{"id":2630,"date":"2021-09-14T18:12:10","date_gmt":"2021-09-14T18:12:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/?p=2630"},"modified":"2021-09-14T18:12:13","modified_gmt":"2021-09-14T18:12:13","slug":"de-tierra-solo-un-puno-sobre-la-condicion-insular-por-cecilia-dominguez-luis","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/ensayo\/de-tierra-solo-un-puno-sobre-la-condicion-insular-por-cecilia-dominguez-luis\/","title":{"rendered":"&#8220;De tierra solo un pu\u00f1o&#8221; Sobre la condici\u00f3n insular. Por Cecilia Dom\u00ednguez Luis"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Cecilia-Dominguez-05-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2631\" srcset=\"http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Cecilia-Dominguez-05-1024x683.jpg 1024w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Cecilia-Dominguez-05-300x200.jpg 300w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Cecilia-Dominguez-05-768x512.jpg 768w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Cecilia-Dominguez-05-1536x1024.jpg 1536w, http:\/\/www.trasdemar.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Cecilia-Dominguez-05-2048x1365.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>Cecilia Dom\u00ednguez Luis<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p style=\"font-size:30px\">Desde la Revista Trasdemar presentamos con motivo de nuestro aniversario la colaboraci\u00f3n especial de Cecilia Dom\u00ednguez Luis (La Orotava, Tenerife, 1948) Poeta y novelista, Licenciada en Filolog\u00eda Hisp\u00e1nica. Premio Canarias de Literatura en 2015 y Acad\u00e9mica numeraria de la Academia Canaria de la Lengua, ha sido presidenta del Ateneo de La Laguna y forma parte del Instituto de Estudios Canarios. Su obra ha sido traducida al franc\u00e9s, al rumano y al alem\u00e1n. Su primer libro de poes\u00eda fue &#8220;Porque somos de barro&#8221; (1977). Acaba de publicar &#8220;Las terribles historias&#8221; libro de cuentos en Nectarina editorial (2021)<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-style-large\"><p><strong>Un d\u00eda, mirando hacia el Teide, se me ocurri\u00f3 poner una mano delante de mis ojos. El volc\u00e1n, desapareci\u00f3 por completo de mi vista. Luego me volv\u00ed hacia el mar e hice el mismo gesto. Sin embargo, esta vez, solo pude tapar un fragmento de mar- el que<br>abarcaba mi mano-, el resto segu\u00eda ah\u00ed azul y quieto, inabarcable, como el cielo. Creo que fue la primera vez que fui consciente de mi condici\u00f3n de insular.<\/strong><\/p><cite><strong>CECILIA DOM\u00cdNGUEZ LUIS<\/strong><\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"><em>Nos ha tocado en suerte,<br>de tierra solo un pu\u00f1o;<br>de cielo, todo el cielo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\" style=\"font-size:21px\">Este fragmento del poema IV perteneciente al libro <em>Altos crecen los cardos<\/em>, de Rafael Arozarena resume, en cierta manera, nuestra condici\u00f3n insular. Una circunstancia que influye en nuestra manera de ser , de sentir e, incluso de expresarnos. Pero no caigamos en la trampa de identificar literatura y territorio y hacer de este un condicionante exclusivo; un error en el que se ha ca\u00eddo con frecuencia, y nuestra historia literaria nos ofrece muchos ejemplos de ello.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\"><br>Por mi parte, coincido con Claudio Magris cuando afirma que \u00abla literatura es por s\u00ed<br>misma una frontera y una expedici\u00f3n a la b\u00fasqueda de nuevas fronteras\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\"><br>Una literatura, es cierto, pertenece al lugar del que surge, pero si a este lugar lo<br>convertimos en \u00fanico objeto de adoraci\u00f3n, si no hay en nuestra literatura un af\u00e1n de<br>universalidad que traspase nuestro limitado territorio, la convertiremos en verborrea<br>est\u00e9ril y sin sentido, degradando as\u00ed el lugar que pretend\u00edamos, de este absurdo modo,<br>elevar a la categor\u00eda de lo po\u00e9tico. Porque todo lo que consideramos nuestro paisaje,<br>lo que amamos al contemplarlo desde nuestras ventanas o azoteas- un lugar este<br>\u00faltimo tan en la memoria de nuestra infancia en las islas -, solamente tendr\u00e1 un<br>sentido, no s\u00f3lo po\u00e9tico sino tambi\u00e9n vital, si lo ponemos en relaci\u00f3n con esa otra<br>realidad mayor que es el universo.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\"><br>Vivir en una isla condiciona, desde luego. Los espacios son muy limitados, de tal<br>manera que los l\u00edmites entre ciudad y campo son escasos y, como dice P\u00e9rez Minik: \u00abEl<br>canario es hombre que vive muy cerca de su geograf\u00eda, no sabemos si porque siempre<br>la tiene a la vista, como un trasunto de su existencia, o porque esa geograf\u00eda no lo deja<br>nunca en paz\u00bb. Pero, sobre todo, existe algo fundamental y es que decir isla supone<br>tambi\u00e9n y necesariamente decir mar. El mar es un elemento que nos a\u00edsla, pero es<br>tambi\u00e9n una fuerza que nos empuja y nos abre la puerta a nuevos horizontes a los que<br>nos invita. De ah\u00ed nuestro af\u00e1n de lejan\u00eda, mal entendida, en ocasiones, por algunos<br>poetas, que vuelven la espalda a ese mar, encerr\u00e1ndose en una supuesta identidad<br>endog\u00e1mica, que se complace en una contemplaci\u00f3n y exaltaci\u00f3n est\u00e9riles y<br>asfixiantes.<br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\">Y este es un mal que nos ronda desde hace tiempo, de tal forma que muchos poetas<br>canarios no s\u00f3lo le han dado la espalda al mar, sino que han puestos sus complaciente<br>ojos en un paisaje clausurado y claustrof\u00f3bico, instal\u00e1ndose en un peligroso estatismo,<br>cuando no en la a\u00fan m\u00e1s peligrosa mirada nost\u00e1lgica hacia un \u2013 ahora<br>afortunadamente cuestionado- para\u00edso. De este modo, todo queda en una superficial<br>mirada que no va m\u00e1s lejos de la orilla. Tal vez olvidan que D\u00e1cil, el bello personaje<br>inventado por Viana y reinventado por otros poetas, contin\u00faa pidi\u00e9ndole cosas a ese<br>mar del que todo lo espera.<br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\">No toda la culpa ha sido nuestra -\u00bfo s\u00ed?- No han sido pocos los cr\u00edticos y estudiosos que<br>han extendido la idea de que la literatura escrita en las islas ( cuando digo literatura<br>me refiero sobre todo a la poes\u00eda), siempre ha estado marcada por el aislamiento, la<br>intimidad y el acoso del mar, cuando, a\u00fan siendo ciertas estas caracter\u00edsticas, no son<br>las \u00fanicas y adem\u00e1s, precisamente el mar, como dije antes, no es s\u00f3lo prisi\u00f3n sino, por<br>el contrario, es invitaci\u00f3n, seducci\u00f3n hacia la aventura de lo desconocido.<br>Es indudable que el mar, con Viana y, m\u00e1s concretamente, con la leyenda de D\u00e1cil, se<br>convierte en un territorio m\u00edtico para el insular; territorio que, aunque, insisto, no es el<br>\u00fanico, s\u00ed es el que nos da una dimensi\u00f3n m\u00e1s universal que es a lo que, precisamente,<br>debe tender toda poes\u00eda.<br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\">Y esto lo entendieron muy bien nuestros poetas modernistas. Recordemos si no el mar<br>rotundo, luminoso y fuerte de los poemas de Tom\u00e1s Morales en su Oda al Atl\u00e1ntico, o<br>ese mar m\u00e1s \u00edntimo al que se dirige la poes\u00eda de Alonso Quesada, en un t\u00fa a t\u00fa<br>coloquial, muy en consonancia con su propia existencia, o la poes\u00eda de Saulo Tor\u00f3n,<br>inmersa en un mar cotidiano y conocido, que el poeta hace suyo y pasa a ser un<br>s\u00edmbolo de su yo \u00edntimo. Una mirada que tiene la orilla como l\u00edmite, pero que funda en<br>ella un espacio de celebraci\u00f3n de la palabra po\u00e9tica.<br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\">Si bien nuestro territorio no es \u00fanicamente el mar, comparto la idea de Pedro Garc\u00eda<br>Cabrera cuando afirma que \u00abla isla para definirse necesita-imprescindiblemente- del<br>mar\u00bb y que el esp\u00edritu isle\u00f1o tiende a sincronizarse con \u00e9l, siendo esta sincron\u00eda la que<br>va a darle al hombre una nueva mirada hacia el paisaje de su isla; una mirada en la que<br>est\u00e1n impresos lo lejano, la carencia y el deseo de profundidad que le proporciona el<br>oc\u00e9ano. Porque el territorio insular que se mueve entre lo vertical y lo llano, en<br>bruscos contrastes, se resuelve siempre en los contornos luminosos del horizonte<br>marino, a trav\u00e9s del cual nos integramos en el mundo.<br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\">Por otro lado, est\u00e1 bien reconocer y reconocerse en el paisaje, pero no limitarse a ello,<br>sino fundar en \u00e9l un territorio que vaya m\u00e1s all\u00e1 de lo que ven nuestros ojos.<br>Pero no toda la poes\u00eda de la isla, como he apuntado antes, tiene por qu\u00e9 estar<br>determinada exclusivamente por el mar. El poeta tambi\u00e9n marcha tierra adentro y se<br>encuentra con otras realidades a las que hacer suyas. Realidades que adem\u00e1s nos dan<br>una doble visi\u00f3n, si tenemos en cuenta el paisaje canario, el norte y el sur. Un norte<br>monta\u00f1oso, verde y rico que contrasta con el sur, llano, arenoso, des\u00e9rtico.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\">Creo que la infancia, como territorio de la primera mirada a las cosas, es el lugar donde<br>empieza a fraguarse nuestra visi\u00f3n del mundo, en un descubrimiento desde el<br>asombro inocente de una primera vez. La realidad aparece entonces como reci\u00e9n<br>inventada y con ella creamos un mundo del que no est\u00e1n exentos los miedos y las<br>preguntas, pero que es \u00fanicamente nuestro. As\u00ed, sin apenas darnos cuenta, nos vamos<br>incluyendo en una realidad que nuestra imaginaci\u00f3n modifica a su antojo.<br>Estamos ante una de las formas de vivir y amar el lugar y, aunque de manera<br>inconsciente, el territorio de la infancia establece una relaci\u00f3n estrecha entre el paisaje<br>real que la rodea y su paisaje mental (llam\u00e9mosle imaginativo).<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\"><br>Mi infancia es una infancia de tejados, los m\u00edos y los ajenos. A los tejados vecinos<br>trepaba en busca de verodes y musgo con que adornar el bel\u00e9n , a esconder tesoros<br>diminutos bajo las tejas, o a buscar pelotas que, seg\u00fan declaraba en mi defensa,<br>volaban \u201csin querer\u201d a territorio ajeno. El m\u00edo, mi tejado, estaba reservado para<br>incursiones especiales. Era un tejado a cuatro aguas (lo es todav\u00eda, afortunadamente),<br>rodeado por un pasillo que constitu\u00eda lo que nosotros llam\u00e1bamos \u201cel mirador\u201d. Me<br>encaramaba a los m\u00e1s alto y una vez all\u00ed, seg\u00fan fuera el d\u00eda m\u00e1s o menos propicio, mi<br>mirada gustaba medirse con el volc\u00e1n que espiaba mis juegos o bien me sentaba<br>d\u00e1ndole la espalda y dejaba que mis ojos recorriesen la planicie azul que se ve\u00eda lejana,<br>all\u00e1 abajo, forzando la vista en la creencia imposible de descubrir alguna ola a pesar de<br>la lejan\u00eda.<br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\">Un d\u00eda, mirando hacia el Teide, se me ocurri\u00f3 poner una mano delante de mis ojos. El<br>volc\u00e1n, desapareci\u00f3 por completo de mi vista. Luego me volv\u00ed hacia el mar e hice el<br>mismo gesto. Sin embargo, esta vez, solo pude tapar un fragmento de mar- el que<br>abarcaba mi mano-, el resto segu\u00eda ah\u00ed azul y quieto, inabarcable, como el cielo. Creo<br>que fue la primera vez que fui consciente de mi condici\u00f3n de insular.<br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\">Lo que no lograba explicarme entonces era aquella sensaci\u00f3n de desasosiego que<br>acompa\u00f1aba a esos instantes de contemplaci\u00f3n. Era algo que desbordaba mi<br>comprensi\u00f3n y que me hac\u00eda sentir la carencia, el deseo de algo m\u00e1s. Tal vez fueran<br>esos los momentos en que, inconscientemente, me un\u00eda m\u00e1s al alma de la isla.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\">Instalada en esta nueva etapa de mi vida y quehacer po\u00e9tico, poco a poco he ido<br>intentando indagar en cu\u00e1l fue el punto de partida de mi vocaci\u00f3n, en el por qu\u00e9 eleg\u00ed<br>el camino de la poes\u00eda. En otras palabras, he querido buscar un principio, un origen<br>estable a mi historia y, as\u00ed, he ido descubriendo que toda ella ha estado vinculada a la<br>tierra, al paisaje, en definitiva, a la isla. Un espacio reconocible, pero desde el que<br>intento inventar otro espacio, el po\u00e9tico, que no s\u00f3lo est\u00e1 determinado por la<br>existencia del mar, sino que aquel paisaje de tierra adentro de mi ni\u00f1ez tambi\u00e9n forma<br>parte importante de este imaginario m\u00edo desde el que pretendo proyectarme al<br>mundo. Es decir, mi realidad es un espacio limitado, pero sobre el que se oyen ecos de<br>una universalidad a la que tiende y con la que se identifica.<br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\">As\u00ed, desde mi madurez, ya cercana a la ancianidad, redescubro la ra\u00edz universal de la<br>isla; mi ra\u00edz de habitante insular que, a trav\u00e9s del mar, me lleva a comulgar con un<br>paisaje exterior e interior con el que construir mi universo po\u00e9tico. Un mar al que no<br>puede renunciar mi condici\u00f3n de poeta de isla y que me imprime un deseo de<br>b\u00fasqueda en el que va impresa la sensaci\u00f3n de un perenne alejamiento desde el que<br>devuelvo al mar la mirada convertida en palabra.<br><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:21px\">Hasta aqu\u00ed mi visi\u00f3n de la condici\u00f3n insular. Otras habr\u00e1 que comulguen o no con la<br>aqu\u00ed expuesta, pero sea cuales sean las diferentes visiones, pienso que cualquiera de<br>ellas, para ser v\u00e1lida, tiene que unimismarse con la tierra, reconocerse en ella una vez<br>haya descendido hasta sus m\u00e1s \u00edntimos y oscuros lugares donde aprehenderla y, con<br>ella, integrarse en lo universal, haciendo de cada hallazgo un descubrimiento vital y<br>c\u00f3smico.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator is-style-wide\"\/>\n ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Presentamos en la revista Trasdemar, con motivo de nuestro primer aniversario, una serie de ensayos, art\u00edculos y colaboraciones especiales para la visibilidad de un espacio de reflexi\u00f3n y encuentro entre escritores y escritoras de todas las orillas de la insularidad contempor\u00e1nea<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2631,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[11],"tags":[26],"blocksy_meta":"","yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v15.5 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>&quot;De tierra solo un pu\u00f1o&quot; Sobre la condici\u00f3n insular. 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