{"id":2803,"date":"2021-09-23T19:02:22","date_gmt":"2021-09-23T19:02:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/?p=2803"},"modified":"2021-09-23T19:17:38","modified_gmt":"2021-09-23T19:17:38","slug":"narrativa-oro-de-otono-y-paris-por-jonathan-allen","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/narrativa\/narrativa-oro-de-otono-y-paris-por-jonathan-allen\/","title":{"rendered":"Narrativa &#8220;Oro de oto\u00f1o y Par\u00eds&#8221; Por Jonathan Allen"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"916\" src=\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/jonathan-allen-1024x916.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2804\" srcset=\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/jonathan-allen-1024x916.jpg 1024w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/jonathan-allen-300x268.jpg 300w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/jonathan-allen-768x687.jpg 768w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/jonathan-allen-1536x1374.jpg 1536w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/jonathan-allen-2048x1832.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption><strong>Jonathan Allen (Las Palmas de Gran Canaria, 1963) Fotograf\u00eda cortes\u00eda del autor (Praga)<\/strong><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p style=\"font-size:31px\">Presentamos en la Revista Trasdemar la colaboraci\u00f3n del autor Jonathan Allen (Las Palmas de Gran Canaria, 1963) Escritor, se grad\u00faa en Filolog\u00eda Francesa e Hisp\u00e1nica en Cambridge (St. Catherine\u2019s Collage, 1985) y hace el posgrado en Queen Mary College, Universidad de Londres. En 1991 es editor ingl\u00e9s de Atl\u00e1ntica Revista de las Artes (CAAM). Entre 1992 y 1995 ser\u00e1 Coordinador de Programaci\u00f3n de la Filmoteca Canaria y a partir de 1995, profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Su obra novel\u00edstica ha sido traducida y editada en varios idiomas, por editoriales canarias como Mercurio o Idea, y en Francia por L\u2019Harmattan. Nuestro colaborador nos ofrece dos relatos para la secci\u00f3n de &#8220;Narrativa&#8221; donde aparecen N\u00e9stor Mart\u00edn-Fern\u00e1ndez de la Torre o Tom\u00e1s Morales, el poeta modernista a quien este a\u00f1o se dedican unas jornadas de homenaje por el centenario de su muerte a cargo del Cabildo de Gran Canaria.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote alignwide is-style-default\"><blockquote><p>Al misterio del atardecer, a la alquimia del alba, al oc\u00e9ano\u2026 la casa Atl\u00e1ntica. \u00bfC\u00f3mo comunicar a los dem\u00e1s, a aliados y enemigos, que eras un esp\u00edritu del mar? Que el ser es el mar. Que est\u00e1 en las calmas y en las tempestades, en la luminosa orilla y en la oscuridad abisal.<\/p><p><em>El poema del mar <\/em>no tuvo principio, ni tendr\u00eda fin. Fue secuencia pura, exaltaci\u00f3n, metamorfosis.<\/p><cite><strong>JONATHAN ALLEN<\/strong><\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p style=\"font-size:30px\"><strong>ORO DE OTO\u00d1O<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\" style=\"font-size:23px\">Desde las ventanas de su apartamento contempla el bosque que delimita la gran cuidad. Sin quererlo, solo buscando la paz y la distancia que el arte requiere, ha venido a vivir en la linde de la civilizaci\u00f3n, porque eso es la Rue Witcomb, una calle al borde de lo desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">Las cosas no pod\u00edan irle mejor en Par\u00eds. Tiene como clientes, a damas nuevo-ricas, -argentinas, checas, norteamericanas- que esperan su turno de retrato. Las ambienta en deliciosas primaveras, sentadas sobre escalinatas palaciegas o mullidos sof\u00e1s blancos, y si quieren, entre los objetos que m\u00e1s aman: fin\u00edsimos galgos, cajas raras o rollizos ni\u00f1os. Lo que ellas elijan. Pinta el color de sus vestidos favoritos de modo tan sutil y m\u00e1gico, que levitan. <em>Seduzco demasiado<\/em>&#8211; reflexiona cr\u00edticamente- <em>estoy exagerando<\/em>. <em>Hago sinfon\u00edas tonales, como pregonaban los parnasianos, atm\u00f3sferas que disuelven la identidad. \u00a1Qu\u00e9 le vamos a hacer<\/em>! Un teatro principal quiere que realice una escenograf\u00eda entera, una partitura de Glinka arreglada para danza, y los Moss ultiman el contrato de decoraci\u00f3n que har\u00e1 de su antigua mansi\u00f3n del Faubourg St-Germain, una meca de la vanguardia. Despu\u00e9s, como \u00e9l los llama, los trabajos peque\u00f1os, aqu\u00e9llos que le permiten ser m\u00e1s libre, olvidarse hasta de qui\u00e9n es, y pasarlo bien. Por ejemplo, el jarr\u00f3n de tritones en vidrio verde-azul y las series de papeles pintados para Nueva York. En vez de desarrollar los motivos de su est\u00e9tica, ha creado suites cubistas, nuevas geometr\u00edas que destellar\u00e1n en la noche el\u00e9ctrica de la metr\u00f3poli. No olvidemos los biombos, que tan de moda est\u00e1n, y que un decorador parisino suplica que le pinte: <em>Selvas, maestro, necesito selvas ex\u00f3ticas<\/em>. Y selvas le ha dado, o su suced\u00e1neo subtropical, hojas de palmeras cargadas de loros y dragos donde dormitan los faunos. <\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">Podr\u00eda pasarse el resto de su vida as\u00ed, recibiendo y realizando encargos que ahora le llueven. <em>C\u00f3mo ha cambiado todo. Antes persegu\u00eda proyectos. Lloraba cuando se los daban a otros y yo los perd\u00eda<\/em>. En esa \u00e9poca, que sus estudios parec\u00edan bazares de Damasco, no se atrev\u00eda a presentar, como ahora, una idea sobre un folio. <\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">-D\u00edgame, joven, \u00bfQu\u00e9 debemos dise\u00f1ar? \u00bfEl anillo que usted aboceta<br>en la primera p\u00e1gina o el palacio en que baila la princesa mora y que vemos<br>a trav\u00e9s del rub\u00ed?<br>Ruboriz\u00e1ndote, explicabas que te resultaba imposible desgajar la joya del ensue\u00f1o que la envolv\u00eda. El joyero, ben\u00e9volo bajo el fingido enfado, te daba una palmada en el hombro y te invitaba a cenar a un restaurante de lujo donde serv\u00edan camareros en esmoquin y las grandes se\u00f1oras saludaban a las queridas de sus maridos. Los logros de la t\u00e9cnica despuntaban como eventos o experimentos curiosos, y nada se hab\u00eda estandarizado en su producci\u00f3n: \u00a1la poca mecanizaci\u00f3n de la vida! Los autom\u00f3viles circulaban por avenidas para viejos carruajes y su definitivo triunfo sobre los nobles cuadr\u00fapedos era inimaginable.<br>El hombre todav\u00eda lo impregnaba todo. Raros eran los espacios ajenos al traqueteo de obreros y empleadas, a sus funciones y oficios manuales. As\u00ed recuerda el viejo Madrid. Una masa continua de lavanderas, planchadoras, sirvientas, porteras, mozos de cuerda, cocheros, serenos, deshollinadores, vendedores de barquillos, limpiabotas, aguadores, loteras, recaderos, costureras.\u00a1Qu\u00e9 bien los dibujaste! Cuadernos llenos, de ellos y de sus amos.<br>El buen vestir, la elegancia, el porte, ocupaba a las afortunadas minor\u00edas y a ti te fascinaba porque buscabas el glamour de anta\u00f1o que arropaba el ser con capas y mantillas, miri\u00f1aques y gabanes, sombreros y pelucas. Las esencias galantes, las complicaciones barrocas que te atra\u00edan siendo ni\u00f1o, estaban de repente en el centro de un nuevo movimiento que las reproduc\u00eda m\u00e1s ligeras, m\u00e1s fr\u00edvolas. Los poetas, sobre todo, las hicieron suyas. Refinaron sus ricas sensaciones y las usaron en una cruzada que pronto tiraniz\u00f3 las artes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\" style=\"font-size:23px\">El siglo corr\u00eda, volaba. Med\u00eda la velocidad de la luz, descubr\u00eda que la materia era mera apariencia. No hab\u00eda meta insuperable hasta que el hado oscuro de Europa la sumi\u00f3, sorpresivamente, en la m\u00e1s feroz conflagraci\u00f3n. En ese comp\u00e1s de espera, durante la neutralidad espa\u00f1ola, volviste a mirar atr\u00e1s, hacia los profundos barrancos de las islas, a h\u00e9roes y guerreros imp\u00e1vidos, a mujeres poderosas que mor\u00edan de amor. Al misterio del atardecer, a la alquimia del alba, al oc\u00e9ano\u2026 la casa Atl\u00e1ntica. \u00bfC\u00f3mo comunicar a los dem\u00e1s, a aliados y enemigos, que eras un esp\u00edritu del mar? Que el ser es el mar. Que est\u00e1 en las calmas y en las tempestades, en la luminosa orilla y en la oscuridad abisal.<br><em>El poema del mar<\/em> no tuvo principio, ni tendr\u00eda fin. Fue secuencia pura, exaltaci\u00f3n, metamorfosis. Ni\u00f1os y j\u00f3venes a lomos de peces gigantes,<br>aunados con las mareas, zarandeados por remolinos, varados sobre rocas,<br>enfrentados en letales batallas, reposando en la trasl\u00facida paz del agua<br>verde.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\" style=\"font-size:23px\"><strong><br>*<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\" style=\"font-size:23px\">Un claxon agudo, un clar\u00edn mas bien, anuncia la intempestiva llegada de un potente b\u00f3lido. El autom\u00f3vil, un flamante Bugatti rojo, frena abruptamente.<br>-\u00a1N\u00e9stor, N\u00e9stor! \u00bf<em>Tu es pr\u00eat<\/em>? -le grita un joven atl\u00e9tico de veintid\u00f3s<br>abriles. Viste pantal\u00f3n blanco a rayas gris, pul\u00f3ver de lana a juego y gafas<br>de piloto.<br>El pintor sube la pesada ventana y le hace se\u00f1as negativas.<br>-No tengo cuerpo esta ma\u00f1ana para la alta velocidad. Ve t\u00fa solo, yo te<br>espero. Estoy trabajando en tu retrato. E intenta no matarte, Armando.<br>Un amor fresco en el momento del gran \u00e9xito. \u00bfNo es acaso el broche dorado del destino? Armando es moderno, \u00e1gil, positivo. Heredero de industriales vasco-franceses. Le interesan los coches y los aviones, la ciencia y la ciencia ficci\u00f3n. Carece, y eso le parece extraordinario, -viejo cat\u00f3lico sentimental que es-, de cualquier atisbo de culpa. Es incre\u00edblemente libre, no alberga prejuicios de clase o de raza, y la suma de todos los valores la cifra en el ma\u00f1ana. Su m\u00e1xima inquietud, que reviste de cierto utopismo, es el futuro, y hacia \u00e9l viaja raudo y sin trabas.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">Armand Berrugund\u00eda, ha irrumpido en su vida, revuelto sus s\u00e1banas,<br>arrebatado sus rutinas sociales.<br>-Eres muy moderno, N\u00e9stor- le dijo la ma\u00f1ana que vio su serie sobre ciudades deportivas y palacios ol\u00edmpicos- dise\u00f1as el ma\u00f1ana. Lo \u00fanico que te lastra es el apego que sientes por la in\u00fatil belleza del pasado. Tienes que tirarla por la borda. Seamos pareja. Vivamos juntos.<br>-\u00bfC\u00f3mo\u2026 qu\u00e9 dices? As\u00ed, de repente\u2026<br>-\u00a1As\u00ed, de repente!<br>-\u00a1Qu\u00e9 fant\u00e1stico! \u00bfQui\u00e9n me iba a decir que este querub\u00edn rubiales me<br>propondr\u00eda\u2026 matrimonio?<br>Llevan seis semanas de dicha notoria, casi rayana en el esc\u00e1ndalo y han aparecido los primeros signos de fatiga. No es que no quiera, es que ya no puede. Los clubes cada dos o tres d\u00edas, los <em>dancing parties<\/em>, las carreras h\u00edpicas, los paseos en el Bugatti\u2026 y d\u00eda s\u00ed, d\u00eda no, amor. Armando, adem\u00e1s, se ha empe\u00f1ado en acompa\u00f1arlo a la isla el pr\u00f3ximo verano. Desea conocer a sus padres, hermanos, primos. Ser presentado a sus amigos los artistas. Estar en sociedad con \u00e9l, en su tierra. Su energ\u00eda e ilusi\u00f3n son incombustibles, a pesar de que le ha dicho, diplom\u00e1ticamente, que no, que si lo acompa\u00f1a ser\u00e1 con otros amigos, que es del todo imposible manifestar p\u00fablicamente su relaci\u00f3n.<br>-Mi isla no es intolerante. Pero hay l\u00edmites a la transgresi\u00f3n. Debemos<br>ir poco a poco, Armando.<br>-Ya me est\u00e1s hablando como un personaje de tus cuadros.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\" style=\"font-size:23px\"><strong>*<\/strong><br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">Sus ojos retornan al oto\u00f1al follaje del bosquecillo de Boulogne, a la hermosa y triste degradaci\u00f3n del verde en el ocre encendido. El atardecer es la hora que reserva para su paseo largo. Le gusta empaparse del gris que se adensa y que a veces colorea un llameante rayo carmes\u00ed. Armand raramente lo acompa\u00f1a a estas caminatas vespertinas, porque advierte que su amigo se ensimisma especialmente, se aleja de \u00e9l y es presa de impenetrables enso\u00f1aciones.<br>Los rugidos del motor arrecian y un furioso claxoneo le obliga a abrir<br>la ventana otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">-\u00a1<em>Ma\u00eetre, ma\u00eetre<\/em>! Mira a quien he encontrado por el camino.<br>La princesa L\u00eda Chartoriski le vuela un beso desde el asiento del copiloto, enfundada en su abrigo de caracul y abrazada a su pekin\u00e9s panzudo. Siente aut\u00e9ntico afecto por la joven y empobrecida arist\u00f3crata. Vive con una t\u00eda anciana en Montparnasse y trabaja como secretaria en un banco. Habla polaco, ruso, ingl\u00e9s, franc\u00e9s y alem\u00e1n, los escribe correctamente y es una excelente mecan\u00f3grafa. Est\u00e1 muy enamorada de Armando, y ha tenido la valent\u00eda de confes\u00e1rselo.<br>Ya lo sospechabas. Quiz\u00e1s han hecho el amor. Sabe que Armand tuvo una novia hace a\u00f1os. Es posible, y por supuesto, no va a protagonizar un melodrama de celos. Al contrario, ella ser\u00eda una esposa perfecta para el apuesto empresario. Cuando le revel\u00f3 sus sentimientos la abraz\u00f3 y le pidi\u00f3 un favor.<br>-\u00bfUn favor?\u2026 \u00bfNo\u2026 no est\u00e1s enfadado?<br>-En absoluto. Esc\u00fachame, L\u00eda. Cuando\u2026 si yo me voy, quiero que cuides de \u00e9l.\u00bfYo\u2026?<br>-Prom\u00e9temelo.<br>-S\u00ed, N\u00e9stor, te lo juro.<br>-\u00bfCenamos en <em>La coupole, mon cher<\/em>? \u00bfEn una hora? -pregunta el<br>piloto.<br>-S\u00ed- le contesta, asom\u00e1ndose- den un par de vueltas m\u00e1s mientras yo me cambio. Despu\u00e9s har\u00e9 un paseo corto. Os espero d\u00f3nde siempre.<br>-\u00a1Cuidado con los fantasmas! Diles que no te persigan.<br>-Lo tendr\u00e9 en cuenta, rubiales.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\" style=\"font-size:23px\"><strong>*<\/strong><br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">Boulogne era en sus inicios un bosque ce\u00f1ido por el Sena que la incontenible expansi\u00f3n de la ciudad fue constri\u00f1endo. \u00c9sta le rob\u00f3, d\u00e9cada a d\u00e9cada, su encanto rural que lo convert\u00eda hasta las postrimer\u00edas del siglo diecinueve, en un lugar bastante remoto. El hip\u00f3dromo de Longchamp que se traz\u00f3 en su margen oeste y la carretera que lo conectaba con la Puerta de Maillot coloniz\u00f3 definitivamente el umbr\u00edo bosque. Se hicieron pistas deportivas, campos de tiro, estanques para remo, y se reforz\u00f3 su uso militar.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">A\u00fan as\u00ed, al artista le brinda un contacto con la naturaleza que no encuentra en ning\u00fan otro punto de Par\u00eds. N\u00e9stor se adentra por la Puerta de Passy, bordea el peque\u00f1o lago y sube hacia el Norte. Se topa siempre con amantes y paseantes solitarios, a quienes sonr\u00ede discretamente, antes de perder de vista a todo ser humano y disfrutar del silencio y la soledad.<br>Esta tarde espera que nada ocurra, pues hace d\u00edas que presencia las m\u00e1s extra\u00f1as visiones. No tiene a quien coment\u00e1rselas. A Armand, por precauci\u00f3n, le dice lo m\u00ednimo. Ayer, fueron temibles. Caminaba tranquilamente por el prado Catelan, cuando oy\u00f3 cascos de caballos galopantes y el chirrido de ruedas sobre la calzada. La visibilidad era casi perfecta. Dos equipajes se\u00f1oriales se pararon en seco y de cada uno se apearon cuatro j\u00f3venes. Asombrado, se aproxim\u00f3. Aunque estaba a campo descubierto no parec\u00edan verlo. Los ocho personajes se dividieron en dos grupos de tres y los dos restantes, empezaron a medir el terreno como si se dispusieran a practicar alg\u00fan deporte.<br>-\u00bf<em>Qu\u00e9 ser\u00e1 esto<\/em>?-murmur\u00f3, aproxim\u00e1ndose a\u00fan m\u00e1s, y buscando el<br>refugio de unos sauces.<br>Un bando destacaba por la fabulosa seda roja de su indumentaria y sus pelucones cobrizos. Se despojaron impetuosamente de sus chaquetas de desmesuradas mangas bordadas. En sus levitas reluc\u00edan cruces negras y bizantinas. El otro grupo carec\u00eda de uniforme. El m\u00e1s alto no gastaba peluca, sino su pelo natural que ca\u00eda sobre un chaquet\u00f3n de cuero empedrado de puntas. Parec\u00eda un soldado profesional. A su lado, el m\u00e1s joven y distinguido, de tez p\u00e1lida y ojos azules claro; el tercero, tonsurado y muy delgado, era un seminarista. A \u00e9ste le vio bien la cara. Del rostro moreno, solo la frente se hab\u00eda librado de la viruela y uno de sus ojos se pudr\u00eda afectado por la enfermedad.<br>A una se\u00f1al de los \u00e1rbitros que se han plantado en medio del campo, los j\u00f3venes cargan con las espadas desenvainadas. Uno de los bizantinos, haciendo de su florete una lanza, enfila al joven distinguido. Justo antes de cruzarse sus aceros, pega un salto y le atraviesa la cara al muchacho que muere al instante. Intenta sacar el arma de la cabeza cuando el soldado le clava por la espalda un pu\u00f1al. Mal herido, apenas se defiende, mientras le cortan brazos y pies. Cuando ya se tambalea, el mercenario blande su espada que silba al descargar el golpe final, un sablazo que le abre el pecho de un tajo tan profundo que aparecen los pulmones.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">Espantado por la violencia de estas muertes in\u00fatiles, N\u00e9stor corre hacia los duelistas. Un impulso que pone en peligro su vida le obliga a detener a estos asesinos ociosos.<br>&#8211;<em>Arr\u00eatez<\/em>! <em>Cessez cette tuerie<\/em>!, \u00a1Cesad esta carnicer\u00eda! -les implora.<br>Los espadachines, incre\u00edblemente, le hacen caso. Pero lo que a continuaci\u00f3n sucede\u2026es imposible. Con el florete traspas\u00e1ndole la cabeza la primera v\u00edctima se dirige hacia donde yace muerto su vencedor, y d\u00e1ndole la mano lo ayuda a levantarse. \u00a1Est\u00e1n vivos! Los cocheros dan voces, los arrean, e invisibles resortes abren las portezuelas de los veh\u00edculos. Deben partir.<br>&#8211;<em>C\u2019est un plaisir de se tuer pour vous. Adieu, ma\u00eetre<\/em>&#8211; dice el soldado.<br>Tras hacerle reverencias suben a sus respectivas carrozas. Es entonces<br>cuando nota algo muy extra\u00f1o. La apariencia de los fogosos j\u00f3venes est\u00e1<br>mudando. Su piel verdea, los huesos se marcan.<br>-\u00a1No\u2026 no existen!- balbucea- se me han aparecido, \u00bfo los habr\u00e9\u2026los<br>habr\u00e9 pintado alguna vez?<br>Se sume en una sombr\u00eda b\u00fasqueda, una suerte de ensue\u00f1o que lo hace retroceder a su adolescencia, a la casona de Las Palmas, a noches de follet\u00edn. Esas historias se quedaron dentro de \u00e9l y ahora se le representan en cualquier momento. No son las palabras, el texto, lo que ha permanecido, sino sus im\u00e1genes, sus visualizaciones, g\u00e9rmenes imaginarios de bocetos que pudo haber hecho. Piensa, est\u00e1 seguro, de que \u00e9l dibuj\u00f3 a esos espadachines de seda roja y enormes pelucas cobre. Tampoco importa demasiado, pues al pasar esto sabe que una obra nueva se est\u00e1 gestando. La inspiraci\u00f3n es as\u00ed, nace de estas confusiones, de estos embrollos mentales.<br>Un tropez\u00f3n con una roca lo saca de su ensimismamiento. Ha seguido caminando sin darse cuenta ad\u00f3nde iba. Tras atravesar el prado, se halla en un bosquecillo. Reconoce el lugar y respira aliviado. Es f\u00e1cil perderse en el Bois de Boulogne. A su alrededor unos robles majestuosos describen un c\u00edrculo, el per\u00edmetro de un claro ligeramente hundido.<br>-Bien. Es casi la hora, regresemos- dice en voz alta-Armando y L\u00eda<br>estar\u00e1n al llegar.<br>Da media vuelta para retornar al lago, pero se detiene casi inmediatamente. Oye m\u00e1s cascos de caballo, estacazos, gritos, bramidos que no son humanos. Debe averiguar qu\u00e9 sucede. Apenas hay luz, pero su falta la suplen hogueras que arden en el coso improvisado. Lo que contempla es tan fant\u00e1stico que se tambalea.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">No es otro duelo, es algo peor, una pugna brutal. Cuatro centauros se enfrentan a siete s\u00e1tiros. Uno de ellos se retuerce sangrando con la cabeza reventada mientras un h\u00edbrido caballuno gime ensartado por una estaca que traspasa su vientre. \u00bfQu\u00e9 es esta batalla? \u00bfAcaso la exige alguien? A Dios Gracias parece que hay una tregua. El capit\u00e1n de los equinos y el s\u00e1tiro jefe se dirigen al roble m\u00e1s vetusto para parlamentar con una sombra recostada sobre las inmensas ra\u00edces. Es un esp\u00edritu arcaico y sus ojos brillan como diamantes. Les responde a los caudillos en una lengua lenta y cadenciosa. Cuando acaba y calla, los soldados se retiran cabizbajos y se adentran en la creciente oscuridad. No son -piensa- sino pobres gladiadores a las \u00f3rdenes de un desp\u00f3tico poder. Los millones que murieron en las trincheras.<br>Abandonan a sus muertos y no socorren a nadie. El s\u00e1tiro se ha incorporado y N\u00e9stor acude en su ayuda. No es hasta que lo ve de pie que comprueba una cosa extraordinaria. \u00a1Es su s\u00e1tiro! Uno de los mancebos del Valle de las Hesp\u00e9rides, el m\u00e1s joven y coqueto que roba las manzanas. Tiene una enrevesada cornamenta, labios gruesos y grandes orejas de elfo. Le habla en un idioma, que, si no es el mismo que acaba de o\u00edr, es pr\u00e1cticamente igual. Apunta al l\u00edmite del claro y pronuncia una sola palabra, <em>prah\u2026prah\u2026prah.<\/em> Lo entiende. El bosque es el umbral de su  mundo y le ruega que lo lleve hacia ah\u00ed. Antes de desaparecer, la criatura le sonr\u00ede agradecida y de la mellada punta de su asta arranca una arista que le ofrece. Cojeando, cruza la tenue frontera\u2026<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\" style=\"font-size:23px\"><strong>*<\/strong><br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">Armand pasea fumando sobre el puente mientras L\u00eda y su pekin\u00e9s corretean.<br>-\u00bfQu\u00e9 te pasa, querido? Parece que vienes de un funeral, \u00bfm\u00e1s visiones<br>funestas?<br>-\u00a1Si yo te contara, Armando!<br>-Bueno. Tenemos hambre. March\u00e9monos. Sabes que este parque me da grima.<br>Los tres se acomodan en el Bugatti, \u00e9l detr\u00e1s, porque delante le da v\u00e9rtigo. Atraviesan calles semivac\u00edas hasta entrar en el bullicio de Montparnasse. El pintor est\u00e1 callado. Presiente que su amada urbe moderna es un escenario al que debe decir adi\u00f3s. Ma\u00f1ana mismo empezar\u00e1 a hacer las maletas. Regresa a la isla, donde todo se barrunta con otra serenidad. Lo aguardan, adem\u00e1s, importantes compromisos que no quiere eludir. Y\u2026viajar\u00e1 solo. Al encarar la certeza, su coraz\u00f3n se encoje. <em>Qu\u00e9 sea la \u00faltima vez, Dios m\u00edo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">-\u00a1No se te ocurre venir con \u00e9l! \u2013responde una voz guasona.<br>Hay alguien a su lado, una presencia que comienza a materializarse. Teme que sea una criatura del bosque. Pero, no lo es y respira aliviado. Es el espectro de un hombret\u00f3n, su querido amigo Tom\u00e1s, Tom\u00e1s Morales. \u00bfC\u00f3mo habr\u00e1 llegado a Par\u00eds? Le da la mano discretamente y le pregunta qu\u00e9 hace aqu\u00ed. El poeta recita dentro de su cabeza:<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\"><br>Y cuando ya el destino<br>cumpla obediente la presi\u00f3n del hado<br>y vuestro cuerpo ahogado<br>sea movible pasto de la deidad nocturna<br>os tender\u00e1 sus brazos en fiero remolino<br>y os llevar\u00e1 a su fr\u00eda morada taciturna<br>la mar, la sola urna<br>para guardar los restos sagrados del marino\u2026<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:30px\"><strong>PAR\u00cdS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\" style=\"font-size:23px\">Hace dos d\u00edas que llegu\u00e9 y no paro. Se corri\u00f3 la voz de que ven\u00eda vestido a la \u00faltima y a las diez de la ma\u00f1ana no cab\u00eda un amigo m\u00e1s en mi habitaci\u00f3n.<br>-Lu\u00eds, queremos ver los trajes de solapas grandes.<br>-Qu\u00e9 curiosidad malsana \u00bfy antes no se os ocurre preguntar c\u00f3mo<br>estoy? \u00bfQu\u00e9 c\u00f3mo me encuentro, qu\u00e9 si el viaje fue largo y tedioso?<br>-Bueno, claro, Lu\u00eds. El s\u00e1bado estamos organizando una cena de bienvenida durante la cual se te dar\u00e1 la palabra para que expongas, expliques y pontifiques sobre tu vida en Par\u00eds. Pero, ahora: \u00a1los trajes!<br>Y a Lu\u00eds Pons no le ha quedado m\u00e1s remedio que sacar los <em>complets<\/em> franceses de su ropero y mostrarlos a la \u00e1vida compa\u00f1\u00eda que los ha tocado, medido y vuelto  el rev\u00e9s. En su casa se hallan los parientes de San Mateo, con la excusa de huir del gran calor, aunque el verdadero motivo de su visita es que cuente calle a calle y plaza a plaza, las beldades y elegancias de Par\u00eds. Da igual. El exagerado recibimiento es muy grato.<br>Mejor, as\u00ed disipar\u00e1 la melancol\u00eda que lo embarga desde que tom\u00f3 el tren a Marsella y embarc\u00f3 en el vapor de <em>Changeurs R\u00e9mis<\/em> rumbo a Canarias. Pudiendo disfrutar del mar, que ama con locura, se encerr\u00f3 en el camarote para exprimir las \u00faltimas impresiones: su buhardilla, las estrechas calles, la lluvia que ca\u00eda, las voces, los ruidos, pues sin su ambientaci\u00f3n sonora, \u00bfqu\u00e9 es un recuerdo? Las personas que acaba de dejar atr\u00e1s, sus amigos de facultad, su casera, los vecinos, Am\u00e9lie. Le preocupan menos los humanos porque han dejado direcciones y tel\u00e9fonos. Son otras cosas las que se borran. Menos mal que para luchar contra el olvido tiene a un poderoso aliado.<br>Comenz\u00f3 a escribir su diario en hojas sueltas, en trozos de cart\u00f3n, en sobres usados, hasta que una ma\u00f1ana compr\u00f3 un cuaderno de doscientas p\u00e1ginas y puso fin a la dispersi\u00f3n de sus vivencias. Lo tiene guardado bajo llave en el caj\u00f3n de su mesa de noche. La tentaci\u00f3n de enfrascarse en su lectura es enorme, mas, resiste, porque sabe que antes debe concluirlo. S\u00ed. Escribir el viaje de regreso. Sus l\u00e1grimas, el ligero mareo al principio de la traves\u00eda, lo poco que comi\u00f3, sus esquivas relaciones con los pasajeros, la cerraz\u00f3n que se autoinfligi\u00f3 para lograr la impregnaci\u00f3n de Par\u00eds.<br>Ha postergado la so\u00f1ada visita a su prometida, Amalia, porque se siente indigno. Se casan en octubre, despu\u00e9s de tres a\u00f1os de noviazgo. Am\u00e9lie (fue un tormento que se llamaran casi igual) le dijo que su affaire era solo eso, un affaire que en nada afectar\u00eda a otros compromisos existentes. Pero, no es tan f\u00e1cil. <em>Gracias a esa se\u00f1ora viuda soy un hombre y no un jovenzuelo torpe e inexperto. Se lo tengo que decir, pero luego, \u00bfde qu\u00e9 servir\u00e1?<\/em> Su principal temor, al margen de los escr\u00fapulos, es que su novia lo averig\u00fce por un tercero, por la mala habladur\u00eda.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap has-text-align-center\" style=\"font-size:23px\">*<br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">Tiembla al tocar el timbre de la mansi\u00f3n moderna de los Rodr\u00edguez- Linde. Son una familia muy avanzada para su tiempo, de ideas liberales y actitud abierta. Un ala entera del palacete -que fue el segundo o tercer edificio de Triana en tener luz el\u00e9ctrica- les est\u00e1 reservada. Su casa, de dimensiones mucho m\u00e1s modestas, apenas lo alberga a \u00e9l, a sus siete hermanos, a sus padres y a las t\u00edas solteronas.<br>Suda al penetrar en el ex\u00f3tico zagu\u00e1n de may\u00f3lica belga, un jard\u00edn paradis\u00edaco con aves de on\u00edricas colas. Est\u00e1 cargado de regalos, una capa y unas botas para Amalia, un servicio de caf\u00e9 de Limoges para su suegra y la <em>Historia del Tercer Imperio<\/em> para su suegro.<br>-\u00a1Dios m\u00edo! \u00a1C\u00f3mo viene este ni\u00f1o! T\u00fa te has vuelto loco Luisito\u2026<br>\u00a1Amalia! \u00a1Qu\u00e9 haces! Ven y ay\u00fadanos.<br>Ella lo mira seria y triste. \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfSe lo habr\u00e1 dicho alg\u00fan chismoso? No, no puede ser. La de ellos fue una relaci\u00f3n discreta, lo sab\u00edan pocos, su primo\u2026 no, \u00e9l jam\u00e1s dir\u00eda nada.<br>-\u00a1Bueno hijos! Sal\u00fadense, parec\u00e9is dos extra\u00f1os. Yo voy a colocar todo esto en el sal\u00f3n.<br>-Vamos al patio, por favor- le dice ella d\u00e1ndole las dos manos. \u00a1Qu\u00e9 p\u00e1lida est\u00e1! \u00bfEstar\u00e1 enferma, o habr\u00e1 pasado otra cosa? \u00bfSe habr\u00e1 enamorado de otro y\u2026 querr\u00e1 romper el compromiso?<br>En cuanto se hallan a la sombra de los limoneros, Amalia lo abraza y llora.<br>-\u00bfQu\u00e9\u2026 qu\u00e9 te pasa, cielo? \u00bfTanta pena te causa verme?<br>-No es eso, bobo. Es que ya no aguantaba m\u00e1s. Te ha visto la ciudad entera antes que yo. \u00bfQu\u00e9 explica tu demora? \u00bfEs que ya no me quieres, es eso? \u00bfHas conocido a otra mujer m\u00e1s interesante?<br>-Yo te quiero para pasar el resto de mi vida contigo, aunque\u2026 aunque debo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">-No debes explicar nada. Lo que hayas hecho en Par\u00eds aparte de acabar tus estudios de qu\u00edmica, correrte juergas con la pe\u00f1a de los espa\u00f1oles y probar cosas nuevas, no me interesa. Es un par\u00e9ntesis en el cual yo no estoy. Pero, ahora, desde ahora, estar\u00e9 siempre.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\" style=\"font-size:23px\">*<br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">-\u00bfMej\u00edas? pregunta do\u00f1a Elvira al mayordomo -\u00bfsiguen hablando? Son<br>las seis de la tarde. Llevan dos horas.<br>-Se\u00f1ora- es que hace un a\u00f1o y medio que no se ven.<br>-Claro, tienes raz\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 bonito es el amor, Mej\u00edas!<br>-Es lo m\u00e1s bonito se\u00f1ora, lo mejor.<br>A su suegra le ha encantado el juego de caf\u00e9 y don \u00c1lvaro ha le\u00eddo el pr\u00f3logo de la <em>Historia del Tercer Imperio<\/em> durante los postres. Adem\u00e1s, Amalia vuelve a ser la chica dulce y buena que no se merece.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\" style=\"font-size:23px\">*<br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">Son las once de la noche y retorna a casa paseando. De la calle Travieso a la calle Buenos Aires el paseo es corto. Decide alargarlo porque se siente m\u00e1s confiado y puede, por fin, abandonarse al cansancio. El cielo se ha agrisado y unas nubes enormes enfr\u00edan la noche. Caen goterones, y de repente, una tromba. Le sigue una llovizna que durar\u00e1 hasta la madrugada. En vez de contrariarlo, esta agua lo colma; es el augurio, el buen augurio del Atl\u00e1ntico. Est\u00e1 pasando por el Palacio Quetgles cuando una puerta se abre y un hombre alto, enfundado en un gab\u00e1n, sale a la calle con una maleta abultada. Lleva un viejo sombrero ladeado que le confiere un aire bohemio y despreocupado. Se ve que ha olvidado algo porque rebusca en los bolsillos; le da las buenas noches.<br>-\u00a1Las que tiene usted joven! Lo veo muy satisfecho\u2026<br>-Don\u2026 don Tom\u00e1s \u00bfes usted?<br>-\u00a1El mismo!, que sale por la puerta de su casa. \u00bfCu\u00e1ndo has vuelto?<br>-Pues hace un par de d\u00edas, s\u00ed. Ha sido un torbellino, un cicl\u00f3n. Me han interrogado sin tregua y yo no he podido hacer ni una sola pregunta. Un retorno raptado. Solo esta noche, cuando he salido de la casa de mi novia, me he reencontrado.<br>-El rapto del regreso\u2026 interesante figura- dice riendo.<br>-\u00bfY usted se va de viaje?<br>-Pues s\u00ed. Me voy a Par\u00eds de d\u00f3nde t\u00fa vienes. Hace tiempo que me he estado preparando. Llevo meses leyendo en franc\u00e9s. Estar enfermo tiene sus ventajas y ya me he decidido.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">-\u00bfSe\u2026 se marcha usted solo?<br>-S\u00ed. Voy en expedici\u00f3n de reconocimiento para ver c\u00f3mo me puedo<br>establecer. Despu\u00e9s vendr\u00e1 Leonor con los ni\u00f1os.<br>-\u00bfAbandona la pol\u00edtica?<br>-No creo que ella me haya desposado para decir que la abandono\u2026<br>-\u00bfY en qu\u00e9 barco parte usted?<br>-En el \u00fanico que zarpa con destino a Francia esta madrugada, el <em>Ville de Toulon<\/em>.<br>-El que me trajo a m\u00ed de Marsella.<br>-Ya ves, somos casi compa\u00f1eros de viaje. Yo completo el trayecto que t\u00fa iniciaste.<br>-\u00bfTe puedo pedir un favor?<br>-Lo que usted quiera maestro\u2026<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">-Acomp\u00e1\u00f1ame al muelle. Benito me lleva en su Buick y te dejar\u00e1 en la puerta de tu casa despu\u00e9s. As\u00ed me hablar\u00e1s de Par\u00eds y me permitir\u00e1s hacerte algunas preguntas, de emigrante a emigrante. Es la providencia que te pone en mi camino. El autom\u00f3vil nos espera en el Paseo de los Castillos.<br>-\u00a1Pues claro que s\u00ed!<br>El Buick es un sobrio modelo de carrocer\u00eda rojo oscuro y altas ruedas blancas. Est\u00e1 tapizado en cuero negro y las ventanas llevan cortinillas. Al acomodarse dentro, a Lu\u00eds le choca el olor a humedad concentrada que no cuadra con el impecable estado del autom\u00f3vil. El ch\u00f3fer alto y espigado, tiene un incre\u00edble parecido con el \u00faltimo zar de Rusia. Conduce muy tranquilo sin variar la marcha ni abusar de los frenos. La neblina que arrastra el garujo, lo difumina todo. Ya no sabe d\u00f3nde est\u00e1, si atraviesan Las Palmas u otra ciudad, ni hacia d\u00f3nde se dirigen. Advirtiendo su desasosiego el poeta enseguida lo remedia y le pide que le cuente hilo por pabilo c\u00f3mo se habitu\u00f3 a la vida de la capital y cu\u00e1les son sus<br>caracter\u00edsticas. Las picudas techumbres del Hotel Metropole que se distinguen a cierta distancia, lo reconfortan. \u00a1Qu\u00e9 tonter\u00eda! \u00c9l, un hombre de mundo, asustado ante una situaci\u00f3n imprevista, ante una invitaci\u00f3n que es todo un privilegio.<br>-Tengo, don Tom\u00e1s, algo especial que contarle de lo que sent\u00ed al leer <em>Los Puertos. Los mares y los Hombres del mar<\/em>. A punto estuve de marcharme ese d\u00eda de Par\u00eds. Sus poemas eran las palabras exactas que a m\u00ed me faltaron para describir los sentimientos de mi infancia. No hab\u00eda nada que me impresionase m\u00e1s que ver los barcos y los marineros del mundo entero en el Puerto de la Luz. Los grandes trasatl\u00e1nticos, los cargueros, los paquebotes y los misteriosos veleros, como la fragata Olinda. Comprendo ahora que este viaje que acabo de realizar empez\u00f3 entonces, en ese contacto intuitivo:<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\"><em>Esta vieja fragata tiene sobre el sollado<br>un fanal primoroso con una imagen linda;<br>y en la popa, en barrocos caracteres grabado,<br>sobre el LISBOA cl\u00e1sico, un dulce nombre: Olinda<\/em><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\"><br><em>Como es de mucho porte y es cara la estad\u00eda,<br>alija el cargamento con profusi\u00f3n liviana:<br>lleg\u00f3 anteayer de Porto, filando el mediod\u00eda,<br>y hacia el Cabo de Hornos ha de salir ma\u00f1ana\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\"><br>-Cierto, Lu\u00eds. El mar no es solo nuestro fundamento, es nuestra<br>carretera.<br>-\u00bfNo\u2026 no teme que trasladarse a otro pa\u00eds afecte a su poes\u00eda?<br>-\u00bfAcaso dej\u00e9 de escribir cuando viv\u00eda en Madrid? La ciudad ya abri\u00f3 mis ojos una vez. Estoy seguro de que lo har\u00e1 de nuevo. Y creo que sabes a lo que me refiero. Es una posibilidad que existe desde siempre. Vivir en Madrid me revel\u00f3 muchas cosas de la belleza y de los sentidos, que en una isla solo conocemos fragmentariamente, en peque\u00f1as dosis, porque no hay m\u00e1s. Las grandes ciudades son el cruce y el fermento de miles de inteligencias, de tradiciones, de culturas. Qui\u00e9n soy y c\u00f3mo es mi poes\u00eda, permanece inalterable. Yo jam\u00e1s renegar\u00e9 de mis cantos a la naturaleza y es el Atl\u00e1ntico que me ha dado la fama. En Par\u00eds espero conocer a otros escritores, exponerme a ideas y a pensadores que aqu\u00ed solo conocemos en forma de libro. Internacionalizarme como hizo Dar\u00edo. Si eso afectar\u00e1 mi escritura\u2026 pues no lo s\u00e9.<br>El poeta r\u00ede de nuevo. A poca distancia despuntan los almacenes y las oficinas de Miller y Elder.<br>Lu\u00eds mira su reloj y se queda asombrado. \u00a1Son las tres de la ma\u00f1ana! Ten\u00eda la impresi\u00f3n de que llevaban mucho tiempo hablando, pero no es hasta ese instante que es consciente del extra\u00f1o bucle. El leve temor que sinti\u00f3 antes se acrecienta. Est\u00e1 a punto de preguntar la hora cuando el autom\u00f3vil ralentiza y para. Han llegado al espig\u00f3n de La Luz a cuyo extremo aguarda el barco. Ahora la sensaci\u00f3n es completamente distinta. Han recorrido un kil\u00f3metro o dos en segundos.<br>-Yo me bajo aqu\u00ed. No hace falta que te diga lo que me gusta la noche de este puerto. Benito te conducir\u00e1 a tu casa. Y, por cierto, cuando por fin publiques ese diario de tu vida extranjera no te olvides de enviarme un ejemplar. Tus cuentos promet\u00edan mucho. Ya ves, la medicina es compatible con el arte. Adi\u00f3s, amigo.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">Tom\u00e1s desaparece bajo la f\u00e9rrea vigilancia del ch\u00f3fer. Sus ojos verdes emiten una luz glauca, como una bombilla bajo el agua. Al ver que el poeta ha embarcado, arranca el motor, gira el veh\u00edculo y pisa a fondo el acelerador. No es que corran a una velocidad mortal, \u00a1el coche despega! Lu\u00eds le ruega al conductor que amaine. Es in\u00fatil. Ya nada es reconocible. Vuelan por un t\u00fanel de estrellas. Una mano enguantada le ayuda a bajar. Apenas puede dar un paso. Lo sostiene un hombre de una fuerza descomunal, aunque est\u00e1 helado, s\u00ed, es un bloque de hielo que anda. <\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">-\u00bfD\u00f3nde\u2026 d\u00f3nde estamos?<br>-En su casa se\u00f1or. Yo me tengo que marchar. Se me hace tarde y me pueden sancionar. Adi\u00f3s, se\u00f1orito Lu\u00eds.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\" style=\"font-size:23px\">*<br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">-Luisito, mi ni\u00f1o, \u00bfqu\u00e9 te pasa? Est\u00e1s blanco y fr\u00edo, \u00a1Ay, Santa Mar\u00eda! \u00a1Una pulmon\u00eda! \u00a1Tiene una pulmon\u00eda! -exclama Paca, el ama, al abrirle.<br>-\u00bfPero bueno, qu\u00e9 sucede? \u00bfQu\u00e9 te pasa Lu\u00eds? \u00bfHas tenido un disgusto con Amalia?<br>-No, madre, no es nada de eso. Somos muy felices\u2026es que he acompa\u00f1ado al poeta Tom\u00e1s Morales al muelle de La Luz, que se iba a Par\u00eds, y he tenido un extra\u00f1\u00edsimo retorno desde el puerto. Nos llev\u00f3 Benito en su Buick y\u2026<br>-\u00a1Ay San Francisco Bendito! \u00a1Al ni\u00f1o se lo han llevado los muertos de paseo! -brama Paca arrodill\u00e1ndose y santigu\u00e1ndose ante la efigie de la Virgen que preside el porche.<br>-\u00a1Bueno, pero qu\u00e9 es este esc\u00e1ndalo!- truena don Augusto Pons enfadado.<br>-Hijo m\u00edo, es que\u2026 no es posible que no lo sepas. El pobre Tom\u00e1s muri\u00f3 hace una semana, el d\u00eda veintiuno. Pens\u00e1bamos\u2026 no te lo dijimos temiendo estropearte el regreso.<br>-\u00a1Mam\u00e1, c\u00f3mo has podido!\u2026<br>-Por tanto, lo que dices es\u2026imposible.<br>-\u00a1Ay, el pobrecito Benito se ha convertido en un \u00e1nima errante!- lloriquea Paca- \u00a1cuando se lo diga a su pobre viuda\u2026 \u00a1Josefita se muere!<br>-Dime la verdad, que a m\u00ed no me importa, \u00bfcu\u00e1ntas te has tomado de m\u00e1s, hijo? -pregunta su padre.<br>-Veo y compruebo que en esta casa se me toma a\u00fan por un mocoso, \u00bfhe mentido alguna vez sobre hechos materiales? Ma\u00f1ana le contar\u00e9 la historia a Juan Medina y despu\u00e9s seguiremos hablando\u2026m\u00e1s sosegados.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">Lu\u00eds se retira a su habitaci\u00f3n sin dar las buenas noches, agotado y desmoralizado por tanto descreimiento. Sentado en la cama se empieza a cambiar y se quita el reloj. Deben ser ya cerca de las cinco de la ma\u00f1ana o m\u00e1s; mira la hora que marcan las manecillas: las once y media. El \u00fanico tiempo que ha transcurrido es el del filos\u00f3fico paseo desde la casa de su novia a la suya. El otro, el lapso del incre\u00edble encuentro, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1? No se rinde. Se alza de nuevo y so pretexto de prepararse una tila consulta los relojes del hogar. Todos concuerdan, las once y treinta y uno, las once y treinta y dos\u2026<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\" style=\"font-size:23px\">*<br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">El Coronel Medina se iba a jubilar cuando un general amigo le rog\u00f3 por cable desde Madrid que no lo hiciera, pues para coronar su envidiable carrera le faltaba una guinda final. Transmitir su ciencia investigadora a las nuevas generaciones. Medina, siempre herm\u00e9tico, quer\u00eda llevarse a la tumba sus m\u00e9todos. Pero los ocurrentes cables del alto mando que se sucedieron durante una semana entera le hicieron cambiar de parecer. Ahora trabaja rodeado de un grupo de j\u00f3venes y devotos agentes, a quien (y le sorprende lo bien que lo hace) imparte c\u00e1tedra a diario.<br>Lu\u00eds estudi\u00f3 con su hijo en el Colegio de San Agust\u00edn, y por eso lo recibe enseguida a las ocho de la ma\u00f1ana en el Cuartel de San Francisco.<br>-\u00a1Qu\u00e9 alegr\u00eda verte! Por fin en casa\u2026 dime, \u00bfha pasado algo?<br>-Coronel, es una alegr\u00eda estar de vuelta. Lo que le voy a contar pas\u00f3<br>anoche\u2026 o no pas\u00f3.<br>-\u00bfTe importa que tomemos declaraci\u00f3n oficial?<br>-En absoluto.<br>-Soy todo o\u00eddos.<br>Mientras narraba el suceso con el m\u00e1ximo detalle, escrutaba de reojo la cara del viejo guardia civil, buscando un gui\u00f1o ir\u00f3nico. Se equivoc\u00f3; el rostro que lo escuchaba era la imagen de la seriedad en persona. Al final el inspector se levant\u00f3 y se situ\u00f3 frente a la ventana, d\u00e1ndole la espalda. Hac\u00eda una espl\u00e9ndida ma\u00f1ana azul.<br>-Mart\u00edn- orden\u00f3 al oficial que se hab\u00eda encargado de mecanografiar el atestado- telefonea al Garaje Meli\u00e1n y dile que vamos hacia ah\u00ed, que no se inquiete, que es para ver uno de los veh\u00edculos.<br>Un antiguo arco voltaico ilumina el tramo del subterr\u00e1neo por donde los tres hombres avanzan. Solo, entre dos protectoras columnas y la pared, se halla el Buick rojo oscuro, tan pulcro y bello como lo vio anoche.<br>Encima del cap\u00f3, han colocado una fotograf\u00eda enmarcada y ornada con un<br>cresp\u00f3n negro.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:23px\">-F\u00edjate bien en el personaje. Es Benito Marrero, el arriero, el tartanero,<br>el primer <em>chauffeur<\/em>. Nuestro San Crist\u00f3bal moderno. Gast\u00f3 la mitad de sus ahorros en este cochazo que lleg\u00f3 a la isla el d\u00eda que muri\u00f3. Su viuda, Josefita D\u00edaz, lo tiene como una patena, lo venera, y si pudiera, se traer\u00eda el cuerpo de su marido, que, enterraron vestido de chofer, y lo pondr\u00eda al volante \u00bfA qu\u00e9 este anciano coronel te ha sorprendido? Abre las puertas y examina el interior. Tu descripci\u00f3n es exacta. Ver\u00e1s, Luisito, no eres el primero que viaja con \u00e9l. Dicen que Benito, bondadoso que fue, es ahora el taxista de las almas.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\"><strong>Jonathan Allen<\/strong> nace en Las Palmas de Gran Canaria el 29 de abril de 1963) Se grad\u00faa en Filolog\u00eda Francesa e Hisp\u00e1nica en Cambridge (St. Catherine\u2019s Collage, 1985) y hace el posgrado en Queen Mary College, Universidad de Londres. En 1991 es editor ingl\u00e9s de <em>Atl\u00e1ntica Revista de las Artes<\/em> (CAAM). Entre 1992 y 1995 ser\u00e1 Coordinador de Programaci\u00f3n de la Filmoteca Canaria y a partir de 1995, profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Ha dirigido <em>Moralia. Revista de Estudios Modernistas<\/em> (Cabildo de Gran Canaria), la <em>Colecci\u00f3n de Viajes y Viajeros Hist\u00f3ricos a Canarias <\/em>(Cabildo de Gran Canaria) y ha sido co-director de la <em>Historia cultural del arte en Canarias<\/em> (Gobierno de Canarias, 2008- 10 vol\u00famenes). Ha colaborado con <em>La Provincia <\/em>desde 1990 y con el <em>Canarias 7<\/em> (1998-2008). Entre 2004-2008 publica la trilog\u00eda <em>Arturo Rey de Erbania<\/em> (Huerga &amp; Fierro Editores, Madrid, 2005-2008). En 2009,<em> El sue\u00f1o de Praga<\/em>, (IDEA, Tenerife), posteriormente traducida al checo (Pr\u00e1zsk\u00e1 Noc, Knizni Klub, 2011). Se imprime en 2010 <em>Napole\u00f3n en Santa Helena &amp; otros cuentos<\/em>, (Madrid, Huerga y Fierro Editores) y en 2011, <em>Venecia &amp; otros cuentos de amor y alcohol<\/em> (IDEA, Tenerife). En 2012 participa en la colecci\u00f3n Narrativa G21 con la novela <em>Julia y la guillotina<\/em> (2013) cuya versi\u00f3n francesa edita L\u2019Harmattan, (<em>Julie et la guillotine<\/em>, Par\u00eds, 2014); de octubre de ese a\u00f1o data <em>El \u00faltimo mecenas &amp; otros cuentos de creadores canarios<\/em> (IDEA, Tenerife), su tercer libro de cuentos. En junio de 2015 publica <em>De diablos y santorales<\/em>. Cuentos que escribe con Luis Arencibia Betancort, y en 2016, <em>Sangre vieja<\/em>, su sexta novela, ambos con Mercurio Editorial. En 2017,<em> El conocimiento<\/em>, su s\u00e9ptima novela (IDEA, Tenerife). En 2018 se p\u00fablica en biling\u00fce (franc\u00e9s y espa\u00f1ol), <em>Les voyages de Balzac. Los viajes de Balzac<\/em> por L\u2019Harmattan y la segunda edici\u00f3n revisada de<em> El sue\u00f1o de Praga<\/em> <em>(El sue\u00f1o de Praga y dos cuentos del Castillo) <\/em>en ATTK (versi\u00f3n electr\u00f3nica). <em>A los que leen<\/em> (IDEA, Tenerife, 2019) es su octava novela.<\/p>\n ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuestro colaborador Jonathan Allen Ha dirigido Moralia. 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