“Ser de isla colonizada me inscribe, desde su raíz, como mujer isla, síntoma en una producción sinfín de algoritmos” Nadya Echevarría Quiñones

La Revista Trasdemar prosigue la estela de las revistas de vanguardia, que a lo largo del siglo XX realizaron encuestas a creadores de la época para favorecer el debate y el diálogo en el panorama literario y cultural
Nadya Echevarría Quiñones

Presentamos en la Revista Trasdemar la entrevista con la autora Nadya Echevarría Quiñones (Puerto Rico, 1984) a quien agradecemos su colaboración en nuestra encuesta internacional dedicada a la insularidad

En el movimiento constante de seres y en su navegar desde la nostalgia en estas islas asediadas, nos define el tránsito perpetuo, aun sin movernos de nuestras localizaciones, siendo seres de islas que respiran hacia el infinito con cierto germen del siempre proyecto inconcluso de liberación conjunta que va tardándose siglos

NADYA ECHEVARRÍA QUIÑONES

La isla como espacio de creación

¿Qué representa la insularidad para su génesis como autora? Háblenos de su experiencia creativa en el ámbito de la escritura: ¿cuáles fueron los orígenes de su proceso de producción literaria?

En este archipiélago que habito el aceite para las esperanzas y el espanto para las musarañas representan siempre ese norte que no para de dar vueltas temiendo al olvido. Quizás un verso en este caso, sea una línea abstracta de realización de algún deseo profundo, prohibido. Cuando un nuevo modo de pensamiento busca afirmarse surge quizás poesía. Acá vale la distribución de riquezas, nuevamente, con el deseo como principio en condiciones a la vista imposibles. Ser isla entre islas nos equipara de algunos excesos; están la belleza, el encierro y la soledad formando un circuito que despierta palabras. Ser de isla colonizada me inscribe, desde su raíz, como mujer isla, síntoma en una producción sinfín de algoritmos para la autodestrucción, donde permanecer implicó llegar a un acuerdo entre mis respiraciones y mi sobrevivencia. Escribí como una nueva forma de respirar, otros dirán de simbolizar y cada vez que inicio un poema aprendo una nueva forma de hablar; es en tales conjuntos desplazantes en el pensamiento donde se fija algún nuevo sentido.

El origen de mi producción literaria resurge en alguna búsqueda de nuevos movimientos. Bajo estas instancias resumí en mi poemario “Curas Insurrectas” (2018, Gato Malo Editores) un modelo de diario de viajes en el que quise trazar alguna ruta en un mapa de viajera que busca desprogramar mucho de rutas antiguas: el miedo a la duda, el terror por el camino que se autorrepite y la muerte que disminuye su círculo mientras más se aclaran percepciones por nuestros contextos. Preparo mi segunda antología poética, esta vez con poesía del 2014 al presente 2021. Acá igualmente la isla se reproduce, tanto en su belleza como en su venganza, una y otra vez.


La isla como lugar de influencias

¿Cuál es su relación literaria con la experiencia de la insularidad y las influencias recibidas de la tradición o las tradiciones culturales de su lugar de origen?

Hay miradas y voces que han alumbrado zonas antes apagadas.  De mi rincón natal destaco a Guelcia González, Manuel Díaz y a Silvio Echevarría. Disfruto de las voces nocturnas de: Julia de Burgos, Angelamaria Dávila, Juan Antonio Corretjer, Clemente Soto, Francisco Matos Paoli, Mara Pastor, Nicole Delgado, la cuentística y poética de los compañeros de la Generación del Atardecer: Daniel Márquez y Miguel Santos; tienen todas diferentes texturas y tonalidades que atraviesan la experiencia de insularidad.

Otros referentes serían varias series que me volaron un largo rato la cabeza: Battlestar Galactica, Kino’s Journey, Ghost in the Shell, Galaxy 999. En mi itinerario creativo se me adhieren las visiones de Leonora Carrington, Remedios Varo, Myrna Báez, Alice Rahon, Gabriela Mistral, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik y Kathy Acker. Musicalmente me lleva el bebop, el blues, la música pesada de Mago de Oz, Hermética, Mario Ian (Rata Blanca), Un Final Fatal, los boleros de Tito Rodríguez y Raphy Leavitt, La Lupe, la música jíbara del sur y centro de Puerto Rico… entre otras variadas mixturas.


La isla como proyecto cultural

¿De qué modo considera el valor de la isla o del archipiélago en su propia cosmovisión literaria? ¿Qué opina acerca de las semejanzas y los parentescos entre su lugar de origen y otros territorios insulares?

En esto nos parecemos a diversas islas, en ser políticamente incorrectas por cuestiones de historicidad. Hallaríamos más de realidad y de deseo en cualquier verso de poeta caribeñx que en pilas amontonadas de muestras de los periódicos más objetivos de amor al progreso. Hay quien necesita volver al pasado porque conoce que las trampas de ese progreso siempre triunfan en engañar. Considero relevante el atraer ciertas perspectivas, en lo real dolorosas. Hay poéticas que reencantan vacíos y los pueblan tan solo con reflejos ocultos del presente, y eso basta. Detallar el hoy muchas veces es la mejor forma de quererse entre el odio y en los terrenos de lo real donde no siempre se cabe. No requiero de la total claridad, hallo en el Caribe poéticas que radican en un claroscuro, en la clave con su reserva. Quizás haya la manera de concebir una clave secreta común de comunicación a través del poema.


La isla como punto de referencia

En su opinión, ¿el paisaje contribuye a la formación de una estética de la insularidad? ¿Qué aspectos considera más relevantes en la mirada hacia la insularidad desde la literatura o el arte?

El sol de estas islas se me hizo signo en sueño, más rojo que amarillo, ha flotado junto a mí entre montañas. Impregnada de sueños lúcidos se bebe una los atardeceres como pociones para vidas futuras. Con la realidad tan en contra siempre, la belleza del monteymar se impone a la bolsa de valores y el saber la tierra en renta bajo tus pies. Creo que en un territorio en estado de colonia no se te quiere pensándolo en versos ni en simulaciones alternas de sus espacios. Es en esa dirección que la insularidad viene a expresarse como valor. Retomo un espacio en que imagino otra temporalidad universal en mí cuando la hago real en el poema, sea en ciudades iluminadas o llenas de musgos; reinos verdes con sus imperios de algas donde sea posible habitar y ser.


La isla como vía a la universalidad

¿Cómo le gustaría definir la identidad insular? ¿En qué medida las diversas formas de la movilidad humana, como las migraciones o el turismo, influyen sobre la creación literaria en las islas? Desde su perspectiva, ¿qué lugar ocupan las nociones de cosmopolitismo y universalidad en la cultura insular de cara al futuro?

Con la poesía, las diversas insularidades toman potencia infinita. Compartimos ese mar siempre evocador de peligros que nos separan en nuestras particularidades de islas sin retorno. Muchos somos islas combatientes de la mentira y el vejamen donde todo se oculta: suministros de emergencias, muertos, vacunas y propósitos en los proyectos económicos contra la vida. Es fácil imaginar cerquita un futuro que nos mira a millón de años luz, cuando tantos siglos se resumen en uno en el silencio, a la luz del día que difícilmente logra desintegrar una que otra noche.  En el movimiento constante de seres y en su navegar desde la nostalgia en estas islas asediadas, nos define el tránsito perpetuo, aun sin movernos de nuestras localizaciones, siendo seres de islas que respiran hacia el infinito con cierto germen del siempre proyecto inconcluso de liberación conjunta que va tardándose siglos. Si hay una identidad insular que sea la de viajeros escapistas con raíces tan largas que abarcan el Atlántico y todo el Caribe y más allá.


Nadya Echevarría Quiñones (Puerto Rico, 1984) Autora del poemario «Curas Insurrectas» (2018, Gato Malo Editores). Su trabajo poético se puede acceder en plataformas de difusión literaria en la red, tales como: Letras Salvajes, LP5 Editora, Low-fi ardentía, Clara Beter Ediciones, Revista Monolito, Otro Páramo y el Portal Chocarrer@s.

Un comentario

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