“Flor amniótica” Poemas de Iris Mónica Vargas

En la revista Trasdemar difundimos la creación literaria contemporánea del Caribe
Fotografía cortesía de la autora

Presentamos en la Revista Trasdemar una nueva colaboración de la autora Iris Mónica Vargas (Puerto Rico) con una muestra poética que incluimos en nuestra sección “Conexión Derek Walcott” de literatura contemporánea de las islas. Su obra ha sido publicada en destacados espacios internacionales como el Periódico de Poesía (UNAM, México), Latin American Literature Today (LALT), Círculo de Poesía y la Gold Foundation (USA), entre otros. Su trabajo explora las intersecciones entre lo visual, la naturaleza y la experiencia humana. Es una voz activa en la literatura puertorriqueña contemporánea con presencia en antologías y revistas de Hispanoamérica y Europa. Tiene tres volúmenes de poesía: “La última caricia” (Terranova, 2014), “El libro azul” (Snow Fountain Press, 2018), y “El día en que dejamos la tierra” (Valparaíso Ediciones, 2024).

Te entierras, destruyes pasillos

vasculares: te aposentas.

Esperas. Te ofreces, flor amniótica.

Luego te tropoblastas y cincitias.

Te citiotrofoblastas.

IRIS MÓNICA VARGAS
Flor amniótica

Se ama. Se siembra una semilla.
No se ama, y se abandona el huerto.

Se envidia febrilmente.
Se adora píamente.

Se mata.

Y crece uno de dos. 
Zigota, morula, y blastocista.  

Te entierras, destruyes pasillos 
vasculares: te aposentas. 

Esperas. Te ofreces, flor amniótica. 
Luego te tropoblastas y cincitias. 
Te citiotrofoblastas. 

Entras a un salón blanco 
repleto de cuerpos bajo bolsas. 
El mármol duro, frío.

Abres. Develas contenido.
Acoges lentamente el busturí.
Disectas.


Reliquia

Doña Isabel de Carom 
inclinó su cabeza 
                   ceremoniosamente
sobre los pies del difunto: 
el santo Francis de Goa.
Posó sus labios sobre la piel,
abrió su boca y le arrancó un dedo.
Lo consagró en su capilla personal 
y cobró entrada a los curiosos.

Yo tengo una fotografía tuya,
pero no recuerdo tus pies.


Las bestias de la máquina

Cada día, conforme gira la ciudad 
de nuevo al sol, emerge el dormitorio.
Existen sus manos otra vez.

El viejo vidrio muestra, con su capa 
de plata, su rostro nuevamente.

Se lava los dientes, 
y ha de ponerse el vestido:

Un acento chato.
Los crespos sumisos.
La lengua aplastada. 
Las erres rondando hacia eses
que no han sido suyas jamás.

Mochila a la espalda:
un galón de sangre 
de niños sin padres o madres, 
sin piernas ni tierra, 
sin árbol 

 y debe pretender que es agua.

Deja un comentario