f3n comprimida, con el miedo a que el mal viniera. La cama sigue igual pero no huele igual. Alrededor est\u00e1n los portarretratos, el viejo armario, las medallas del cross popular, el caj\u00f3n donde guardabas la pelota de gimnasia. En la cama de tu hermana hay ropa acumulada, blanca, muy blanca, ropa para estar por la casa y s\u00e1banas, muchas, como si todos los d\u00edas viniera gente a dormir.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:29px\">Mam\u00e1 te acaricia la cara mientras repite bajito: \u00abque guapa sigues\u00bb. \u00abMa\u00f1ana tengo que contarte un secreto\u00bb, dice en secreto. \u00abAhora du\u00e9rmete\u00bb, dice tambi\u00e9n. Y as\u00ed haces: te metes bajo la capa de mantas y ella desaparece. Fuera hace mucho fr\u00edo, escuchas el agua golpear el tejado. Cierras los ojos. Y all\u00ed est\u00e1 otra vez la piscina: tu cuerpo boca abajo, miras el suelo de azulejos, ese suelo azul de horizonte blanco donde se mueven en silencio las piernas de otros ni\u00f1os y mayores. Notas que la cabeza de la rana pierde forma, como el resto del cuerpo. Las patas y los brazos, en un instante, son un pl\u00e1stico que se hunde, como t\u00fa, poco a poco. Es tu rana, la de todos los veranos en los que flotar ha sido tan f\u00e1cil. La rana que has heredado de tu hermana, porque te han dicho que casi todo lo heredar\u00e1s de ella: los juguetes, la ropa de la primera comuni\u00f3n, los libros del colegio y del instituto, la guitarra, el chandal, el ba\u00f1ador. Mientras te hundes, haces burbujas con la boca, juegas a decir algo, tu nombre, por ejemplo, y que se te escuche arriba. Pero no. Por mucho que digas, o que grites, nadie te oye. Y est\u00e1s muy cerca de lo hondo, donde el azul es m\u00e1s oscuro y casi no se ve, donde te han dicho que nunca debes estar, ni siquiera con tu rana, ahora herida de muerte. Y mientras caes, intentas tocar las piernas morenas de tu madre, excesivamente morenas, junto a otras piernas an\u00f3nimas que apenas se mueven. Quieres agarrarte pero no llegas. Y arriba sigue el murmullo constante. Porque las dos hablan, hablan mucho. Porque a mam\u00e1 siempre le gust\u00f3 hablar y tener lo que otras madres tienen: unos hijos que ayudan en todo momento a ordenar la casa y un \u00abmarido normal\u00bb, dice ella, como esos maridos de sus amigas que nunca conoci\u00f3 del todo, porque quiz\u00e1 nadie se conozca.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:29px\">Cuando casi logras girarte, con el \u00faltimo hilo de aire en pulmones, ves el cielo borroso, inalcanzable, y, con las luces todav\u00eda encendidas, el edificio de El Dorado. El nuestro era un apartamento min\u00fasculo: pasillo, sal\u00f3n, ba\u00f1o, un dormitorio con los muebles marrones, una cocina con los platos, las cucharas, los tenedores, los vasos justos, y un balc\u00f3n que daba a la piscina. El Dorado era tambi\u00e9n el sal\u00f3n de las mesas de billar, las escaleras, el olor a crema solar, el ascensor Schlinder que al pararse en cada piso daba un saltito como para decir: llegamos. Todos los d\u00edas al sol, todas las noches jugando a escondernos con ni\u00f1os que nunca volvimos a ver, toda esa energ\u00eda inacabable del verano. Mi hermana y yo dorm\u00edamos en el sof\u00e1. Mi hermana ya pensaba en el mal. Yo pensaba m\u00e1s en la vida que en la muerte. Mi padre no se quitaba el pueblo de cabeza. Llegaba de Correos, com\u00eda y dorm\u00eda. Luego hu\u00eda cada tarde para regar las plantas y echarle de comer a los animales. Mi madre no s\u00e9. No s\u00e9 lo que pensaba mi madre en ese entonces. Los dos en su cuarto hablaban y a veces se chillaban. Cada noche mi madre sal\u00eda al balc\u00f3n. Mi padre iba detr\u00e1s. Los dos fumaban con los brazos apoyados en la baranda, donde estaban colgadas las toallas. Supongo que en alg\u00fan momento miraban las letras brillantes de El Dorado. O supongo que se abrazaban y se quer\u00edan como otras familias que dicen que se quieren y tambi\u00e9n salen al balc\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:29px\">Ya no intentas nada. Solo caes hacia el fondo como un plomo. Te dejas llevar por esa inercia, la misma de los ni\u00f1os y los perros cuando caen en los estanques. Y entonces ves la cara de tu madre que aparece en un segundo para sacarte de una sacudida a la superficie, con aquellos ojos ya ca\u00eddos, mientras te acaricia con sus dedos de vampira, como lo ha hecho hace un rato. Y no recuerdas si te dijo esto: \u00ab\u00bfpor qu\u00e9 no me avisaste, por qu\u00e9 no me has dicho nada?\u00bb. No sabes si te ha dicho esto, en secreto, como ese que desvelar\u00e1 cuando despiertes, pero es lo que recuerdas despu\u00e9s de intentar, en vano, llegar a sus piernas, o a las piernas de su amiga an\u00f3nima, porque descubriste que no pod\u00edas estar todo el tiempo en ese silencio tan placentero, entre los tonos de azul y blanco de la piscina, escuchando el murmullo lejano de la gente all\u00e1 arriba, contemplando las piernas de los ni\u00f1os en el horizonte, la lentitud. Descubriste que sin el aire que llena los pulmones, sin la luz sobre la superficie, esa que da los nombres a las cosas, tenemos poco tiempo, apenas un minuto, para salvarnos del ruido del mundo.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la Revista Trasdemar difundimos la creaci\u00f3n literaria contempor\u00e1nea de las islas<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":5187,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[12],"tags":[22],"blocksy_meta":"","yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v15.5 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>&quot;El ruido del mundo&quot; Por Nicol\u00e1s Dorta - trasdemar<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/narrativa\/el-ruido-del-mundo-por-nicolas-dorta\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"&quot;El ruido del mundo&quot; Por Nicol\u00e1s Dorta - trasdemar\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"En la Revista Trasdemar difundimos la creaci\u00f3n literaria contempor\u00e1nea de las islas\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/narrativa\/el-ruido-del-mundo-por-nicolas-dorta\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"trasdemar\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2023-08-12T05:17:02+00:00\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2023-08-12T16:53:57+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/NICOLAS-DORTA-scaled.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"2560\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"1707\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Tiempo de lectura\">\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"6 minutos\">\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/#website\",\"url\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/\",\"name\":\"trasdemar\",\"description\":\"Revista digital de Literaturas Insulares\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/?s={search_term_string}\",\"query-input\":\"required name=search_term_string\"}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"ImageObject\",\"@id\":\"https:\/\/www.trasdemar.com\/home\/narrativa\/el-ruido-del-mundo-por-nicolas-dorta\/#primaryimage\",\"inLanguage\":\"es\",\"url\":\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/NICOLAS-DORTA-scaled.jpg\",\"width\":2560,\"height\":1707,\"caption\":\"El protagonista de \\\"Doble cristal\\\", segundo libro de Nicol\\u00e1s Dorta, es un periodista que est\\u00e1 \\\"castigado\\\" por la pregunta de si se ha equivocado o no en las decisiones que ha tomado en la vida, y por ello se repliega bajo ese \\\"doble cristal\\\", que significa aislamiento, ha dicho a Efe el autor. 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